martes, 20 de enero de 2015

The comfort of strangers, de Paul Schrader





The comfort of strangers
de Paul Schrader

Jesús Guerra

La cinta The comfort of strangers (EUA, Italia, Inglaterra, 1990) es una adaptación de la novela homónima del narrador y guionista inglés Ian McEwan, publicada en 1981. En español la novela, publicada por la Editorial Anagrama con traducción de Benito Gómez Ibáñez, lleva por título El placer del viajero, pero la verdad no sé cuál es el título con el que esta película fue exhibida en México. Durante los años 90 del siglo pasado la cinta fue exhibida por alguno de los canales de cine por cable con el título original en inglés. En España, sin embargo, se llama El placer de los extraños, y en Perú Un juego veneciano (esto quizá porque los exhibidores iberoamericanos no se preocupan por revisar si la obra está basada en una novela, si existe traducción a nuestra lengua y en tal caso cuál es el título de la novela en español; o quizá no leen; o tal vez no les importa). Curiosamente, en Francia (país en el que normalmente sí se preocupan de esos detalles), la película se llama Étrange séduction, a pesar de que la novela en ese país lleva el título Un bonheure de rencontre.




La película fue dirigida por Paul Schrader (realizador de Hardcore, 1979; American Gigolo, 1980; Cat People, 1982; Mishima: a Life in Four Chapters, 1985; Patty Hearst, 1988; Affliction, 1997, y Dominion: Prequel to The Exorcist, 2005, entre otras; y guionista de Taxi Driver, 1976; Raging Bull, 1980; The Last Temptation of Christ, 1988, y Bringing Out the Dead, 1999, entre muchas otras) y escrita por Harold Pinter (dramaturgo y guionista; ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005; guionista de The Go-Between, 1971; The French Lieutenant’s Woman, 1981, y The Handmaid’s Tale, 1990, por apuntar sólo tres ejemplos de sus muchísimas obras para el cine), y cuenta con las actuaciones de Christopher Walken (Robert), Rupert Everett (Colin), Natasha Richardson (Mary) y Helen Mirren (Caroline), en los papeles principales.

El filme es sumamente fiel a la novela, cuyo argumento es muy sencillo, aunque la psicología de sus personajes es muy compleja y sus acciones tienen repercusiones muy profundas. Colin y Mary son una pareja inglesa que está de vacaciones en Venecia (en la novela nunca se menciona el nombre de la ciudad, aunque los lectores la reconocemos; en la cinta no hay dudas, no sólo la vemos sino que los personajes la mencionan varias veces). Han ido a la ciudad a resolver qué hacer con ellos mismos como pareja, pues luego de varios años juntos (aunque no viven juntos, según dicen) han perdido la pasión.




Aunque en la novela son un par de turistas terribles (en el sentido de que no parecen tener el mínimo interés real por la ciudad visitada), en la película se comportan de manera más normal: visitan iglesias y museos, se toman fotos y se hacen retratar por otros turistas. Sin embargo, tienden a perder y a olvidar los mapas que tienen de la ciudad y se pierden constantemente en sus laberínticos callejones. En donde más tiempo pasan es en distintos restaurantes, a donde salen sobre todo a cenar, pero una noche que salen del hotel muy tarde ya está todo cerrado, y encuentran a un hombre, trajeado, amable, que se presenta como Robert, el cual los invita a un bar en donde podrán cenar y beber algo, pero al llegar resulta que no hay comida porque se enfermó la cocinera (o eso dice Robert que es quien va por las bebidas a la barra), y sólo beben y conversan. En realidad quien habla es Robert, y para explicarles cómo conoció a su esposa, una canadiense llamada Caroline, tiene que remontarse hasta su infancia y a su extraña educación familiar. La historia es extraña, terrible pero de alguna manera divertida y también siniestra por la manera en que la cuenta el italiano.

Al día siguiente, Robert invita a los ingleses a cenar a su casa, luego de un par de escenas extrañas que no narraré, y ahí suceden otras rarezas… que tampoco narraré. La pareja de Robert y Caroline, aparentemente encantadora, es en el fondo siniestra y repulsiva, pero al parecer Colin y Mary no son capaces de reconocerlo pues, en el fondo, son también atrayentes para ellos… y para nosotros.




La película no es precisamente un clásico, pero bien vale la pena su búsqueda, para verla por primera vez, o reverla, como en mi caso, después de un cuarto de siglo. Es interesante, está bien hecha, la historia es retorcida, la fotografía es bastante buena, Venecia es preciosa, la música de Badalamenti es bella, las actuaciones de Everett y la desaparecida Natasha Richardson son adecuadas (el personaje de Everett es un tanto irritante, pero así es el personaje en la novela también) y, como siempre, Helen Mirren y Christopher Walken están sensacionales. Además, no siempre se puede ver un trabajo en el que colaboraron cineastas como Harold Pinter y Paul Shrader, basados en una obra literaria de un autor del nivel de McEwan; vamos, ¡el diseñador del vestuario es de Giorgio Armani!

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The Comfort of Strangers (EUA, Italia, Inglaterra, 1990). Dirección: Paul Schrader. Guión: Harold Pinter (basado en la novela homónima de Ian McEwan). Fotografía: Dante Spinotti. Música: Angelo Badalamenti. Diseño de producción: Gianni Quaranta. Vestuario: Giorgio Armani. Con: Christopher Walken, Rupert Everett, Natasha Richardson y Helen Mirren.

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* Puedes leer mi comentario sobre la novela aquí:



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