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martes, 27 de agosto de 2019

Había una vez... en Hollywood, de Quentin Tarantino





Había una vez... en Hollywood
(Once Upon a Time... in Hollywood,
Estados Unidos, Reino Unido, China, 2019)

Jesús Guerra

Quentin Tarantino es uno de los pocos directores de cine que tiene una obra tan reconocible y personal (y también un evidente savoir faire mediático) que ha logrado que no sólo los cinéfilos lo reconozcan y lo mencionen como el personaje central relacionado con una película. La gente (una buena parte de la gente que va al cine) dice «la nueva película de Tarantino» y no «la nueva de Leonardo DiCaprio» o de Brad Pitt, al comentar Había una vez... en Hollywood. Esto lo han logrado realizadores como Alfred Hitchcock, Woody Allen y David Lynch, por ejemplo. En el mundo del Cine de Arte lo han logrado muchos más —proporcionalmente— pero no son conocidos más que por los cinéfilos. Y es que el cine de Tarantino, por comercial que parezca y de hecho lo sea, está a medio camino entre lo comercial y el Cine de Arte, o, si se prefiere, el Cine de Autor, entendido éste de una manera muy pop.




Había una vez en Hollywood, la novena película (así se anuncia en los carteles) de Tarantino, cuenta unos fragmentos de varias historias, ubicadas en el corazón del cine y la televisión comercial estadounidenses, en 1969, un momento de profundos cambios en la industria fílmica de ese país. Por una parte, está la historia de Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), un actor de cine de acción, y ahora de una serie de televisión que acaba de ser cancelada, quien luego de una conversación con su agente, Marvin Schwarz (Al Pacino), comprende que su carrera está en declive (mientras que lo que aumenta es su alcoholismo). Schwarz intenta convencer a Dalton de que se vaya a Italia a filmar varios «Spaghetti Westerns» para relanzar su carrera como actor duro. Junto a Dalton está siempre Cliff Booth (Brad Pitt), un «doble» profesional (los actores que interpretan las acciones peligrosas en lugar de los actores), de hecho, el doble de Dalton, que ahora en realidad trabaja como guardaespaldas, ayudante en general y recientemente también como chofer del actor, pues por manejar borracho le suspendieron su licencia. Además, Booth es quizá el único amigo de Dalton.




Por otra parte, pero geográficamente cercana (pues Sharon Tate y su marido, el cineasta de moda Roman Polanski, son vecinos de Dalton), la cinta muestra, se supone, el ascenso de Sharon Tate (Margot Robbie) como actriz. A Polanski sólo lo vemos de lejos, y cuando lo vemos de cerca es únicamente de espaldas, lo cual es un acierto. Pero de Sharon Tate sólo vemos momentos de su vida cotidiana. Bailando, caminando, manejando. El trabajo de Margot Robbie en esta cinta es, básicamente, lucir preciosa y algo inocentona. La única escena que nos permite vislumbrar algo de la personalidad de Tate es el momento en que ella decide entrar, sola, a un cine a ver una película en la que ella intervino (The Wrecking Crew, Phil Karlson, 1968) junto a la estrella: Dean Martin (como el agente Matt Helm), y entra para ver las reacciones del público, pues se trata de una cinta de acción con elementos de comedia. En una entrevista, Tarantino dijo que ésa era la idea, mostrar a Sharon Tate como persona, pero creo que se quedó corto.




En varias escenas, Cliff Booth se topa en algunas esquinas de Hollywood con una hippie bastante joven, atractiva y al parecer simpática. Ella le pide aventón, pero él siempre va en otra dirección, hasta que un día decide llevarla a donde ella va: el Rancho Spahn. Él sabe perfectamente dónde es pues ahí, tiempo atrás, Dalton filmaba una serie de televisión de vaqueros. Esta es una de las escenas más tensas del filme, cuando Booth dice que quiere saludar al viejo George Spahn (Bruce Dern), y los hippies que viven ahí intentan impedir que busque al dueño del rancho. La escena sirve, sobre todo, para indicarnos que ese grupo de hippies puede ser peligroso. Y vaya si lo es, pues ésta es la comunidad de Charles Manson.




Si Tarantino fuera escritor de narrativa literaria, sería cuentista. Y en cine, su fuerte son las escenas. Dirige cada escena como si fuera un cortometraje. Cada escena importante tiene su inicio, desarrollo, clímax y final. Y eso está muy bien, sólo que al juntar todas las escenas para que formen un largometraje, le falla el ritmo general. Porque cada escena está hecha por y para sí misma, al parecer sin pensar mucho en que debe de dar paso a otra escena posterior. Algunas de las escenas de esta película son incluso innecesarias, pero gozosas —como ejemplo, la divertidísima pelea entre Cliff Booth y Bruce Lee (Mike Moh)—. El realizador es tan perfeccionista y obsesivo con los detalles, que cada escena se alarga más de lo necesario. Y al juntarlas producen largometrajes demasiado extensos, cuya extensión se nota más debido a las fallas de ritmo. Y esas características son muy evidentes en su novena película, que más que una historia parece una serie de viñetas más o menos conectadas unas con otras.




Entre otras deficiencias narrativas está el uso de un narrador que interviene muy poco. Algo al inicio, luego desaparece durante casi toda la película, e interviene algo más al final. Es muy inconsistente. Desde una perspectiva cinematográfica tradicional esto es un error. Para los puristas la narración con voz-en-off (o voice over) es un defecto porque es un recurso más bien literario. A mí no me molesta que haya un narrador, pero sí creo que debe ser consistente. Aquí, ¿quién narra?, ¿por qué sólo en ciertos pasajes?




Pero si Había una vez... tiene problemas de narración, visualmente es una cinta extraordinaria. Todo lo relacionado con ambientación (locaciones, sets, decorados, anuncios luminosos, vestuario, peinados, maquillaje, música) es sorprendente. Hasta la textura cinematográfica de las escenas filmadas de obras ficticias que están dentro de la película corresponden a la de las películas de la época, y es que esta obra no está grabada con cámaras digitales, sino que está filmada, en película, e incluso algunos de los movimientos de cámara imitan los que se utilizaban a fines de los años 60. Todo está hecho para que los espectadores veamos, escuchemos y, de alguna manera, sintamos lo que era Hollywood (en general todo Los Ángeles) en 1969. Una buena parte de sus escenas son para que experimentemos ese lugar en esos momentos. La nostalgia, no hay duda, juega un papel importante en esta cinta. Y para quienes no vivimos Los Ángeles a fines de los 60, la nostalgia histórica y el descubrimiento de los antiguo-nuevo. Es una película histórica ubicada en una época no tan lejana... es entonces, quizá, una película retro. Por supuesto, el cine mismo y la industria de la televisión juegan un papel importante.




No me parece, en términos generales, una película para todos los gustos. Hay que entender que Tarantino antes que director es un cinéfilo, una verdadera enciclopedia fílmica, que llena sus películas con citas y homenajes cinematográficos de lo más variados, algunos de los cuales nos pasan en blanco a muchos espectadores. Y esto es lo que convierte las obras de Tarantino en algo así como doblemente cinematográficas.




Termino: todo lo que está relacionado con la ambientación es maravilloso; cada una de las escenas, como unidad, están muy bien dirigidas (y están estupendamente interpretadas por todos los actores), pero la narración tiene sus fallas, y el argumento (bastante corto para una película de 161 minutos) no es particularmente interesante... Hay que recordar que los espectadores vemos películas para presenciar historias, y que todo lo que interviene en una película debe estar al servicio del guion. Así que me parece una hermosa película fallida, sin embargo, como es de Tarantino, hay que verla.

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Había una vez... en Hollywood (Once Upon a Time... in Hollywood)
Dirección: Quentin Tarantino
Guion: Quentin Tarantino
Fotografía: Robert Richardson
Edición: Fred Raskin
Diseño de producción: Barbara Ling
Dirección de arte: John Dexter, Jann K. Engel, Helena Holmes
Vestuario: Arianne Phillips
Con: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Julia Butters, Al Pacino, entre muchos otros.
Género: Drama / Comedia
País: Estados Unidos, Reino Unidos, China
Idioma: Inglés
Año: 2019
Duración: 161 minutos




lunes, 22 de agosto de 2016

Cazafantasmas, de Paul Feig





Cazafantasmas
(Ghostbusters, EEUU, 2016)
de Paul Feig

Jesús Guerra

Hace años que no veo la película original. Recuerdo que era caótica pero divertida. Recuerdo también que el concepto de fantasmas que manejaba esa obra, y su continuación, me pareció absurdo y detestable. Pero la cinta, en términos generales, era divertida. Además, contaba con el talento y el carisma de Dan Akroyd y de Bill Murray, y la ayuda de Harold Ramis, Rick Moranis, Annie Potts, Ernie Hudson y la imponente presencia de Sigourney Weaver. Algo significativo es que era una película de su tiempo. Ghostbusters era una simpática tontería ochentera.




Más de tres décadas después, el remake de Ghostbusters es anacrónico y completamente inútil. Tiene momentos divertidos, incluso muy divertidos, pero esporádicos, en el primer tercio de la cinta, es decir en el primer acto, durante la presentación de los personajes y del conflicto central. El hecho, eso sí, de que en este remake se haya invertido el género de los protagonistas es por lo menos interesante, y quizá importante (lo que quedó demostrado por una retrógrada polémica por parte de los fans «puristas» de la versión original en los Estados Unidos). Una vez hechas las presentaciones, la película comienza su no muy lento descenso. Hasta los fantasmas del primer acto son más interesantes, tanto conceptual como estéticamente, que los aparecidos en el resto del film.




Lo mejor de la nueva versión es, sin duda, la interpretación de las actrices que encarnan a los cuatro personajes principales: Kristen Wiig, Melissa McCarthy, Kate McKinnon y Leslie Jones. El personaje de Kevin, el secretario sexy-pero-tonto —la versión masculina de las bimbos— de la oficina de las cazafantasmas, es interesante, pero la interpretación del australiano Chris Hemsworth (Thor, The Avengers, Snow White and the Huntsman) es acartonada. Puede ser un problema de dirección, pues las cuatro actrices principales nunca se sueltan del todo tampoco. (Hay que reconocer que el diálogo en el que Chris Hemsworth habla sobre Mike Cat es muy simpático.)




Hay remakes en los que es importante que sean fieles a la versión original, hay otros en que es importante una adaptación más profunda. Cazafantasmas cambió algunos puntos, como el género de los protagonistas, pero debió cambiar más, comenzando por el concepto de fantasmas, que no sólo es caricaturesco sino confuso: ¿son fantasmas, demonios, o entidades malignas pero ridículas y con superpoderes?




Como la mayor parte del público se sale del cine cuando comienzan los créditos finales, se pierden lo que en este caso particular quizá sean los mejores momentos de la cinta. Los créditos están llenos de recortes de escenas filmadas que no están en la película. Hay, por ejemplo, una escena en la parte final de la cinta, precréditos finales, en la que Kevin (lo voy a decir pues no es ésta precisamente una película de misterio ni tampoco «nueva»), poseído por el fantasma del villano, está de pie en una especie de marquesina de un edificio, y con su poder (¿qué poder es éste de los fantasmas?) mantiene hipnotizadas y paralizadas a las fuerzas del orden (policía, FBI, etc.) que han llegado hasta ahí para detenerlo, y los deja detenidos, como congelados, en una pose risible. Y uno espera que los ponga a bailar. Pero, lamentablemente, eso no sucede. Sin embargo, en los recortes de los créditos finales sí bailan (¿por qué no entró esa escena en la edición final?), y vemos además a un Chris Hemsworth bastante más natural. 




Otro dato interesante: durante la película hay apariciones fugaces de actores invitados que tuvieron los papeles principales de la primera versión (los llamados cameos), de Bill Murray (como un anti-cazafantasmas), de Dan Aykroyd (como un taxista que sabe cómo están las cosas, pero no le interesan), de Ernie Hudson (el tío del personaje interpretado por Leslie Jones) y de Annie Potts (como recepcionista). Harold Ramis no salió por la sencilla razón de que murió en 2014 (¿por qué no sacarlo como fantasma?). Y Sigourney Weaver sí sale, pero en los recortes de los créditos finales. Por su parte, Ivan Reitman, el realizador de la primera versión, está acreditado como productor. Y Dan Aykroyd, junto al director del remake y otros más, están acreditados como productores ejecutivos.




Si creen que esta apreciación del nuevo film es sólo cosa mía, me remito a las estadísticas. En el sitio IMDb, esta nueva versión de los Cazafantasmas tiene una calificación de 5.5 / 10 (esta es la calificación promedio de más de 70 mil usuarios del sitio), mientras que la película original, de 1984, tiene una calificación de 7.8 / 10. Por parte de los críticos de cine, sólo los agrupados por el sitio Metascore, la original tiene una calificación promedio de 67 / 100, en tanto que la de la nueva versión es de 60 / 100. Y ahora hablemos de los costos (aunque teniendo en cuenta la inflación y otros factores, los datos no son tan claros): la película de 1984 costó 30 millones de dólares y en su primer fin de semana recabó 13.6 millones. La de 2016 costó 144 millones de dólares, y en su primer fin de semana recabó 46 millones.




El realizador, Paul Feig (nacido en 1962 en Michigan), ha dirigido capítulos de series de televisión, como Freaks and Geeks, Arrested Development, 30 Rock, Mad Men, Weeds, Bored to Death, Nurse Jackie y The Office, entre otras; y en cine es conocido sobre todo por tres cintas anteriores a Cazafantasmas: Bridesmaids (2011, en la que trabaja Kristen Wiig), The Heat (2013, en la que trabaja Melissa McCarthy) y Spy (2015, también con McCarthy). Está claro que sus cintas no son comedias refinadas ni particularmente inteligentes, pero en términos de humor normalmente funcionan para un gusto promedio. Cazafantasmas, aunque como ya comenté tiene buenos momentos, tiende a diluirse, quizá por ser demasiado fiel al film original en ciertos momentos, o por el tamaño enorme de esta producción y el uso a toda hora de efectos especiales... En resumen: La primera película fue original, es boba pero divertida y fue, sin lugar a dudas, un producto de su tiempo. La versión de 2016 no es original, sigue siendo boba pero no es tan divertida, y se siente definitivamente anacrónica y desfasada. Sin embargo, por supuesto, se puede ver. Lo mejor que puede pasar es que les entretenga más que a mí. Lo peor, que se queden dormidos.

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Cazafantasmas (Ghostbusters)
Dirección: Paul Feig
Guión: Katie Dippold y Paul Feig, basado en la película de 1984, dirigida por Ivan Reitman, y escrita por Dan Aykroyd y Harold Ramis
Fotografía: Robert Yeoman
Edición: Brett White, Melissa Bretherton
Diseño de producción: Jefferson Sage
Vestuario: Jeffrey Kurland
Música: Theodore Shapiro
Con: Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon, Leslie Jones, Chris Hemsworth, Charles Dance, Michael Kenneth Williams, Matt Walsh, Neil Casey, Cecily Strong, Karan Soni, Zach Woods, Ed Begley Jr., y Michael McDonald, entre otros.
País: EEUU
Año: 2016
Duración: 116 minutos



martes, 22 de marzo de 2016

Un hombre irracional, de Woody Allen





Un hombre irracional
(Irrational Man, EEUU, 2015)
de Woody Allen

Jesús Guerra

Abe (Joaquin Phoenix), nuevo profesor de Filosofía, llega a una universidad del este de los Estados Unidos. Tiene fama de mujeriego, problemático y alcohólico, y al parecer todo es cierto. Tan pronto llega, dos mujeres se interesan por él: Rita (Parker Posey), la esposa de otro profesor del campus, aburrida de la vida que lleva en ese pueblo tranquilo y de su matrimonio, y Jill (Emma Stone), una de las alumnas de Abe, aburrida también de la muy convencional relación con su muy convencional novio (Jamie Blackley). Para ambas mujeres, Abe es nuevo y excitante. La relación con Jill se mantiene como una buena amistad maestro-alumna, y aunque Rita se convierte en amante de Abe, la relación no es particularmente intensa ni frecuente.




Lo que sucede es que Abe está deprimido. De joven creyó que podría hacer algo para cambiar al mundo, pero está en la edad en la que se ha dado cuenta que no hay nada que pueda hacer para lograrlo, y la filosofía no le ha ayudado a encontrar el sentido de la vida, ni siquiera el de la suya. No puede (o simplemente no tiene el ánimo de) escribir el libro en el que ha estado trabajando desde hace tiempo. Está aburrido y desencantado. Hasta que una tarde, en un café con Jill, escucha una conversación de las personas que están en la mesa vecina. Y esa conversación lo inspira para actuar y, por lo tanto, cambiar su vida. Repentinamente está lleno de energía y ve el mundo con otros ojos. Y en efecto, su vida cambia.




A mí me parece que Woody Allen es un genio, pero por algún motivo no siempre puede expresar su genialidad en las películas que escribe y realiza. En muchos casos entrevemos lo genial como si estuviera detrás de la película que vemos, podemos percibir la idea genial tras los velos de la obra real. Quizá sea así porque Allen tiene un estilo muy definido, en el cual, los espectadores que gustamos de sus obras, nos sentimos cómodos. No es un autor para todos los gustos. De hecho, la obra de Woody Allen es mucho mejor apreciada en Europa que en su propio país.




Hubo una época en que él mismo era el mejor intérprete de sus personajes centrales masculinos. Quizá porque estos son un alter ego del guionista-director. Esas películas son las mejores de su filmografía. A partir de un cierto momento, cuando ya fue muy grande para interpretar a su alter ego, los actores contratados han tenido que imitar al Woody Allen actor o bien encontrar una manera diferente de encarnar a estos personajes y que sigan funcionando de manera adecuada. Quizá el propio Allen haya tenido que aprender a escribir estos papeles alejándolos un poco de ese modelo anterior. Aquí, Joaquin Phoenix interpreta de una manera muy personal a un antihéroe alleniano, y funciona bien porque incluso así reconocemos al alter ego de Allen, ese personaje que salta de una película a otra, aunque hay que reconocer que hay filmes en los que no está presente.




La filmografía de Woody Allen puede dividirse, de manera muy general, en tres etapas: las películas de aprendizaje (muy locas y muy divertidas, que van de What's Up, Tiger Lily? [1968] a Sleeper [1973]), las grandes obras (en donde está todo su genio tanto en la escritura como en la dirección y en la actuación, y en donde hay algunas obras que son verdaderas obras maestras, que va de Love and Death [1975] hasta Husbands and Wives [1992], y luego una larga tercera etapa entre experimental y contenida, con marcados altibajos, algunas obras buenas y otras claramente fallidas. En esta etapa hay varios períodos, uno de ellos es el período europeo de Woody Allen (esta tercera etapa va desde Manhattan Murder Mystery [1993] hasta la más reciente, que ahora comentamos), pero casi todas las cintas de este período son lo que se conoce como «obras menores».




Un hombre irracional (que ha llegado a México con un retraso enorme: se estrenó aquí el 18 de marzo pasado, pero fuera de Serbia, Chile y México, en todas partes se estrenó en 2015, luego de su estreno en Cannes en mayo de 2015), es una obra de tesis, muy esquemática. Correctamente realizada, por supuesto, pero esquemática. Reducida al mínimo necesario de todo. Es clara, inteligente, simpática, pero eso es todo. Es complicado incluso colocarla en un género. Se supone que es una comedia dramática con elementos de misterio. Pero no es suficientemente cómica para ser una comedia, ni suficientemente dramática para ser un drama, ni suficientemente misteriosa para ser un thriller. Es como un cuento muy correcto creado para ejemplificar un aspecto de un alegato filosófico, aunque sin inspiración y sin adornos. La música, como siempre en el caso de Woody Allen, es estupenda… Y si bien al salir del cine uno se siente nostálgico de los tiempos de Zelig o de The Purple Rose of Cairo, también salimos agradecidos de que aún podemos ver una cinta de Woody Allen. Dentro de pronto, me temo, eso ya no será posible y va a ser muy triste, como triste es que ya no podemos ver nuevas películas de Federico Fellini o de Alfred Hitchcock.




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Un hombre irracional (Irrational Man)
Dirección: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Fotografía: Darius Khondji
Edición: Alisa Lepselter
Dirección de arte: Carl Sprague
Con: Joaquin Phoenix, Emma Stone y Parker Posey, entre otros
Género: Drama / Misterio / Comedia
País: EEUU
Año: 2015

Duración: 95 minutos


martes, 15 de marzo de 2016

Hechizo del tiempo, de Harold Ramis




Hechizo del tiempo
(Groundhog Day, EEUU, 1993)
de Harold Ramis

Jesús Guerra

El nombre Hechizo del tiempo no dice gran cosa, a primera vista. Sin embargo, el nombre en castellano es apropiado, aunque tal vez no sea excelente ni memorable. El título en inglés es bastante más prosaico, pero muy característicamente norteamericano, incluso de su literatura (y me refiero al tipo de título, no a este título en particular). Se llama Groundhog Day (‘El día de la marmota’). ¿Memorable? Memorizable, tal vez. En cambio, la película sí que es memorable.




No se trata, por supuesto, de una obra maestra. Conserva su carácter ligero, pero es una buenísima película, gracias a que está bien realizada en todos los niveles, claro, pero básicamente gracias a su argumento, que es verdaderamente sen-sa-cio-nal:
Phil Connors (interpretado brillantemente por Bill Murray, muy a lo Bill Murray) es el locutor de las noticias meteorológicas de un canal de TV. Está convencido de ser un hombre talentoso, y si bien en pantalla es gracioso, en su vida privada es insoportable porque es absolutamente neurótico y simplemente no resiste a la gente. Phil es enviado ese 2 de febrero a un pueblecito de nombre impronunciable (y lo que es peor, inescribible, algo así como “Punswatawaney”), a la celebración conocida como —precisamente— “El Día de la Marmota”, un rito local en el cual todo el pueblo observa a una marmota salir de un árbol y el alcalde “habla con ella en lenguaje de marmota”. Si al salir del árbol el animalito no ve su sombra, entonces habrá seis semanas más de invierno. Para las pulgas de Phil, todo el acontecimiento es una babosada, pero tiene que realizar el reportaje. La productora que lo acompaña ese año, Rita (Andie MacDowell), no sólo es nueva, sino que es inocentona y, para colmo, optimista. El camarógrafo se la pasa diciéndole a Rita, para justificar a Phil, que éste es una diva.




A las seis de la mañana del día de la celebración, Phil se levanta, desayuna, sale al pueblo y se topa con un conocido a quien detesta, lo evade, llega al lugar de la grabación del reportaje, lo realiza de mala gana, comen y se disponen a regresar a Chicago, pero una tormenta de nieve (que Phil había dicho en TV que se desviaría) hace que la policía del poblado cierre las carreteras. Ni modo, un día más en el lugar impronunciable.




Pero en la mañana siguiente comienza el hecho extraordinario, el “hechizo del tiempo”. Phil nota que todo se está repitiendo exactamente igual que el día anterior. Él puede cambiar, hacer otras cosas, decir otras cosas, pero todo lo que él no controla, como el comportamiento de los demás, se repite. Incluso la celebración. Y es que es, otra vez, el 2 de febrero. Y día tras día es el mismo día. Phil pasa por varias fases. Primero se desespera al grado de intentar suicidarse, y de hecho lo hace, varias veces y todas con éxito, pero al día siguiente vuelve a despertar en su cama, a las 6 a.m., con la misma canción y los mismos comentarios de los locutores de la radio pueblerina.




Luego, decide hacer una cosa maravillosa: se pone a construir, lenta y pacientemente (aunque para el espectador es muy rápido) un día perfecto. Primero, de manera egoísta, construye un día perfecto para él. Luego intenta enamorar a Rita, día tras día con el repetirse de las situaciones: descubre los gustos de la mujer hasta llegar al momento de entablar diálogos perfectos. Después, como ya conoce todos los pequeños accidentes que se suscitan en el pueblo, llega al lugar con lo necesario para solucionarlos. Toma lecciones de piano, lecciones sucesivas para él que son siempre “la primera lección” que la maestra le da. Conoce las vidas de una serie de personajes del pueblo. Poco a poco deja atrás su egoísmo y se pone a ayudar a todo el mundo, gracias a que sabe de antemano qué les sucederá. Es decir: se perfecciona.




Esta comedia, inscrita en el género de lo fantástico, es una metáfora de la monotonía de la vida del común de las personas y es una enseñanza de cómo pueden utilizar el conocimiento relativamente seguro de lo que sucederá para mejorar sus vidas y mejorar las de los demás. Es una metáfora, también, de la cárcel que el tiempo es para el ser humano. Es una investigación sobre la espontaneidad y su contrario. Un análisis de la rutina y de las sorpresas. ¿Fue todo un sueño —un largo y minucioso sueño— o fue, como en Dimensión Desconocida, un hundimiento en la famosa Twilight Zone que sirve para hacer reflexionar a quienes traspasan su umbral? Es todo eso. Es, ante todo, una fantasía, una deliciosa fantasía, definitivamente memorable.




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* Las reseñas de la sección Cine de Hoy (2001-2010), y muchas de Cine de Ayer (1971-2000), salvo aclaración, fueron escritas en las fechas del estreno en México de esas obras, en salas de cine o en video, y son publicadas aquí (más o menos) como fueron publicadas en su momento en medios impresos de Coahuila.

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Actualización:
Hechizo del tiempo es hoy, sin duda, una obra clásica de fines del siglo XX.  Después de Groundhog Day, Bill Murray, quien ya para entonces había participado en más de 20 cintas, ha filmado más de 30 películas más, a lo que hay que agregar algunos cortometrajes, series de TV, programas de TV, y además ha sido la voz de diversos personajes animados en películas y en videojuegos.

Por su parte, el actor, guionista, productor y director Harold Ramis, quien realizó 12 largometrajes (Hechizo del tiempo fue el cuarto), dirigió después Stuart Saves His Family (1995), Multiplicity (1996), Analyze This (1999), Bedazzled (2000), Analyze That (2002), The Ice Harvest (2005), Atlanta (para TV, 2007), y Year One (2009), además de varios capítulos de la serie de TV The Office. Harold Ramis, quien nació en 1944, murió en 2014, a los 69 años de edad.




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Hechizo del tiempo (Groundhog Day)
Dirección: Harold Ramis
Guión: Danny Rubin y Harold Ramis
Fotografía: John Bailey
Edición: Pembroke J. Herring
Dirección de arte: Peter Landsdown Smith
Con: Bill Murray, Andie MacDowell, Chris Elliot, Stephen Tobolowsky, Brian Doyle-Murray y Marita Geraghty, entre otros.
Género: Comedia, Drama, Fantasía.
País: EEUU
Año: 1993
Duración: 101 minutos