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lunes, 31 de octubre de 2016

Bob Dylan y el Nobel




Bob Dylan y el Nobel

Jesús Guerra

La polémica por el Nobel
Como recordarán, en la primera quincena de octubre se anunció el nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura 2016: el cantante y compositor Bob Dylan. De inmediato se desató una polémica, en prensa y en redes sociales, debido a esta elección de la Academia Sueca, la institución que selecciona y entrega el premio.

Tanto la elección de un compositor de canciones de música folk, blues y rock para recibir el premio literario más importante del mundo como la polémica resultan muy interesantes, porque se refieren, en realidad, a un tema más amplio: «¿qué es, o qué es lo que se considera literatura en la segunda década del siglo XXI?»

Por lo general el Nobel de Literatura se les otorga a novelistas, a cuentistas, a dramaturgos, a poetas y a ensayistas. Hay ganadores del Nobel que escriben sólo en uno de estos géneros, o en dos, o en todos. Pero en 2015, por ejemplo, el premio se le otorgó a la bielorrusa Svetlana Aleksiévich —y aquí cito un fragmento del documento de la Academia Sueca— «por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo», y si escribí «pero» se debe a que esta escritora es sobre todo periodista. Una periodista que escribe sobre dramas sociales con una gran calidad, una calidad literaria, sin duda, pero es sobre todo una periodista. Y esto no lo resalto como algo negativo, al contrario. Esto implica una ampliación del significado de literatura reconocido por la Academia Sueca.




Este año, esa ampliación continúa, al anunciar que el seleccionado para el premio es un escritor de canciones. No uno cualquiera, por supuesto —y cito de nuevo a la Academia Sueca, la cual dice que lo seleccionaron—: «por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción». Es decir, la Academia Sueca reconoce por primera vez que las canciones son, o pueden ser, poesía. Esto en realidad es un regreso al origen de la poesía, es algo evidente, pero no aceptable para todo el mundo, como lo demuestra la polémica que se desató en medios de comunicación y, sobre todo, en redes sociales.

Muchos de los comentarios, fundamentalmente en Twitter, eran bromas, pero estas bromas muestran la extrañeza, la confusión que causó la elección del premio de este año. Hay escritores que preguntaron si las versiones en audiobook de sus obras podrían ganarse un Grammy, los premios estadounidenses de música. Un novelista francés comentó «A mí me gusta Bob Dylan, pero dónde están sus libros».

Hubo comentarios muy generosos, como el de Salman Rushdie, quien declaró que le gustaba que Dylan se hubiera ganado el Nobel, y que esa tarde se la pasaría escuchando canciones de Dylan (mencionó específicamente «Mr. Tambourine Man»). Hubo otros, como el de Vargas Llosa, ganador del Nobel en 2010, quien declaró que la Academia Sueca había cometido un error. Tiene razón, la Academia Sueca suele cometer errores... ¿Fue un error otorgarle el premio a él?




Más allá, o más acá, no sé, del tema de la ampliación del concepto de literatura, creo que hay también una preocupación, digamos «pragmática», por lo menos para los escritores cuyo nombre se menciona año con año como posibles ganadores del Nobel, relacionada con el tiempo de espera. Los novelistas, por ejemplo, sienten que tienen que competir no sólo entre ellos por el premio, sino con dramaturgos y poetas, y ahora, para complicar las cosas, también con periodistas y cantautores. Sienten que se van a morir antes de que se les otorgue el premio (y en algunos casos inevitablemente eso va a suceder). Y lo mismo sucede con los poetas y con los dramaturgos.

Una humilde propuesta (inaceptable)
La ampliación del concepto de literatura debería tener como consecuencia la separación del premio en diversas categorías. Un premio Nobel para cuentistas y novelistas, otro para dramaturgos, y otro para poetas y cantautores. Y ya que estamos en esto, seamos generosos, yo incluiría, junto a los dramaturgos, a los guionistas de cine. Es una idea. Sin embargo, la Academia Sueca no estaría dispuesta a considerarla, entre otras cosas porque cada premio les cuesta ocho millones de coronas suecas, es decir, alrededor de un millón de dólares, y el trabajo que realizan por lo menos se triplicaría, y además porque lo más probable es que las vacas sagradas del mundo literario pondrían el grito en el cielo (es decir en Twitter).

Diversificación
La verdad es que el asunto del concepto de literatura es complejo, o más bien, se ha vuelto más complejo en nuestro tiempo, en que todo se multiplica y se diversifica. Uno de los comentarios en redes sociales que más me llamó la atención fue el del novelista inglés Philip Pullman, quien escribe literatura fantástica. En su comentario dijo que estaba contento por la elección de Bob Dylan como el Nobel de este año, y que esperaba que la elección de un cantautor significara que la Academia Sueca tomaría en cuenta también, para años próximos, a escritores de subgéneros.




Y tiene razón: hasta ahora, el premio Nobel de literatura sólo se les otorga a autores, en el caso de los narradores, de obras catalogadas un tanto ambiguamente como «literarias», es decir, obras que pertenecen a la alta cultura, independientemente de lo popular que en un momento dado pueda ser el escritor en cuestión —como fue el caso de Gabriel García Márquez—. El premio a Bob Dylan abre la puerta a la discusión sobre la percepción que tiene la Academia Sueca de la alta cultura y de la cultura popular. Por eso me llamó la atención el comentario de Philip Pullman, pues es cierto, nunca se les ha dado el Nobel a autores de novelas de ciencia-ficción o de novelas policiacas, por mencionar sólo dos géneros narrativos.

Está claro que la Academia Sueca acaba de abrir la puerta a la cultura popular, pero no está muy claro si la mantendrá abierta de manera permanente. La discusión, o quizá las discusiones, sobre estos temas relacionados con el Nobel van a comenzar de manera seria (quizá) y no sabemos a dónde irán a parar.

Volvamos a Dylan
El verdadero nombre de Bob Dylan es, o era, Robert Allen Zimmerman, y por sus apellidos es fácil deducir que nació de padres judíos, el 24 de mayo de 1941, en Duluth, Minnesota. Cuando estaba en secundaria formó varios grupos de música. En mayo de 1960 se salió de la escuela y se fue a Nueva York, y comenzó a tocar en bares, en donde conoció otros músicos y comenzó a hacer grabaciones. En agosto de 1962, legalmente cambió su nombre por el de Bob Dylan, con el que el mundo lo ha conocido en el último medio siglo. Se dice que escogió el nombre Dylan como apellido debido a su pasión por la poesía del poeta Dylan Thomas.




Su discografía
Ese año apareció su primer disco, llamado sólo Bob Dylan, en el que mezcló canciones suyas con otras de otros músicos, y canciones tradicionales con arreglos suyos. Al año siguiente se publicó se segundo disco, The Freewheelin' Bob Dylan, y la primera canción de ese disco es la famosísima «Blowin' in the Wind», que conocemos en español (por lo menos en México) como «La respuesta está en el viento». Esa canción, que tiene 53 años, quedó ligada al nombre de Dylan para siempre, y fue una de las que identificó a su autor como una de las voces de su generación, y se convirtió en uno de los himnos de los años 60, durante la lucha de los derechos civiles.

Esta canción la grabaron muchos artistas de su tiempo, y fue un hit para el trío de cantantes Peter, Paul and Mary. De hecho, en esos años, muchos otros artistas grabaron canciones de Dylan, como Joan Baez, The Byrds, Sonny & Cher, The Hollies, The Association, Manfred Mann y The Turtles.

Su disco fue muy escuchado y admirado por músicos y críticos. George Harrison dijo alguna vez que The Beatles escucharon ese disco muchas veces, y que tanto las letras de las canciones como la actitud de Dylan les parecieron increíblemente originales y maravillosas.




Dylan ha tocado blues, spiritual, folk, rhythm & blues y rock, y por supuesto, una mezcla muy propia de algunos de estos géneros.

La discografía de Bob Dylan, de 1962 a 2016 —estamos hablando de una carrera que lleva 54 años— está compuesta, hasta ahora, por 37 álbumes de estudio, lo que nos da un promedio de un álbum cada año y medio. Los títulos son los siguientes:

1. Bob Dylan (1962)
2. The Freewheelin' Bob Dylan (1963)
3. The Times They Are a-Changin' (1964)
4. Another Side of Bob Dylan (1964)
5. Bringing It All Back Home (1965)
6. Highway 61 Revisited (1965)
7. Blonde on Blonde (1966)
8. John Wesley Harding (1967)
9. Nashville Skyline (1969)
10. Self Portrait (1970)
11. New Morning (1970)
12. Pat Garrett & Billy the Kid (1973)
13. Dylan (1973)
14. Planet Waves (1974)
15. Blood on the Tracks (1975)
16. The Basement Tapes (1975)
17. Desire (1976)
18. Street Legal (1978)
19. Slow Train Coming (1979)
20. Saved (1980)
21. Shot of Love (1981)
22. Infidels (1983)
23. Empire Burlesque (1985)
24. Knocked Out Loaded (1986)
25. Down in the Groove (1988)
26. Oh Mercy (1989)
27. Under the Red Sky (1990)
28. Good as I Been to You (1992)
29. World Gone Wrong (1993)
30. Time Out of Mind (1997)
31. Love and Theft (2001)
32. Modern Times (2006)
33. Together Through Life (2009)
34. Christmas in the Heart (2009)
35. Tempest (2012)
36. Shadows in the Night (2015)
37. Fallen Angels (2016)




Pero a esto hay que agregar un buen número de discos que han aparecido con grabaciones que nunca se publicaron en disco en su momento, demos, grabaciones no definitivas, álbumes en concierto, recopilaciones, etcétera, que son alrededor de 50 discos más, y en total estamos hablando de entre 85 y 90 discos.

Sus canciones
Sus interpretaciones siempre han sido materia de discusión. Hay quien adoran la manera en que canta y toca sus canciones, hay quienes simplemente no lo soportan, pero la calidad de sus letras nadie, o casi nadie, las cuestiona. Quienes lo critican por su forma de cantar dicen que a veces no se entiende lo que canta, lo cual es incomprensible teniendo en cuenta que canta algunas de las que están consideradas las mejores letras de la música popular. Todo esto lo comento porque hablamos de él, pero vale la pena recordar que la Academia Sueca no lo premió como músico ni como cantante, sino como letrista, es decir, como poeta.

Como escritor de canciones ha sido más que prolífico. En Wikipedia podemos encontrar la lista de las canciones de Bob Dylan. Una nota aclara que la lista sólo contiene las canciones cuya letra es de Dylan, y aquellas en que aparece acreditado como coautor, pero no están las canciones tradicionales ni aquellas que ha grabado pero que son de otros compositores. Esta lista contiene 522 canciones, número que me parece asombroso (hablamos de casi una canción al mes, durante 54 años de trabajo).




Al hablar de Dylan hay que tener en cuenta dos datos muy importantes, para entender su dimensión como músico. Ambos son selecciones de la revista Rolling Stone, publicación muy respetada en opiniones musicales. El primero: la mencionada publicación lo reconoció en el año 2010 como el segundo artista más importante de la historia del rock. Los primeros son The Beatles. (Véanlo de esta manera: con excepción de The Beatles, Dylan es más importante para la historia del rock que cualquier otro cantante o grupo que se les ocurra.) El segundo dato: en 2011 la misma revista publicó su lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos, y la número uno es «Like a Rolling Stone» de Bob Dylan (a menos, claro, de que se trate de una broma debido al título de la misma).

Premios
Por otra parte, la lista de premios que se le han otorgado a Bob Dylan es impresionante: le han dado títulos honorarios de Doctor en Música en varias universidades, varios de sus discos y de sus canciones están en diversos apartados del Salón de la Fama del Rock, ha sido nominado una gran cantidad de veces a los premios Grammy, y se ganó muchos de ellos; España le dio el premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2007, Francia le dio la medalla de Comandante de la Orden de las Artes y las Letras en 1990, y en 2013 lo hizo Oficial de la Legión de Honor. En Estados Unidos se ha ganado muchos premios y honores, entre ellos, en 2008 se le otorgó un Premio Pulitzer especial, y en 2012 se le dio la Medalla Presidencial de la Libertad. En 2001 se ganó, además, el Globo de Oro a Mejor Canción Original por «Things Have Changed» que está incluida en la película Wonder Boys (Curtis Hanson, 2000), y por la misma canción y la misma categoría se ganó el Oscar correspondiente al año 2000, y ahora, en 2016, como cereza del pastel, se le otorgó el Premio Nobel de Literatura.

Letras 1962-2001
La edición en español de su libro de letras de canciones es Letras 1962-2001, el cual tiene varias ediciones en inglés, pues cada vez que se reedita se le aumentan las letras de los discos aparecidos entre los años de una edición del libro y la siguiente. En inglés apareció primero el libro cuyo título traducido sería «Textos y dibujos», en 1973; luego otro llamado «Letras» (Lyrics, o sea «letras de canciones»), que tenía las canciones de Dylan de 1962 a 1985. Después apareció otro, llamado también Lyrics pero en este caso de 1962 a 2001, que se publicó en inglés en 2004. Y ya se anunció que pronto saldrá la nueva edición de este libro, supongo que con las canciones escritas hasta 2012 en que apareció su álbum Tempest (hay que recordar que los dos discos más recientes de Dylan, el de 2015 y el de 2016, son de canciones que no fueron escritas por él).




La edición en español que les comento es la traducción del libro aparecido en inglés en 2004, e incluye, por lo tanto, las canciones escritas por él y que aparecieron en sus primeros 31 discos en estudio. El libro es monumental, tanto en su número de páginas: 1,264, como en el trabajo que representa, tanto de parte del autor (casi 40 años de escribir canciones: para la siguiente edición, la que está a punto de aparecer en inglés el libro contendrá la escritura de medio siglo), pero también es monumental por el trabajo de traducción, de Miquel Izquierdo y José Moreno, y por parte de Alessandro Carrera, autor de las notas sobre cada una de las canciones incluidas. Es decir, en pocas palabras, hablamos de un libro estupendo.

De este libro se hizo una primera edición en español de la editorial Global Rhythm en 2007, y luego ésta que les comento, del año 2011, que es una coedición de Global Rhythm y Editorial Océano. El volumen contiene una «Nota previa a la traducción», una breve «Introducción», y luego las letras de las canciones, tanto en inglés como en español, separadas por álbumes. Y en cada álbum, después de las letras están las notas, que nos comentan las circunstancias en que las canciones se escribieron, en qué se basó Dylan para componerlas, tanto la letra como la música, las fechas de grabación, y los posibles orígenes e incluso significados diversos de algunos versos específicos. Las notas son realmente muy completas y contienen detalles fascinantes.

Para terminar: el Nobel
Luego de que la Academia Sueca anunció que Dylan era el ganador del Premio Nobel de Literatura 2016, el cantautor, quien tenía conciertos en Las Vegas en esas fechas, no declaró nada al respecto. La Academia no pudo comunicarse con él. Comenzaron los rumores: ¿lo pensaba rechazar? Finalmente, Dylan se comunicó con los organizadores del premio y luego declaró que lo que sucedía era que el anuncio lo había dejado sin palabras. Prometió asistir a recoger el premio.

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Letras, 1962-2001. Bob Dylan. Global Rhythm y Editorial Océano. 2011. 1264 págs.



miércoles, 15 de junio de 2016

La maldición de Lono, de Hunter S. Thompson




La maldición de Lono
de Hunter S. Thompson

Jesús Guerra

Su nombre completo era Hunter Stockton Thompson. Nació en Louisville, Kentucky, el 18 de julio de 1937. Estuvo en el ejército, en donde trabajó en el departamento de información de la base Eglin, en Florida. Se le dio de baja honorable, básicamente por ser un rebelde, y entonces comenzó a trabajar como periodista deportivo. Tuvo muchos trabajos en periódicos y tuvo también muchos problemas en esos lugares. Para 1960 se fue a vivir a San Juan, Puerto Rico, para trabajar en una publicación deportiva, que no duró, pero eso le permitió viajar por el Caribe y Suramérica, en donde trabajaría luego como corresponsal para varias publicaciones de su país.

En 1963 se casó con su novia, Sandra Conklin, el matrimonio duró hasta 1980. En 1964 tuvieron a su hijo, Juan Fitzgerald Thompson. Luego se pasó un año acompañando a la famosa banda de motociclistas Hell's Angels, y publicando notas sobre este grupo, hasta que la banda se dio cuenta de que ganaba dinero escribiendo sobre ellos y, al parecer, le dieron una golpiza de antología (por lo menos eso dice la leyenda). Al año siguiente, la editorial Random House publicó su libro sobre el tema, Hell's Angels: The Strange and Terrible Saga of the Outlaw Motorcycle Gangs (1967), que en la edición en español se llama sólo Los ángeles del infierno.

La mayor parte de sus mejores artículos los publicó en la revista Rolling Stone, aunque, cosa rara para esa publicación, nunca escribió de música, aunque la música sí formó parte de muchos de sus textos. En 1970 hizo una de las cosas más extrañas de su vida (y vaya que hizo cosas raras): fue candidato para Sheriff del condado Pitkin, en el estado de Colorado, y perdió (por fortuna, creo yo). En ese mismo año, escribió un artículo ahora famoso llamado «El Derby de Kentucky es decadente y depravado». Lo publicó una pequeña revista y en su momento ni siquiera fue muy leído, pero ese artículo fue el primero al que se clasificó de «periodismo gonzo», nombre que a Thompson le gustó. Ahora ni siquiera se sabe muy bien de dónde viene esa palabra, pues hay varias teorías, y también hay varias versiones sobre el motivo para denominar así al tipo de periodismo que Thompson escribía.

Por una parte, el adjetivo gonzo, que ahora está siempre asociado a este autor y al movimiento que siguió, por parte de otros periodistas, quiere decir «extraño, confuso, loco, salvaje», aunque no se sabe muy bien si el origen de la palabra es el italiano hablado en los Estados Unidos, o si se trata de slang irlandés-norteamericano, o si proviene del francés canadiense... Para enturbiar el asunto, es también el nombre de una canción, y a Thompson le gustaba decir que su estilo se llamaba así por la canción. Lo que sí está claro es lo que implica el estilo gonzo: este periodismo rompe la barrera entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo real y lo ficticio. Thompson escribía sus textos en primera persona y se retrataba a sí mismo en el artículo, es decir que el periodista forma parte de lo reportado. Como si el reportaje incluyera en sí mismo su propio making of, es decir, el texto periodístico incluye el reporte sobre cómo se investigó y se escribió el texto periodístico.
 
Edición en inglés

Esta mezcla entre lo real y lo ficticio encierra también, por supuesto, al propio Hunter S. Thompson, pues él inventó un personaje que lleva su nombre, que es más loco, más borracho, más adicto a todo y más extravagante que el Hunter S. Thompson real. Y no sólo eso, Thompson a veces metía en sus textos a algunos personajes recurrentes, «amigos suyos», como Raoul Duke, Gene Skinner y otros más, que eran otras manifestaciones de sí mismo. Thompson llegó a decir que cuando lo invitaban a hablar, por ejemplo a una universidad, se sentía confundido. ¿Quién debía de ser en la charla? ¿El verdadero Thompson o el personaje Thompson?, ya que los lectores de su obra no estaban muy conscientes de esta diferencia. Así que al leerlo hay que tener en cuenta esa mezcla de ficción y no-ficción.

Debido a que su obra es periodística, por lo menos en su base, es muy norteamericana, es decir que no siempre se puede traducir bien, a menos que se llene el texto de notas explicativas. Esto, en parte, explica que su obra completa no esté traducida a otras lenguas, aunque por supuesto existen algunas traducciones. En español, por ejemplo, contamos con su libro más famoso: Miedo y asco en Las Vegas, que lleva por subtítulo Un viaje salvaje al corazón del sueño americano. Este libro, publicado en nuestro idioma por la editorial Anagrama en 1987, en inglés se publicó en 1971. Tanto el libro como el autor se volvieron más famosos todavía a partir de que se estrenó su adaptación cinematográfica, en 1998, dirigida por el genial Terry Gilliam, con Johnny Depp en el papel central.

El diario del ron fue su primera novela (ésta sí es pura ficción, o por lo menos eso se supone, aunque también está basada en sus experiencias); la escribió a principios de los años 60 pero no se publicó en inglés sino casi 40 años después, en 1998. Y de esta obra también hay una versión en cine, del año 2011, dirigida por Bruce Robinson, y tiene también a Johnny Depp en el papel protagónico.

En el año 2005, Hunter S. Thompson, de 67 años, cansado de varias enfermedades que lo agobiaban, se suicidó en su rancho de Colorado. Había dejado la solicitud de lo que quería que se hiciera en su funeral, y quien pagó para llevar a cabo su último deseo fue su amigo Johnny Depp. Lo que se hizo, el 20 de agosto de 2005, fue disparar sus cenizas desde un cañón colocado en una torre de su rancho. La torre tiene la forma de un puño con dos dedos pulgares, que se considera el logotipo del periodismo gonzo. Todo esto en medio de fuegos artificiales y acompañado de las canciones Spirit in the sky, de Norman Greenbaum, y Mr. Tambourine Man, de Bob Dylan. Nada mal para alguien que se la pasó escribiendo en Rolling Stone y nunca escribió de música.


Edición francesa


De los aproximadamente 20 libros que publicó Thompson, el quinto, The curse of Lono, publicado en Estados Unidos en 1983, y reeditado en 2003, ha sido recientemente publicado en español por la editorial Sexto Piso y la Universidad Autónoma de Nuevo León, bajo el título La maldición de Lono, con una muy buena traducción de Jesús Gómez Gutiérrez. Así, 33 años después de su publicación original, tenemos, por fin, la oportunidad de leer en nuestra lengua esta obra del creador del periodismo gonzo.

En el año 1980, Hunter S. Thomson recibió una carta del director de una revista bastante desconocida llamada Running, especializada obviamente en el ejercicio de correr, en las carreras, en los maratones, etcétera. La carta era para invitarlo a cubrir el maratón de Honolulú, en Hawái, y le prometía un buen sueldo y todos los gastos pagados. Incluso le decía que viera ese trabajo como una oportunidad de tener unas vacaciones. Para este momento, Thompson ya se consideraba retirado del periodismo, aunque apenas tenía 43 años de edad, y ya había rechazado propuestas similares de mejores publicaciones y con mejores salarios, pero por algún motivo le llamó la atención la idea. Thompson, a su vez, invitó a su amigo de siempre, el ilustrador inglés Ralph Steadman, un año mayor que Thompson, quien ilustró casi siempre los reportajes de Thompson, y Ralph aceptó, y además se llevó a su esposa y a su hija pequeña, pues iban de vacaciones a Hawái. Lo que prometía ser un trabajo sencillo y unas vacaciones paradisiacas se convirtieron pronto en una suerte de pesadilla, todo por la locura de Thompson y su capacidad para asociarse con gente extraña y meterse en problemas insólitos.

Thompson intercala, a lo largo de La maldición de Lono, citas extensas del libro El último viaje del capitán James Cook, de Richard Hough, además de citas de otros viajeros ilustres que estuvieron en Hawái, como Mark Twain. Precisamente en una cita de este último se nos cuenta la historia resumida del dios hawaiano Lono. Éste fue un rey que hizo cosas indeseables y se arrepintió. Así, se fue a recorrer las islas boxeando y luchando hasta que se aburrió. Instauró unos juegos deportivos en su propia conmemoración y decidió partir en una balsa, prometiendo regresar. Los nativos lo convirtieron en dios en su ausencia, y esperaron su retorno.

En el siglo XVIII, el explorador británico James Cook llegó a costas de Hawái, y se encontró con que los nativos lo tomaron por la reencarnación de Lono, que para entonces era el dios de la abundancia y los excesos. Cook, con sus marineros, sin saberlo, hizo algunas cosas que los nativos esperaban que Lono hiciera, así que no tuvieron dudas. Estas citas sobre las experiencias de Cook en Hawái, que no terminaron nada bien, sirven para espejear las experiencias de Thomspon, dos siglos después. Desde que Thomson se subió al avión que lo llevó a las islas del Pacífico comenzaron a suceder cosas extrañas que tendrían consecuencias futuras. En el vuelo conoció a un tipo llamado Ackerman, un hombre conectado con cuestiones de estupefacientes en Hawái. Cuando llegaron, Thompson cubrió el maratón, aunque nunca se lo tomó muy en serio, pues él y sus amigos se la pasaron bebiendo en una casa que estaba cerca de la meta e insultando a los corredores. Pasado el maratón, se fueron Thompson y su prometida, y Ralph Steadman y su familia, a otra isla, en donde habían rentado una propiedad con dos cabañas y piscina, junto a la costa, pues pensaban pasarse dos meses buceando, nadando, pescando y pasándosela de lo lindo. Pero todo era un fraude. Las cabañas eran dos casitas horrendas, pero en efecto estaban en la costa, al grado de que las olas, que eran enormes, llegaban hasta la puerta de las cabañas, porque el clima, contrariamente a lo que les habían dicho, era espantoso.


Edición alemana


Y con esto comenzó la desintegración de sus vacaciones soñadas. Ralph sufrió un accidente en el mar y terminó por regresar a Inglaterra con su familia, enfurecido con Thompson, y éste se quedó, por motivos misteriosos incluso para él mismo, mucho tiempo más, pescando (la escena del pez espada es una maravilla), bebiendo como enajenado, quejándose de Hawái pero sin decidirse a regresar, metiéndose en problemas con todo mundo, escribiendo el libro en condiciones surrealistas, convencido de ser la nueva reencarnación de Lono, el dios de los excesos.

El libro es extraño, como todo lo que escribió este autor, pero muy divertido. ¿El maratón de Honolulú? ¿A quién le importa el maratón de Honolulú? Lo interesante es lo que les pasó, o lo que Thomson escribe que les pasó, a él y a Steadman, mientras fueron a cubrir ese evento; obviamente La maldición de Lono es una lectura obligada para los seguidores de Thompson, pero además funciona bien como un volumen introductorio para quienes nunca lo han leído.

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La maldición de Lono. Hunter S. Thompson. Traducción de Jesús Gómez Gutiérrez. Editorial Sexto Piso en coedición con la Universidad Autónoma de Nuevo León. México, 2016. 208 págs.