Mostrando las entradas con la etiqueta Cine Español. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cine Español. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de abril de 2020

El guardián invisible - Legado en los huesos, de Fernando González Molina


© Nostromo Pictures, Atresmedia Cine, Nadcon Film, 
Zweites Deutsches Fernsehen (ZDF), ARTE



El guardián invisible
y
Legado en los huesos

(España-Alemania, 2017 y 2019)
de Fernando González Molina

Jesús Guerra


El guardián invisible (2017) y Legado en los huesos (2019) son las dos primeras adaptaciones de la exitosa Trilogía del Baztán de la escritora española Dolores Redondo. Los nombres de las novelas son los mismos de las adaptaciones fílmicas, y la tercera, Ofrenda a la tormenta (2020) se estrenará en unas cuantas semanas más, en cines españoles, y supongo que poco después en Netflix. Por lo pronto, las dos primeras están ahora en el servicio de streaming. Las novelas (que no he leído, aún) se han vendido bien y han sido traducidas a diversos idiomas, incluido el inglés, lo cual es un logro.

En El guardián invisible es encontrado el cadáver de una adolescente en un río del Baztán (comunidad y municipio de Navarra, cuya capital es Pamplona). Le encargan el caso a Amaia Salazar (Marta Etura), una investigadora nacida en Elizondo, un pueblo de esa región, la cual estudió en el FBI, en donde aún tiene a su mentor, un investigador que la considera su mejor alumna y la ayuda con consejos cada vez que Amaia le llama para consultarlo. Amaia está casada con un pintor y escultor estadounidense, James (Benn Northover). La región tiene una gran cantidad de leyendas sobrenaturales de la cultura local y, desde la Edad Media, una suerte de tradición relacionada con la brujería. La tía Engrasi (Itziar Aizpuru), en cuya casa viven Amaia y su marido durante la investigación, es una apasionada del tarot. Pronto descubren otro cadáver, colocado por el asesino en la misma posición y con las mismas características del primero y queda claro que se enfrentan a un asesino en serie.

Pero Amaia tiene también problemas en al área familiar, pues tiene una relación complicada con Flora (Elvira Mínguez), su hermana mayor, y una mucho peor con su propia madre, la cual se encuentra recluida en un hospital psiquiátrico. La cinta termina con el caso cerrado, pero quedan un par de elementos que funcionan muy bien para enlazar con la continuación.



© Nostromo Pictures, Atresmedia Cine, Nadcon Film,
Zweites Deutsches Fernsehen (ZDF), ARTE





Legado en los huesos tiene un argumento más complicado. Amaia, que está a punto de dar a luz, se encuentra en un tribunal para escuchar el testimonio de un prisionero (relacionado con el caso anterior), cuando le avisan que el hombre les pidió a sus guardas que lo dejaran entrar al baño y se suicidó. Encuentran en la ropa del muerto un papel con una sola palabra: «Tarttalo». Poco después, un prisionero en una cárcel pide que le entreguen un mensaje a la investigadora Salazar. El mensaje tiene las indicaciones para localizar el lugar en donde enterró el cadáver de su esposa. Y la encuentran, pero extrañamente al cadáver le falta medio brazo. Y luego encuentran a ese prisionero, muerto en su celda, y la palabra Tarttalo escrita con su propia sangre. Con lo anterior, arranca otra investigación envuelta en elementos sobrenaturales.

Las dos cintas están bien. Son entretenidas, los argumentos son muy interesantes (lo que indica que hay que leer las novelas), están muy bien ambientadas y la fotografía es estupenda. Las actuaciones son buenas, en general, aunque algo irregulares. Mi mayor problema es con la actriz principal, Marta Etura (que interpreta a la investigadora Amaia Salazar), y no es porque no haga bien su trabajo, sino que no le creo el papel, es decir, me parece que no le va. Se ve muy frágil, y en los momentos en que se supone que debe ser dura y decidida, simplemente no se lo creo. Para colmo (aunque no sé cómo se desarrollen esas escenas en las novelas), en ciertos momentos muy específicos, Amaia comete torpezas cuyos resultados deberían de estar justificadas de otra manera en las dos historias y nos obliga a preguntarnos cuál es el problema, ¿el argumento, la adaptación, el personaje, la actriz o el director?

Hay escenas muy bien hechas; en la segunda película, por ejemplo, una tormenta hace que el río que pasa a mitad del pueblo se desborde y lo inunde. Muy bien, muy creíble, y además en un momento crucial del argumento. Sin embargo, en ambas cintas, la investigación se da como a saltos. No nos muestran del todo el curso de la averiguación. De repente, un policía llama y ya tiene la solución a una duda, o ya localizaron a un sospechoso... todo se va resolviendo con demasiada facilidad. Está claro que es muy difícil sintetizar y adaptar una novela extensa, pero resulta que estamos en la época dorada de las series de televisión. Yo hubiera preferido cuatro capítulos de una hora para cada novela en lugar de esos saltos que le quitan tensión al argumento. Las cintas terminan por ser algo planas, les falta algo de sentido del humor y tienen esa tendencia tan española (y tan latinoamericana) a convertir el drama en melodrama, para lo cual la música no ayuda para nada, y la canción de los créditos finales de Legado en los huesos es verdaderamente horrenda.

¿Vale la pena ver estas dos películas (y la tercera, cuyo estreno está a la vuelta de la esquina)? Por supuesto, son interesantes y entretenidas, muy bonitas... pero pudieron ser mucho mejores. 

. . . . . . . . . . . . . . .

El guardián invisible / Legado en los huesos
Producción: Nostromo Pictures, Atresmedia Cine, Nadcon Film, Zweites Deutsches Fernsehen (ZDF), ARTE
Dirección: Fernando González Molina
Guion: Luiso Berdejo, basado en las novelas homónimas de Dolores Redondo
Fotografía: Flavio Martínez Labiano (la primera); Xavi Giménez (la segunda)
Edición: Verónica Callón
Dirección de arte: Antón Laguna (la primera); Serafín González (la segunda)
Música: Fernando Velázquez
Con: Marta Etura (Amaia Salazar), Elvira Mínguez (Flora Salazar), Carlos Librado 'Nene' (Jonan Etxaide), Francesc Orella (Fermín Montes), Itziar Aizpuru (Tía Engrasi) y Benn Northover (James Westford), entre otros.
Género: Drama, policiaco, crimen, misterio, thriller
País: España, Alemania
Idioma: Español, inglés y vasco
Año: 2017 / 2019
Duración: 129 minutos / 121 minutos
Están en Netflix





lunes, 15 de abril de 2019

El sabor de las margaritas (serie TV), de Miguel Conde





El sabor de las margaritas
Serie de TV
(O sabor das margaridas, España, 2018)
Idea original de CTV

Jesús Guerra

Murías, en Galicia, es el típico pueblo en donde nunca pasa nada, o por lo menos eso es lo que dicen sus habitantes y hasta sus policías. Ahí llega una policía, una teniente de la Guardia Civil Judicial, llamada Rosa Vargas (María Mera), para buscar a una joven desaparecida de nombre Marta Labrada (Paloma Saavedra). Los policías locales están preparándose para lo que será su gran trabajo del año: la visita del papa a Santiago de Compostela (capital de Galicia). Lo único que saben de Marta Labrada es que trabajaba en una gasolinera del pueblo. Ahí empieza la búsqueda. Los dos policías locales que ayudan de manera directa a la teniente Vargas son el jefe de la Guardia Civil del pueblo y su subjefe, Mauro (Toni Salgado).




En un inicio los policías locales no le dan mucha importancia a la desaparición de Marta Labrada ya que no era de ahí y el pueblo se considera una estación de paso para los fuereños. Sin embargo, Rosa Vargas es terca y aunque es su primer caso en solitario (los locales la llaman novata) tiene la capacidad de encontrar pistas que los demás pasan por alto. Esto parece impresionar al jefe local, pero a Mauro no tanto. Mauro insiste en que la teniente Vargas es rara.




Pronto encuentran una pista extraña —que podría estar relacionada con la desaparición de Marta Labrada o no— junto a un almacén abandonado a las afueras del pueblo: ropa de mujer, bastante. Al analizarlas se percatan de que pertenecían a diez mujeres diferentes, sin embargo, no encuentran ni sus cuerpos —en el caso de pertenecer a mujeres muertas— ni sus zapatos. Así establecen el perfil de un sospechoso desconocido: un asesino en serie fetichista.




A medida que Rosa investiga y conoce a diferentes personas del pueblo, se entrecruzan diversas historias que podrían estar relacionadas o no con el caso de la desaparición de Marta Labrada. Está Xabier, un tipo hosco y muy religioso que antes era carnicero y ahora hace todo tipo de arreglos y trabajos de pintura, cuya principal responsabilidad y preocupación es cuidar a su hermano menor, Bernabé (Denis Gómez), debido a que éste luego de un accidente (del que fue culpable Xabier) quedó mal de sus facultades mentales y es ahora, por decirlo así, el tonto del pueblo. Xabier es también el amante secreto de Samantha, la encargada de la barra del bar Pétalos, que en realidad es un burdel disfrazado (una suerte de disfraz que funciona para trabajar dentro de la ley, aunque todos en el pueblo saben que es un burdel).




Está también Rebeca (Sara Sanz), la hija adolescente de Mauro, el policía, que era amiga de Marta Labrada, pero la veía en secreto porque Mauro le tenía prohibida su amistad ya que, decía él, no era una persona recomendable; Rebeca, muy mojigata con su novio Brais (Jimmy Núñez) pero que se deja fotografiar por otro amigo porque quiere ser modelo para, por fin, largarse de ese pueblo. Y la esposa de Mauro, siempre celosa... Y está Vidal (Ricardo de Barreiro), el encargado del bar Pétalos, cínico y gracioso, aunque es obvio que no es un hombre de fiar... Y Pamela (Nerea Barros), una de las prostitutas del Pétalos... Y la joven excompañera de Marta en la gasolinera, metida en asuntos extraños... Y el tutor escolar de Rebeca, que también tiene sus secretos, al igual que el enigmático oficinista, padre y marido ejemplar, hombre de extrañas obsesiones, reprimido y tímido, cuya hija pierde a Dori, una perrita con un destino inusual... Y, además, la propia teniente Vargas tiene también sus secretos: en sus ratos libres realiza una investigación personal... Y hay otros más. Así, lo que en un inicio parecía una investigación sin importancia, adquiere unas dimensiones difíciles de prever.




La verdad es que esta serie realizada por la televisión gallega es una revelación. Bastante bien hecha, aunque no se vaya a ganar ningún premio de fotografía ni de actuación, está bien escrita, tiene un muy buen argumento, es bastante interesante, tiene una buena dosis de vueltas de tuerca, pistas falsas que nos mantienen cambiando de sospechoso, y elementos sorpresivos. Y como todas las series policiacas, sean del país que sean, es en el fondo bastante oscura y terrible.




Vale la pena escucharla en gallego (en lugar de doblada al español de España) y con subtítulos en español. De hecho, siempre es conveniente escuchar las series y películas en el idioma original, en primer lugar, para escuchar la voz de los actores, y en segundo, porque esto nos da una atmósfera mucho más real, más cercana a la cultura que produce y en la que se desarrolla la historia que experimentamos (además, la mayoría de los doblajes son horrendos).




En esta primera temporada termina el caso, pero al final hay una pequeña escena que podría ser el inicio de otro, uno que podría desarrollarse en una segunda temporada. Ojalá que se realice. Tiene sólo seis capítulos, de aproximadamente 70 minutos cada uno, lo que nos permite darnos un buen atracón al verla en una o dos sesiones. Muy recomendable.

. . . . . . . . . . . . . . .

O sabor das margaridas (El sabor de las margaritas)
Creadores: Idea original de CTV
Producción: Televisión de Galicia, CTV, Comarex
Dirección: Miguel Conde
Guiones: Ghaleb Jaber, Raquel Arias y Eligio Montero
Fotografía: Suso Bello
Edición: Martín Fiallega
Dirección de producción: Concha Fontenla
Dirección de arte: Ángel Amaro
Música: Manu Conde
Con: María Mera, Toni Salgado, Denis Gómez, Jimmy Núñez, Ricardo de Barreiro, Xavier Pan, Paloma Saavedra, Yelena Molina, Nerea Barros, Iñaqui Rosado, Fran Paredes y Sara Sanz, entre otros. 
Género: Drama, misterio, suspenso, policiaco
País: España
Idioma: Gallego, español
Año: 2018
Duración: 70 minutos aproximadamente cada capítulo
Capítulos: 6
Se puede ver en Netflix




miércoles, 15 de febrero de 2017

Cuatro estaciones en La Habana, de Félix Viscarret




Cuatro estaciones en La Habana

Jesús Guerra

Voy a comentar y recomendar una serie de televisión, pero para ello primero les hablaré brevemente de la serie de libros en la que está basada. (Si quieren leer la reseña de cada una de las novelas, hagan clic sobre los títulos de las obras mencionadas más abajo, y los remitirá a mis comentarios en el blog Lecturas Tu Red.) La serie Mario Conde está compuesta, hasta la fecha, por ocho novelas. Las primeras cuatro fueron planeadas como una tetralogía, llamada «Las cuatro estaciones». Estas cuatro obras transcurren todas durante el año de 1989, y cada novela sucede en una estación diferente del año. Estas novelas son: Pasado perfecto (de 1991), que sucede los primeros días de enero de 1989, y por tanto en invierno, aunque un invierno tropical; Vientos de cuaresma (de 1993), que transcurre en la primavera; Máscaras (de 1997), en verano, y Paisaje de otoño (de 1998), que transcurre en la estación mencionada en el título. Al finalizar la cuarta novela, Mario Conde abandona su trabajo como policía de La Habana, sin embargo, como lo veremos en las novelas posteriores, aunque oficialmente se dedica a la compra-venta de libros usados, termina investigando varios casos más como detective privado.



Por diversos y felices motivos, las aventuras de Mario Conde desbordan la tetralogía original, y de 1998 a 2013, Leonardo Padura agregó otras cuatro novelas a la serie de su detective, aunque éstas se ubican ya después de 1989. La quinta novela, llamada Adiós, Hemingway, se desarrolla en 1997, es decir, ocho años después de las cuatro novelas iniciales. La sexta, La neblina del ayer, ocurre en el año 2003, catorce años después de las primeras cuatro, y seis años después de la quinta, y la séptima, La cola de la serpiente, que, aunque se desarrolla en 1989, es narrada-recordada en algún momento de principios del siglo XXI. La octava novela, Herejes, es la única de la serie que no he comentado aún. Las novelas pueden ser leídas en el orden en que las vayan consiguiendo, pues cada caso es autónomo, pero yo recomiendo leerlas en orden, para entender mejor la historia del detective, de su grupo de amigos, de las personas que le ayudan a resolver los casos y la muy importante historia sentimental de Mario Conde, además de la historia de Cuba de las últimas tres décadas y la evolución literaria de Leonardo Padura.


La serie de televisión me la encontré por casualidad en Netflix y fue una sorpresa espléndida. Se trata de una coproducción entre España y Cuba. Se llama, como ya apunté, Cuatro estaciones en La Habana, y está compuesta —por lo menos hasta el momento—, de la adaptación de las primeras cuatro novelas de la serie, es decir las que componen la tetralogía original. Hablamos, entonces, de cuatro capítulos de aproximadamente 90 minutos cada uno. Por algún motivo que desconozco —pero debió de haber una razón práctica para ello—, el orden de los dos primeros capítulos está invertido, es decir, el primer capítulo de la serie es la adaptación de la segunda novela, y el segundo capítulo de la serie de televisión es la adaptación de la primera novela. Además, el título de la segunda novela, Vientos de Cuaresma, pasa en la serie a «Vientos de La Habana», capítulo inicial que se estrenó en alguna parte como película.


Las novelas están muy bien adaptadas, y eso se debe, entre otras cosas, a que el guión de los cuatro capítulos es del propio Leonardo Padura y de su esposa, Lucía López Coll. La dirección de los capítulos es del cineasta español Félix Viscarret (nacido en Pamplona en 1975). El reparto es buenísimo. El personaje del detective Mario Conde lo interpreta Jorge Perugorría (el actor que se hizo muy conocido entre nosotros, hace ya más de 20 años, debido a su impresionante actuación en la película cubana Fresa y Chocolate, de 1993). Enrique Molina interpreta al Mayor Rangel, Carlos Enrique Almirante encarna al sargento Manuel Palacios, Manolo, el ayudante del Conde; y del entrañable grupo de amigos del Conde tenemos a Luis Alberto García, que interpreta a Carlos el Flaco, a Jorge Martínez, que interpreta a Andrés, y a Mario Guerra que interpreta a Candito el Rojo.


La música, bastante buena, es de Andrés Levin y Mikel Salas, la edición es de Antonio Frutos, el diseño de producción es de Carlos Urdanivia, y la fotografía es de Pedro J. Márquez. Llama la atención la fotografía, muy bien lograda, y además creo que ninguna película cubana que yo haya visto muestra La Habana de manera tan minuciosa como esta serie. Esto, por supuesto, está muy relacionado con las novelas, pues en las obras de Padura existe esta intención, La Habana no es sólo paisaje, es un personaje fundamental.


Aunque los guiones están muy bien adaptados, debido a las diferencias entre los dos medios, yo recomiendo también leer las novelas de Padura. Pueden leerlas antes o después de ver los capítulos de esta serie, pero sí es importante que las lean, sobre todo porque los libros contienen mucha información que forma parte de los recuerdos y de las nostalgias del Conde, este melancólico pero enamoradizo detective caribeño. Los recuerdos, las nostalgias y las reflexiones, salvo en ciertos momentos y breves, no se pueden incluir en las versiones fílmicas, por cuestiones de duración, de ritmo y de formato. Mi recomendación, por tanto, no es un formato sobre el otro, sino los dos: vean la serie de televisión, Cuatro Estaciones en La Habana, y lean las novelas de Leonardo Padura en las que están basados los capítulos. La serie está en Netflix, las novelas están publicadas por Tusquets Editores.



sábado, 9 de enero de 2016

Jamón, jamón, de Bigas Luna





Jamón, jamón
(España, 1992)
de Bigas Luna

Jesús Guerra

La cartelera cinematográfica que recorre el país es casi completamente norteamericana y casi completamente comercial. Son rarísimos los filmes mexicanos o europeos que podemos ver en las salas de cine, y más raras aún las películas con propuestas diferentes a la muy sobada receta estadounidense, sea cual pudiera ser su país de origen.*




México y el mundo descubrieron hace unos años, con verdadero regocijo, el cine del realizador español Pedro Almodóvar. Pero, por supuesto, y aunque los distribuidores crean lo contrario, hay más directores en España. Por fortuna, se han distribuido en nuestro país las dos más recientes cintas de Bigas Luna, Las edades de Lulú (1990), primero, y ahora Jamón, jamón. Aunque por supuesto no son sus únicos filmes (tiene, entre otros, Tatuaje (1978), Bilbao (1978), Caniche (1979), Reborn (1981) y Angustias (1987). [Ver la “Actualización”, al final de la reseña.]

Alguno se habrá presentado en la Ciudad de México en algún cine-club, en algún festival o habrá circulado en video, pero en general Bigas Luna era desconocido en nuestro país hasta antes de Las edades de Lulú. Su siguiente película es una obra divertida, interesante, desbordante de simbolismos en varios niveles, que se desplaza cómodamente de un género a otro, de la comedia al melodrama sin excederse hasta, quizá, el final, pero los excesos de una cinta no son necesariamente un defecto.



Jamón, jamón inicia con la toma de uno de los escenarios principales de la historia, la casa de Silvia (Penélope Cruz) y su madre (Anna Galiena), vista desde la colina en donde se encuentra un enorme toro, el anuncio de un conocido brandy español, y más específicamente la toma se realiza desde los cojones del animal (sobre ellos, aparece el crédito del director). Luego están los tráilers que pasan a toda hora. ¿Qué significan? ¿Una supuesta modernidad que inunda el desértico paraje? ¿La mecánica, dura, pesada masculinidad que todo lo arrolla?




Silvia es la hija de la dueña de un bar, una cocinera de “tortillas de patatas” y prostituta. Julia es la novia de José Luis, el niño rico hijo del fabricante de los calzoncillos Sansón (“todos tenemos un Sansón en nuestro interior”, dice el slogan). Silvia está embarazada y cuando se lo dice a José Luis, éste le promete que se casarán. El único obstáculo es la madre de él, pero hablará con ella o se independizará, pues está cansado de que lo traten como un niño. Cuando José Luis habla con su madre, ésta pone el grito en el cielo, pero además idea un plan. Contrata a Raúl (Javier Bardem), un repartidor de jamones (de los jamones Los Conquistadores, Hernán Cortés y hermanos), quien ha ido a buscar trabajo a la fábrica de calzoncillos como modelo. La madre de José Luis (Stefanía Sandrelli) considera que Raúl es muy guapo y lo contrata para que enamore a Silvia. Sin embargo, es ella misma quien se enamora de Raúl. Las cosas se van complicando cuando nos enteramos que José Luis no sólo es el novio de Silvia, sino que es el amante de la madre de ésta, al igual que lo fue su propio padre.




La necesidad de afecto, el deseo, la corrupción económica, los chantajes sexuales, la sobreprotección, la posesión de unos por otros, la feminidad, la masculinidad, la pureza y su contrario, son los elementos que tienen la mayor importancia en esta historia, y son los elementos constantemente simbolizados de mil maneras, logrando que este film sea un verdadero banquete (ya que los alimentos tienen su papel, también), un festín, una cinta riquísima, rebosante de significados.




Las perlas de la aparentemente decente madre se le caen constantemente, y su hijo está harto de las presiones sociales y familiares, y por carecer de cojones se los rompe al toro de cartón, para que Silvia los recoja y se tape con ellos para protegerse de la lluvia… si el trágico y melodramático final resulta edípico es porque Bigas Luna nos bombardea con símbolos para decirnos… ¿qué?, ¿que nuestra sociedad tiene acorralado al deseo, que debemos bajarlo a golpes de los anuncios para hacerlo parte de nuestra vida “real”, aceptarlo, liberarlo? Vea Jamón, jamón, gócela y decida.




. . . . .

* Las reseñas de la sección Cine de Hoy (2001-2010), y muchas de Cine de Ayer (1971-2000), fueron escritas en las fechas del estreno en México de esas obras, salvo aclaración, y son publicadas aquí (más o menos) como fueron publicadas en su momento en medios impresos de Coahuila.

. . . . .

Actualización:
El director Bigas Luna (nacido el 19 de marzo de 1946, en Barcelona, murió el 6 de abril de 2013), realizó varias películas posteriores a la reseñada aquí, entre ellas: Huevos de oro (1993), La teta y la Luna (1994), Bámbola (1996), La femme de chambre du Titanic (1997), Volavérunt (1999), Son de mar (2001), Yo soy la Juani (2006), Mouche d’amour (2010) y Di Di Hollywood (2010).

. . . . . . . . . . . . . . .

Jamón, jamón. Dirección: Bigas Luna. Guión: Cuca Canals, Bigas Luna y Quim Monzó. Fotografía: José Luis Alcaine. Edición: Teresa Font. Diseño de producción: Gloria Martí-Palanqués y Pep Oliver. Música: Nicola Piovani.  Con: Stefanía Sandrelli, Anna Galiena, Juan Diego, Penélope Cruz, Javier Bardem y Jordi Mollà, entre otros. País: España. 1992. 95 minutos.