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sábado, 1 de febrero de 2020

Todos los muertos tienen la misma piel, de Boris Vian






Todos los muertos tienen la misma piel
de Boris Vian

Jesús Guerra

Quienes no hayan leído a Boris Vian no saben lo que se han perdido: es toda una experiencia. Este año es muy bueno para empezar a leerlo, o para leer los libros suyos que tenemos pendientes, o para releer nuestros favoritos pues en 2020 se celebra el centenario de su nacimiento. En Francia, y también en otros países de lengua francesa, como Bélgica y Suiza, se ha preparado una enorme cantidad de eventos para esta celebración: exposiciones, conferencias, publicación de libros, presentaciones de teatro, conciertos de jazz, exposiciones, etcétera. Supongo que con la crisis del coronavirus los eventos de marzo y abril habrán sido pospuestos para fechas posteriores. Revisé el catálogo de eventos de febrero y marzo y la cantidad (y supongo que también la calidad) es extraordinaria.
 
Edición original, con Sullivan
como autor y Vian como
traductor
Como bien saben los lectores de Boris Vian (nacido el 10 de marzo de 1920, en París, y fallecido en la misma ciudad el 23 de junio de 1959, a los 39 años), este artista fue polifacético: escribió novelas, poemas, obras de teatro, guiones de cine y letras de canciones, tradujo novelas policiacas, y también fue trompetista y cantante de jazz, periodista y crítico musical, compuso óperas y dirigió compañías disqueras.

Ya comentaré más de este artista genial en entradas próximas, pero por el momento quiero recomendarles una de sus novelas de la serie de Vernon Sullivan. Antes explico este asunto pues Vernon Sullivan no es un personaje sino el supuesto autor del libro, es decir un heterónimo de Boris Vian.

En 1946, Vian escribió, según se dice, en 15 días, una novela policiaca, ubicada en los Estados Unidos, cuyo tema central es el racismo. La novela se llama Escupiré sobre vuestra tumba (en francés J'irai cracher sur vos tombes). La novela es violenta, salvaje y escabrosa, por decir lo menos. Claro que para nuestros días una obra así es equivalente, más o menos, a una película de Quentin Tarantino, pero hace casi 75 años fue un escándalo, que es lo que Vian quería, y para evitarse problemas, la publicó con el nombre de Vernon Sullivan como autor y el suyo apareció como el traductor, pues según esto Sullivan era un escritor norteamericano, negro, que no había podido publicar la novela en su país debido al tema. Por el escándalo la novela se convirtió en un bestseller en Francia al año siguiente.
 
Edición en inglés
Con el mismo truco, Vian escribió y publicó en 1947 Todos los muertos tienen la misma piel (Les morts ont tous la même peau), y en 1948 otras dos novelas firmadas como Vernon Sullivan: Que se mueran los feos (Et on tuera tous les affreux) y Con las mujeres no hay manera (Elles se rendent pas compte). Pero ese año las autoridades francesas prohibieron la venta de la primera novela, y luego también de la segunda, y no quedaron conformes: llevaron a juicio al editor y al traductor por «ultraje a las buenas costumbres». Ahí ya no hubo manera de seguir con la impostura y Boris Vian tuvo que reconocer que él era el verdadero autor de las obras y que Vernon Sulivan no existía. Tanto él como el editor tuvieron que pagar una multa. Y, además, los críticos literarios se ofendieron por el engaño. (Se dice que el nombre de Vernon Sullivan lo formó a partir de los apellidos de dos jazzistas: del baterista Paul Vernon y del pianista Joseph Michael Sullivan, de nombre artístico Joe Sullivan.)

Edición francesa en Le Livre
de Poche
Leídas a casi 75 años de distancia, las dos primeras novelas nos siguen sorprendiendo, aunque, sabiendo lo que sabemos, y teniendo en cuenta que se han convertido en algo similar a novelas de culto, adquieren un aire paródico. En cambio, las otras dos, sobre todo la cuarta, Con las mujeres no hay manera, eran ya plenamente paródicas desde el principio. (Esta última hubiera podido ser adaptada al cine por el Almodóvar de los años 80, antes de que se volviera pretensioso y melodramático.)

En Todos los muertos tienen la misma piel, la segunda novela de Vernon Sullivan, el primer narrador es el protagonista (porque hay un segundo narrador, el tradicional, omnisciente). Dan es un hombre a todas luces blanco, que trabaja en un bar de Nueva York sacando borrachos problemáticos, el cual está casado con Sheila, obviamente blanca, y tienen un hijo (sí, blanco). Dan está conforme con su trabajo y con su vida matrimonial. Pero un día lo va a buscar a su casa un negro (un afroamericano dicta la corrección política) llamado Richard, que es su hermano, o su medio hermano, al que tenía años de no ver. Pero Richard es un pillo y Dan sabe que le traerá problemas. Además, le recuerda el hecho, que es un trauma para Dan, de que realmente es mulato.
 
Edición francesa en 10/18
Cuando días después llega un hombre al bar y le dice a Dan que va de parte de Richard, su hermano, y le pide dinero en su nombre, Dan sabe que Richard no lo va a dejar en paz, que le puede destruir su vida de blanco, y decide que tendrá que matar a su hermano. A partir de ahí, las cosas se le van complicando a Dan y éste va dejando un rastro de cadáveres.

Ya lo sabemos, el mejor homenaje a un autor es leer su obra, así que en el centenario del nacimiento de Boris Vian, mi recomendación es que lean este libro o cualquiera que consigan de este particularísimo autor.

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Todos los muertos tienen la misma piel. Boris Vian. Edhasa. 169 págs. 

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lunes, 17 de abril de 2017

Una semana de vacaciones, de Christine Angot



Una semana de vacaciones
de Christine Angot

Jesús Guerra

Edición original francesa
Una semana de vacaciones es una novela polémica y dura escrita por Christine Angot, publicada en Francia en 2012, y en español, por Anagrama, en 2014. Una pareja está de vacaciones en un pueblo de Francia en 1975 (el año no se menciona, pero cuando el hombre lee el periódico en una escena en que cenan en un restaurante, el titular anuncia que murió Franco). Sobre todo, el relato está centrado casi exclusivamente en la narración-descripción de diversas relaciones sexuales de esta pareja, así que de entrada parece una novela erótica (muchos dirán que pornográfica), hasta que nos damos cuenta que se trata en realidad de un texto antierótico. Primero, por el lenguaje. Las relaciones son descritas minuciosamente, con objetividad y frialdad. No es un sexo festivo ni pretende provocarle placer al lector. Luego, por las características de los personajes. El hombre ordena, manipula, engaña. La mujer obedece. Hay una relación de control y sumisión. A través de diversas pistas nos enteramos de la diferencia de edad entre el hombre (maduro, culto, maestro universitario, lector de periódicos —Le Monde— y libros en diversos idiomas, especialista en lengua francesa, casado, padre de familia, con varias amantes) y la mujer (una adolescente). Nunca se mencionan los nombres. No se menciona el vínculo entre ellos, pero los lectores sospechamos pronto que se trata de padre e hija. El hombre goza, la mujer obedece y aguanta. Ella soporta diversas incomodidades y dolores. A veces incluso llora. El hombre, entonces, se molesta y amenaza con interrumpir las vacaciones. Ella pide, como muestra de amor, que al día siguiente no suceda nada físico entre los dos. El hombre acepta... pero al día siguiente olvida su promesa.
 
Portada original con cintillo
con foto de la autora
En el texto hay indicios de que el hombre es el padre de la joven, pero nada indica que la novela sea autobiográfica. Sin embargo, tanto algunos elementos de la vida de Christine Angot (nacida Pierrette Marie-Clotilde Schwartz en 1959) como de su obra (el tema del incesto es recurrente, y tiene una novela anterior que fue también muy polémica y fue su primer éxito de ventas, llamada, precisamente, El incesto (de 1999, que no está en Anagrama sino en Seix Barral). Para colmo, la autora es reconocida como una de las representantes en Francia del género conocido como «autoficción», muy cercano pero diferente a la «novela autobiográfica» (tema para otro artículo). Es conocida por introducir en sus novelas escenas reales de ella misma y de otras personas (de hecho, escritores, editores y celebridades le tienen miedo, pues saben que cruzarse con ella y entablar una conversación podría hacerlos aparecer en la siguiente novela de Angot).

Edición francesa de bolsillo
Una semana de vacaciones no es una obra de autoficción, pero podría ser una novela autobiográfica (ojo, el hecho de que el género sea «novela» implica ficción, aunque parta de hechos reales). En un artículo publicado en El Periódico (de España) el 19 de febrero de 2014, firmado por Elena Hevia, encontramos lo siguiente: «En su visita a Barcelona, Angot, tajante, deja bien a las claras que no está dispuesta a hablar de la persona. "Yo nunca he hablado de lo que me ocurrió con mi padre. Todo lo que he relatado está situado en el lugar protegido de la literatura, que no tiene nada que ver con el espacio social"». Más adelante, la autora explica, de alguna manera, el motivo para la escritura de esta obra: «En casi todas mis novelas aparece una situación de este tipo. Y mi forma de describirla no es invasiva. No muestro el pensamiento de la persona dominada, lo que me interesa es que el lector perciba esta dominación a través de la escritura, desarrolle un sentimiento de fraternidad por la chica y sienta una profundad antipatía ante el hombre».

Edición en catalán
El hecho de que en este blog esta entrada se encuentre etiquetada como «novela erótica» se debe a su relación con este género, aunque sea sólo por oposición pues, como ya apunté líneas arriba, en realidad Una semana de vacaciones es lo opuesto a una novela erótica; de hecho, la obra se ganó el Premio Sade 2012, el cual rechazó la autora a través de una carta al jurado del premio, en la que decía: «La imagen de ese premio, corresponda o no a la obra del Marqués de Sade, está en contradicción total con el libro que he escrito.»

Una semana de vacaciones es un libro necesario en la medida en que nos hace reflexionar acerca del sometimiento, del abuso de autoridad y la manipulación en los casos de incesto con niños y adolescentes. Por supuesto, no es una obra para todo tipo de lectores (se recomienda para lectores maduros), habrá quienes no la soporten. Una de sus virtudes, sin embargo, es su brevedad: sólo 104 páginas.

Christine Angot ha escrito 19 novelas y una decena de obras de teatro. Escribe ensayos, y también artículos para periódicos y revistas, ha grabado los audiolibros de dos de sus novelas, y es una celebridad mediática en su país. Ha recibido el premio France Culture en 2005, por sus libros Les Désaxés y Une partie du cœur; el Prix de Flore en 2006 por Rendez-vous; el Premio Sade en 2012 por Una semana de vacaciones (que rechazó); y el Prix Décembre 2015. En el año 2013 fue nombrada Officier des Arts et Lettres.

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Una semana de vacaciones. Christine Angot. Traducción de Rosa Alapont. Anagrama, colección Panorama de Narrativas. 104 págs.