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sábado, 6 de enero de 2018

Regreso a Ítaca [película], de Laurent Cantet






Regreso a Ítaca
[película]
(Retour à Ithaque, Francia, Bélgica, 2014)
de Laurent Cantet

Jesús Guerra

Esta cinta nos muestra una reunión, en la azotea de un edificio de La Habana —los cincuentones en realidad ya no hacen fiestas, aunque quieran—, de cinco amigos (cuatro hombres y una mujer), para celebrar el regreso de uno de ellos que ha vivido 16 años en España y, la sorpresa para algunos de ellos, ha vuelto para quedarse. Los amigos son Amadeo (el Ulises de este regreso, escritor bloqueado y exiliado nostálgico, interpretado por Néstor Jiménez), Aldo (ingeniero que vive en realidad de arreglar baterías de carro en un taller clandestino, encarnado por Pedro Julio Díaz Ferran), Tania (odontóloga que sobrevive con su salario y los regalos de los pacientes agradecidos, interpretada por Isabel Santos), Rafa (pintor frustrado y alcohólico en recuperación, interpretado por Fernando Hechavarria) y Eddy (desertor de la literatura y funcionario gubernamental —dirigentico, dicen sus amigos—, encarnado por el actor más conocido del elenco, por lo menos fuera de Cuba: Jorge Perugorría, quien dos años después interpretó el papel del detective Mario Conde en la miniserie Cuatro Estaciones en La Habana, escrita y basada en novelas de Leonardo Padura, y dirigida por el español Félix Viscarret).




Comienza a atardecer. Se encuentran los amigos —menos Eddy, que llega más tarde— en la azotea del edificio en donde vive Aldo, frente al mar. Abajo, el Malecón. Comienzan escuchando música y bebiendo ron, bailando canciones de los años 60 y 70, y platican. Como todas las reuniones de amigos que lo han sido desde la preparatoria, es obvio que ellos siempre platican de lo mismo, las mismas anécdotas de cuando eran jóvenes, los mismos recuerdos compartidos, con pequeñas variaciones y agregados. Se divierten, y los espectadores también. Pero además de la alegría de reencontrar al amigo que no ven desde hace tres lustros, y la de reencontrar —los que han vivido siempre en La Habana— a los amigos más cercanos, para hablar en confianza y tomarse unos tragos, hay también una especie de resentimiento contra Amadeo de algunos de los que se quedaron, y hay algo más, problemas no resueltos entre los que permanecieron en el país. 




Y así, a través de conversaciones entre todos, o de diálogos discretos entre dos o tres de ellos, y de discusiones (porque Amadeo no regresó ni siquiera cuando su esposa, que se había quedado en La Habana, se estaba muriendo; porque Eddy abandonó la escritura para convertirse en un funcionario corrupto; porque Tania se ha convertido en una amargada; porque Rafa traicionó sus ideales artísticos para convertirse en un pintor de segunda que vende obras decorativas), vamos entendiendo los espectadores —y también los personajes— no sólo los motivos por los que Amadeo se fue a España y se quedó allá y por qué no regresó antes, sino también la historia y algunos secretos de cada uno de ellos y, en su conjunto, la historia de una generación de cubanos —la generación a la que pertenece el autor, Leonardo Padura—, y su relación cada vez más amarga con el país al que pertenecen y al que quieren.




Todo transcurre en esa azotea, con excepción del momento en que bajan a cenar al departamentito de Aldo (esto en la película, porque en el guion cenan ahí mismo en la azotea) a lo largo de esa reunión que va del atardecer al amanecer habaneros. Tanto los personajes como la cámara por momentos se asoman al mar, al malecón y a los edificios vecinos. Una pareja se pelea a gritos en el edificio de al lado. Se escucha el escándalo de la gente, a muchas manzanas de distancia, en el estadio de beisbol. En la azotea vecina, un poco más baja que la del edificio en el que están los amigos, unos vecinos matan a un puerco para la cena.




El argumento y los diálogos son tan buenos, están tan bien escritos y tan bien actuados que uno no puede desprender los ojos de la pantalla, a pesar de que todo sucede en una misma locación, y de que la acción se reduce básicamente a hablar. Esto implica que para ciertos espectadores, quizá los más jóvenes, amantes sólo de las películas de acción y de las adaptaciones de cómics y, sobre todo, ignorantes de la situación de Cuba y de su gente, esta cinta debe resultar no sólo lenta y aburrida sino incomprensible (es decir triplemente aburrida), pero para los espectadores medianamente maduros (maduros como espectadores) esta obra es emocionante, a ratos cómica, por momentos muy dramática e intensa, siempre dispuesta para que le colguemos nuestra empatía. Hay que repetirlo: las actuaciones son muy naturales y muy intensas, el guión es espléndido, y la dirección muy acertada. Pero aquí hay que subrayar el hecho de que la producción es franco-belga y el director es francés. El guión, la historia y los actores son cubanos, y está hablada en español (es decir, en cubano). Es una película cubana de un director francés, filmada en La Habana, y eso es una hazaña impresionante. Una película estupenda y entrañable.




Esta obra, de un presupuesto bastante bajo pero evidentemente muy bien aprovechado, se filmó en sólo 17 días. En el Festival de Biarritz de Cine Latinoamericano se ganó el premio a Mejor Película. Y en el Festival de Cine de Venecia se ganó el premio Días de Venecia.

La película se puede ver en YouTube.

También en YouTube hay dos entrevistas muy interesantes relacionadas con esta película:
Una con el director, Laurent Cantet: https://www.youtube.com/watch?v=Iqf1fggdPuU
Y otra con el guionista, Leonardo Padura: https://www.youtube.com/watch?v=aCu9A4iMSzc




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Regreso a Ítaca (Retour à Ithaque)
Dirección: Laurent Cantet
Guión: Leonardo Padura y Laurent Cantet, con la colaboración de Lucía López Coll. Inspirado en episodios de La novela de mi vida, de Leonardo Padura.
Fotografía: Diego Dussuel
Edición: Robin Campillo
Dirección de producción: Onelio Larralde
Música (Supervisión Musical): Martin Caraux
Con: Jorge Perugorría,       Isabel Santos, Néstor Jiménez, Fernando Hechavarria, Pedro Julio Díaz Ferran, Carmen Solar, Rone Luis Reinoso y Andrea Doimeadiós.
Género: Drama
País: Francia y Bélgica
Idioma: Español
Año: 2014
Duración: 92 minutos





sábado, 13 de febrero de 2016

Asterix y Obelix al servicio de su majestad, de Laurent Tirard






Asterix y Obelix al servicio de su majestad
(Astérix et Obélix: au service de sa majesté
Francia, España, Italia, Hungría, 2012)
de Laurent Tirard

Jesús Guerra

A pesar de que las historietas no pasan bien a los dibujos animados ni a las películas con actores, los productores fílmicos del planeta insisten en llevar a la pantalla, con actores, obras que nacieron en el ambiente de la historieta, y los resultados van de pésimos (incluso extrañamente desagradables) a pasables, y, en contadas ocasiones, muy buenos. En el caso de los famosos cómics de Asterix y Obelix (creados por René Goscinny [1926–1977] y Albert Uderzo [nacido en 1927], cómic francés nacido en 1959 en la revista Pilote), ya se han hecho cuatro películas con resultados desiguales: Astérix & Obélix contre César (1999, Claude Zidi), Astérix & Obélix: Mission Cléopâtre (2002, Alain Chabat), Astérix aux jeux olympiques (2008, Frédéric Forestier y Thomas Langmann) y la que ahora comento, Astérix et Obélix: au service de sa majesté (2012, Laurent Tirad). Llama la atención que las cuatro películas hayan sido dirigidas por cinco realizadores diferentes (la tercera acredita a dos directores), que Asterix haya sido intepretado por tres actores diferentes (Christian Clavier en la primera y la segunda; Clovis Cornillac en la tercera, y Edouard Baer en la cuarta; que Baer, quien interpreta a Asterix en la cuarta cinta, en la segunda interpretara a otro personaje, Otis; y que, en cambio, Gérard Depardieu haya interpretado a Obelix en las cuatro películas.




Las calificaciones de los usuarios del sitio IMDb (internacionales, pero en su gran mayoría estadounidenses) para estas cintas son bastante malas: 5.8 / 10; 6.6; 5.1 y 5.3. De éstas yo sólo vi la primera, en sala de cine y tengo recuerdos muy vagos de ella, y recientemente la cuarta, en DVD, la cual me ha parecido simpática. No me reí a carcajadas en ningún momento, pero creo que el tono general es simpático y disfrutable, aunque es evidente que hay momentos fallidos, que debieron ser cómicos pero no funcionan. Es quizá lo más cercano que tienen los franceses (pero aún lejano) al tono del inglés Flying Circus del grupo cómico Monty Python.




Vayamos a la película: Como todos sabemos la Galia está ocupada por los romanos, salvo el pequeño poblado de Asterix, mismo que gracias a la poción mágica que produce fuerza sobrehumana hecha por el mago de la aldea, ha logrado hacerles frente a las legiones del César (Fabrice Luchini). Al inicio de esta cinta vemos al ejército romano dirigiéndose a esa curiosa isla al borde del mundo llamada Britannia con la intención de conquistarla. Por supuesto, logran su objetivo, salvo por un pequeño reino, gobernado por la reina Cordelia (Catherine Deneuve) que ha resisitido pero que está a punto de desfallecer. La reina le pide a uno de sus oficiales, Jolitorax (Guillaume Galienne), que la aconseje, y éste le dice que tendrían que pedirle ayuda a los galos que han resistido también gracias a su poción mágica. La reina está de acuerdo, un poco a fuerza pues eso de pedirle ayuda a los galos... y Jolitorax va a la aldea de Asterix a pedir ayuda. Mientras tanto, Asterix y Obelix tienen una tarea en su aldea, encomendada por su rey, hacer un hombre de uno de los sobrinos del gobernante. El sobrino es Goudurix (Vincent Lacoste), quien acaba de llegar de Lutecia (que luego de muchísimos años se convertirá en París), y es un jovencito que se cree artista sensible y seductor.




A la solicitud de ayuda de Jolitorax para vencer a los romanos, el rey envía con él a Asterix, Obelix y Goudurix (pues es una buena ocasión para su educación viril) con un barril de poción mágica. Y así comienza la aventura, la cual, como debe de ser, nunca marcha como estaba planeado. Sin embargo, los mejores momentos de esta obra no se encuentran en esta aventura sino en los diversos encuentros de los personajes con romanos, inmigrantes sin papeles (en este caso sin papiros), y con los bretones. Y con el enfrentamiento entre los estereotipos, que tanto los galos como los bretones tienen de unos y otros, con la realidad (la cual, aunque suavizada, tiende a confirmar esos estereotipos). Los bretones son rígidos, contenidos (flemáticos se decía antes), demasiado preocupados por las apariencias. «Un caballero nunca corre», dicen los propios bretones, en circunstancias en que tendrían que estarlo haciendo. Y el propio César dice que tienen una extraña costumbre: a las 5 de la tarde dejan de hacer lo que están haciendo, no importa lo que sea, para tomar su bebida preferida: agua caliente. Los galos en cambio son vistos como sucios, malolientes y maleducados, es decir, bárbaros. ¡Y además están los normandos!, unos guerreros que no conocen el miedo. Hay una pequeña escena con ellos que es una maravilla.




He visto un fragmento de esta película doblada al español de España y por supuesto esa versión es horrenda. El DVD que tengo sólo tiene (por fortuna) el audio original (y subtítulos en español). Es interesante (además de que es el audio original, ¡por favor, siempre el audio original!) porque los bretones están interpretados por actores franceses, hablando en francés con acento inglés, y poniendo los adjetivos «al revés» (la poción mágica es 'la mágica poción'), que es una de las críticas de los galos a los bretones: esa manía de hablar al revés... El vestuario de la reina Cordelia es una maravilla porque es como el de la actual reina de Inglaterra, y Fabrice Luchini como el César, aunque en un papel muy pequeño, es muy divertido. Y es que el reparto es estupendo, aunque algunos de los mejores actores intervienen en papeles pequeñísimos, hasta Jean Rochefort aparece.




Vale la pena apuntar que en general los efectos especiales están bien realizados y bien usados, sobre todo para los momentos en que debemos recordar que lo que vemos es, en su origen, un cómic. Se supone que es un film para toda la familia, y en Europa de seguro lo es; en el caso de México, y supongo que de una buena parte de Latinoamérica, creo que habrá que explicarles demasiadas cosas a los niños (y adolescentes) para que entiendan la idea, y de seguro se van a aburrir.




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Asterix y Obelix al servicio de su majestad (Astérix et Obélix: au service de sa majesté).  
Dirección: Laurent Tirard.
Guión: Laurent Tirard, Declan May, Grégoire Vigneron, basado en dos libros de René Goscinny y Albert Uderzo.
Fotografía: Catherine Pujol y Denis Rouden.
Edición: Valérie Deseine.
Diseño de producción: Françoise Dupertuis.
Música: Klaus Badelt.
Con: Gérard Depardieu, Edouard Baer, Guillaume Gallienne, Vincent Lacoste, Valérie Lemercier, Fabrice Luchini, Catherine Deneuve, Charlotte Le Bon, Atmen Kelif y Jean Rochefort, entre otros.
Género: Aventura / Comedia / Familiar / Adaptación de cómic
País: Francia, España, Italia, Hungría.
Año: 2012.
Duración: 110 minutos.



miércoles, 27 de enero de 2016

Indochina, de Régis Wargnier




Indochina
(Indochine, Francia, 1992)
de Régis Wargnier

Jesús Guerra

Esta cinta, ganadora de premios internacionales en varios festivales cinematográficos, y del Óscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera en la ceremonia correspondiente a los filmes del año 1992, está realizada de una manera muy lejana a los cánones fílmicos hollywoodenses, lo cual, para el espectador, siempre es refrescante. ¿No están hartos de las mismas fórmulas, e incluso de las mismas historias?




Sin embargo, y en parte debido a las expectativas que la fama de esta película nos despierta, es, desde mi particular punto de vista, una obra fallida. Sucede que aspira a mucho, apunta muy alto, y, por lo menos a primera vista, no pasa de ser una telenovela de gran presupuesto, filmada, paradójicamente, en un tono frío y contenido. Es decir, un argumento hecho casi premeditadamente para ser melodramático, tratado con distancia y contención. El resultado es francamente extraño. Es como si Claude Chabrol dirigiese Lo que el viento se llevó.




La cinta cubre mucho tiempo (unos 40 años, por lo menos) y con un deficiente sentido del ritmo. A pesar de que es larga y lenta, uno tiene la impresión de que el realizador utilizó demasiadas elipsis para las situaciones verdaderamente importantes y por tanto el desarrollo de algunos procesos que uno quisiera ver no están en pantalla. Y lo que uno no ve, no lo siente, y lo que el espectador no siente, es decir, no comparte, no lo cree o lo toma como simple información. Así, el presupuesto amor hiperapasionado de Catherine Deneuve (Madame Eliane Devries) por Vincent Perez (el marino Jean-Baptiste) simplemente no nos lo creemos, porque se conocieron dos escenas antes. Lo que hubiera sido interesante ver, en el caso de estas gentes de emociones contenidas era, precisamente, cómo sucedió ese enamoramiento apasionado. Pero claro, hay demasiado por narrar aún. Un argumento interesante y complicado en el cual la historia del país en el que se desarrolla la obra tiene gran importancia; sin embargo, aunque es fría, es más o menos comparable a la ya mencionada Gone with the wind o a alguna telenovela mexicana de altos vuelos, en la que el azar se mezcla con tonterías de niñas bobas enamoradas del hombre equivocado, mientras que las tonterías de la madre, producto de las tonterías de su padre, provocan el inicio de la “desgracia”. Finalmente, Indochina no es más que la clásica y sobada historia de la “pobre niña rica” harta de la “prisión” en que se ha convertido su vida debido a su posición, etcétera. (¿No es también la historia de Aladino, tal y cómo nos ha sido contada por los estudios Disney?)




Además, a Indochina le faltan algunos contrapuntos, tal vez. ¿Por qué contarnos la historia de este país a través de los imperialistas? Por mucho que los franceses se sientan culpables y quieran mostrarnos ahora las cosas terribles que hacían, en primer lugar, se quedan cortos, en segundo lo hacen a través de los personajes equivocados, y a través de una historia de amor que si bien está perfectamente en su lugar (pues de lo que se trata es de mostrarnos la irrupción de la realidad que llegan para destrozar a la fantasía), tiene el inconveniente de “parecer” fuera de lugar.




El marco es bellísimo. Los paisajes, la fotografía, los decorados, la música. En verdad, bellísimos… ¿y? Las imágenes bonitas no hacen una película. Al igual que las cintas del realizador soviético Tarkovski, algunas de sus imágenes son tan bellas que podrían permanecer inmóviles. Pero para eso prefiero ponerme a escuchar música en mi casa, mirando postales o libros de fotografías. A mí en lo personal esta película no me dice absolutamente nada.*

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* Las reseñas de la sección Cine de Hoy (2001-2010), y muchas de Cine de Ayer (1971-2000), salvo aclaración, fueron escritas en las fechas del estreno en México de esas obras, en salas de cine o en video, y son publicadas aquí (más o menos) como fueron publicadas en su momento en medios impresos de Coahuila.

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Actualización:
El realizador, Régis Wargnier, nació en 1948, en Metz, Francia. Antes de Indochina, dirigió: La femme de ma vie (1986) y Je suis le seigneur du château (1989); y después: Une femme française (1995); Est - Ouest (1999); Man to Man (2005); Pars vite et reviens tard (Contagio mortal, 2007); La ligne droite (2011) y Le temps des aveux (2014).

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Indochina (Indochine). Dirección: Régis Wargnier. Guión: Erik Orsenna, Louis Gardel, Catherine Cohen y Régis Wargnier. Fotografía: Françoise Catonné. Edición: Agnès Schwab y Geneviève Winding. Diseño de producción: Jacques Bufnoir. Música: Patrick Doyle. Con: Catherine Deneuve, Vincent Perez, Linh Dan Pham, Jean Yanne y Dominic Blanc, entre otros. País: Francia. 1992. 159 minutos.