martes, 2 de junio de 2015

Terremoto: la falla de San Andrés, de Brad Peyton






Terremoto: la falla de San Andrés
(San Andreas, EEUU, Australia, 2015)
de Brad Peyton

Jesús Guerra

Ray (Dwayne Johnson) es rescatista en Los Ángeles. Pilotea un helicóptero. Lo vemos en acción para que sepamos qué tan bueno es en lo que hace. Cuando llega a su casa en el correo encuentra los papeles que debe firmar para consumar su divorcio, pero por supuesto aún ama a su mujer, Emma (Carla Gugino), a la cual perdió por no ser capaz de abrirse y mostrarle su dolor ante la pérdida de una de sus dos hijas, la cual murió en un accidente. Su otra hija, Blake (Alexandra Daddario) le llama para pedirle que le lleve unas cosas que olvidó en casa. Ray se las lleva a la casa del novio de su ex mujer. Ahí se entera que Blake tendrá que ir a Seattle por asuntos de la universidad, pero que su próximo padrastro, Daniel (Ioan Fruffudd) la llevará en su avión privado, aunque antes llegarán a San Francisco por un asunto que tiene que arreglar.




Por otra parte, vemos a un sismólogo llamado Lawrence (un muy desperdiciado Paul Giamatti) que va con un asistente al vecino estado de Nevada para confirmar que su nuevo sistema es capaz de predecir los sismos y su magnitud (aunque en realidad con muy poco tiempo de anticipación). Ahí los microsismos se convierten en un sismo fuerte, y Lawrence se entera, entonces, que el siguiente gran sismo es inminente y golpeará a Los Ángeles.

Ray se encuentra volando el helicóptero sobre Los Ángeles cuando el sismo comienza en la ciudad. Su mujer está en una torre del centro y su hija en otra torre en San Francisco...




Al igual que las películas de terror, que nos permiten sentir la emoción del miedo sin encontrarnos realmente en una situación de peligro, natural o sobrenatural, los filmes de desastres nos permiten experimentar qué sería y cómo se verían las cosas si nos encontráramos en una situación catastrófica, sin tener que experimentarla. Las cintas de desastres tienen otra función: luego de lo visto en la pantalla, salimos del cine sintiendo que nuestra vida no es tan terrible o problemática como pensábamos; es una puesta en perspectiva instantánea: ¿qué significan nuestros problemas personales en comparación a una posesión satánica o a que toda la ciudad se caiga a nuestro alrededor? Esto es lo único que puede explicar la fascinación que tiene el cine de Hollywood por los desastres naturales como espectáculo. Y a medida que la tecnología cinematográfica avanza, crece la destrucción. La ruina mostrada en la película Terremoto de 1974 (Mark Robson) es nada, con todo y sus efectos de sonido que hacían vibrar las salas de cine, comparada con la de Terremoto: la falla de San Andrés, debido no a la imaginación de los cineastas sino a sus posibilidades técnicas, que han avanzado bastante en 40 años.




Sin embargo, esa cinta del 74, aunque también es muy mala, estaba hecha, al igual que la mayor parte de las cintas de desastres, a partir de muchas microhistorias; muchos personajes nos mostraban algunos de los destinos posibles en el caso de una catástrofe: los que morían en el momento del desastre, los que ayudaban a otros, los que quedaban heridos, los que desaparecían, los que no entendían lo que sucedía, los que aprovechaban la situación para su beneficio, y un largo etcétera. La falla de San Andrés no lo ha hecho así, ha mezclado el cine de catástrofes con el cine de acción y el resultado es, literalmente, desastroso, por una sencilla razón: el héroe de la película es un héroe de la «vida real», Ray es rescatista, lo cual impide, de entrada, que los espectadores comunes y corrientes podamos identificarnos con el personaje central. Las películas de catástrofes son realistas por lo tanto nuestra identificación tiene que ser, más o menos, en el plano realista. (En las películas fantásticas la dinámica cambia y la identificación se da no a partir de lo que somos sino de lo que quisiéramos ser.)




Para colmo de males, Ray, que es rescatista profesional, no rescata a nadie más que a su esposa y a su hija, y todo lo demás carece de importancia aunque literalmente el mundo se caiga a su alrededor. Al no tener más puntos de referencia, la cinta pierde su dimensión humana. Los Ángeles y San Francisco quedan destruidas, y de hecho son destruidas ante nuestros ojos, pero la cinta queda reducida a un catálogo de efectos digitales de edificios en demolición, y eso, si bien es fascinante por un rato, termina por aburrirnos, porque en una película los efectos ayudan a la historia, no se construye una historia para mostrar efectos. La historia, el argumento, es lo que nos interesa en realidad, y eso es algo que, sorprendentemente, se les olvida a muchos cineastas.




Como esta película tiene un argumento mínimo, entonces los cineastas nos doblan y luego triplican la dosis de efectos y de catástrofes, a ver si así salimos satisfechos: no sólo hay un gran terremoto, hay dos, y el segundo es todavía peor, y de postre un tsunami en San Francisco. ¿Cuántos muertos hubo? ¿Millones? Pues nosotros no los vimos. Nos perdimos esas historias, porque el director estaba muy entretenido mostrándonos sólo una persona que estaba ahogándose... ¿y para contarnos esa historia tuvo que destruir todo San Francisco? Y ya no hablemos de las casualidades milagrosas, ni de la música grandilocuente, ni…




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Terremoto: la falla de San Andrés (San Andreas). Dirección: Brad Peyton. Guión: Carlton Cuse. Argumento: Andre Fabrizio y Jeremy Passmore. Música: Andrew Lockington. Fotografía: Steve Yedlin. Edición: Bob Ducsay. Diseño de producción: Barry Chusid. Con: Dwayne Johnson, Carla Gugino, Alexandra Daddario, Ioan Gruffudd y Paul Giamatti, entre otros. Países: Estados Unidos y Australia. 114 minutos.



domingo, 24 de mayo de 2015

Tomorrowland, de Brad Bird





Tomorrowland
(Tomorrowland, Estados Unidos, 2015)
de Brad Bird

Jesús Guerra

Tomorrowland ('La tierra del mañana', sería en español) está basada en una de las secciones del parque de atracciones Disneylandia. Esto ya de entrada debería de ser un indicador de que algo está mal. Sin embargo, la saga de Los piratas del Caribe no está basada en toda una sección de Disneylandia, sino en una sola de sus atracciones, y resultó una maravilla. Así que había espacio para el optimismo al entrar a la sala de cine, sólo para salir dos horas y diez minutos después, aburrido y con cara de «¿qué?»

La cinta abre con Frank Walker (George Clooney) hablando a la cámara. Nunca sabemos a quién se dirige, así que suponemos que a nosotros. Y mientras intenta narrar la historia que luego veremos, lo interrumpe una y otra vez Casey Newton (Britt Robertson), con añadidos y correcciones. Lo que se nos narra lo vemos ilustrado, y luego la película simplemente se sigue, olvidándose de los narradores.




Frank, de niño, era un prodigio. Inventó una mochila propulsora para volar, aunque no funcionaba del todo bien. La llevó a una feria de inventores para ganar un dinero y no lo ganó, pero ahí lo contactó una niña, bastante extraña (después sabremos por qué era extraña) llamada Athena (Raffey Cassidy), quien le dice que la siga, cuando ella y otras personas se encaminan a algún lugar por el momento desconocido. Y le entrega un pin y le dice que se lo ponga en la solapa. El pequeño Frank sigue las instrucciones y luego de pasar por secciones secretas del lugar, gracias a su pin, termina en un lugar llamado Tomorrowland, que aparentemente está en otra dimensión (¿que no se suponía que tendría que estar en nuestro futuro?). Ahí, Frank, rodeado de maravillas tecnológicas, crece y suponemos que vive feliz, hasta que hace algo, que no se dice, ni en ese momento ni nunca, motivo por el que Frank, ya adulto, es deportado de nuevo a la Tierra, en donde se convierte en una suerte de recluso de su propia casa debido a su aparente paranoia.




Por otra parte tenemos a Casey Newton, una adolescente súperinteligente aunque también muy terca, que se la pasa frustrando los intentos de la NASA por demoler una de sus bases de lanzamiento, debido a que su papá, un ingeniero espacial ahora desempleado, trabajó ahí, y porque esa base representa los sueños de la propia Casey por, algún día, viajar a las estrellas. En una de esas ocasiones es arrestada, y cuando su padre la saca de ahí, encuentra entre sus pertenencias, luego que se las devuelven en la policía, un pin idéntico al que recibió el pequeño Frank. Cuando Casey toca el pin, se ve, como en una alucinación, en otra parte, un campo muy bello y al fondo la silueta de una ciudad futurista. Sigue tocando el pin y mirando esas imágenes, hasta que llega a la ciudad del futuro y todo lo que la rodea le fascina, hasta que al pin se le acaba la batería. Así se da a la tarea de buscar de dónde salió ese pin y es entonces cuando comienza su aventura. Por supuesto, en el camino se encuentra a la misma niña extraña que conoció el pequeño Frank, Athena, y ésta le dice que lo que ella requiere es conocer al doctor Frank Walker, así que juntas roban un auto (maneja Athena, claro) y luego de varias horas de camino, Athena deja a Casey frente a la propiedad de Frank, y arranca.




Hasta aquí la cinta es confusa, debido a los saltos narrativos y a los huecos de información, pero aún interesante, pues suponemos, inocentemente, que al final lo entenderemos todo. 

La cinta tiene una premisa clara (que incluso es discutida en la cinta misma en una conversación entre Frank, Casey y el gobernador de Tomorrowland, Nix, un desperdiciadísimo Hugh Laurie), una premisa contraria a la moda existente de futuros distópicos o antiutópicos, y un mensaje muy claro también: sí, nuestro futuro puede ser terrible pero eso es sólo un futuro posible, si hacemos nuestra parte y, sobre todo, enseñamos a nuestros niños y jóvenes a trabajar por un futuro bueno, justo, ecológico, limpio, equilibrado, disfrutable y feliz, podemos lograrlo. La idea no está nada mal. El problema con esta cinta no es ni su tema ni su mensaje positivo, es la extrema confusión con que está contada la historia, los enormes huecos de información, y los errores narrativos lamentables, y, al final, el hecho de dar su mensaje de manera tan obvia y cursi que en realidad parece un anuncio de refresco.




Y es una lástima, porque técnicamente la película está muy bien hecha, y el diseño de arte es estupendo. La idea del futuro que se nos muestra es la idea que se tenía en los años 50. Lo que vemos en pantalla no es nuestro futuro, por lo menos no exactamente así, sino que es la idea fantástica del futuro de nuestro pasado. Un futuro retro. Hay una escena particularmente bella, en términos puramente visuales, que sucede en lo alto de la torre Eiffel.

No sólo es una lástima que la película no funcione en términos narrativos, sino que es una sorpresa enorme por dos motivos: el primero, porque está producida por los estudios Disney, que normalmente cuidan mucho los guiones, porque están dirigidos a niños, no sólo para que los niños entiendan bien las cosas, sino porque los niños son muy buenos para encontrar inconsistencias en los argumentos con sus eternos porqués. Es una lástima y una sorpresa, además, porque la cinta está coescrita y dirigida por el norteamericano Brad Bird, quien tiene en su filmografía como realizador dos cintas animadas realmente geniales: The Incredibles y Ratatouille (esta última mi película animada preferida), además de haber dirigido la entrega más reciente (2001) de la serie de Misión imposible. Ni modo, habrá que esperar su siguiente película.

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Tomorrowland. Dirección: Brad Bird. Guión: Damon Lindelof y Brad Bird, basado en una historia original de Damon Lindelof, Brad Bird y Jeff Jensen. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Claudio Miranda. Edición: Walter Murch y Craig Wood. Diseño de Producción: Scott Chambliss. Con: George Clooney, Hugh Laurie, Britt Robertson y Raffey Cassidy, entre otros. País: Estados Unidos. 130 minutos. 

sábado, 16 de mayo de 2015

Mad Max: Furia en el camino, de George Miller





Mad Max: Furia en el camino
(Mad Max: Fury Road, Australia, Estados Unidos, 2015)
de George Miller

Jesús Guerra

En 1979 y 1981 las dos primeras películas de Mad Max fueron, de alguna manera, aterradoras. Fueron éxitos de taquilla y, sobre todo, ejercieron una enorme influencia en el cine y en la cultura pop del planeta. Mostraron una visión enloquecida del futuro que nos provocó miedo y, por lo tanto, nos fascinó. Desde el punto de vista cinematográfico fueron innovadoras, muy entretenidas, estéticamente arriesgadas y delirantes en contenido. Eran, además, el paso lógico siguiente, y extremo, a Naranja mecánica (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick, 1971) y a otras cintas de bandas urbanas, como The Warriors (Walter Hill, 1979). En 1985, la tercera cinta de la serie, Mad Max Beyond Thunderdome, mostraba la decadencia de la saga. Los espectadores ya nos habíamos acostumbrado. Ya sabíamos qué esperar.




Treinta años después de la tercera cinta, George Miller, el mismo realizador de las tres anteriores y creador de los personajes, nos trae de regreso ese universo enloquecido de la humanidad postapocalíptica, y logra de nuevo lo que hizo en 1979 y 1981: asustarnos y fascinarnos.

Pero Mad Max: Furia en el camino, aunque de hecho es Mad Max 4, debido al tiempo que ha pasado entre las primeras tres obras y ésta, debido a los cambios de estilo, a los avances técnicos de la cinematografía, a los cambios en los espectadores mismos, es una obra que en realidad está fuera de la secuencia temporal de las primeras tres: no es una continuación de la tercera, ni es tampoco un remake de la primera, es más bien un replanteamiento de la serie y del personaje mismo.




Curiosamente, aunque técnicamente es la más compleja de las cuatro, desde la perspectiva argumental es la más sencilla de todas: es una larga persecución en todo tipo de automóviles a través del desierto por parte de los villanos a los buenos para recobrar unas mujeres. Básicamente es eso. Por supuesto el asunto central es un tanto más complicado. Gracias a una excelente narración visual, George Miller nos permite entender la cinta con un mínimo de diálogos.

Mad Max (Tom Hardy reemplazando por primera vez a Mel Gibson en este papel de Max Rockatansky), un expolicía australiano, quien no pudo proteger a su hija de la muerte y es acosado por este recuerdo y esta culpabilidad, es perseguido por una de las bandas más poderosas de la región. Es atrapado y llevado a la Ciudadela, en donde gobierna con mano dura y dándoselas de dios Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne, quien también apareció en la primera película de Mad Max). Max es golpeado y tatuado. Se le clasifica como donador universal de sangre (eso lo convierte en una bolsa de sangre) y se le encierra en una jaula.




Immortan Joe (que seguramente quiere decir 'Joe el Inmortal' pero con el adjetivo mal escrito y mal pronunciado, pues en este mundo todo está en ruinas, incluido el lenguaje y los seres humanos) se asume como un dios y le promete a su gente sacarla de las cenizas y llevarla con él a las puertas de Valhalla. Para controlar a la muchedumbre, controla todo lo demás, comenzando por el agua. Cuando quiere, abre unas compuertas que dejan caer el agua, como cascadas, sobre la gente, la cual logra recoger unas cuantas gotas en vasijas inmundas, y les advierte que no se vuelvan adictos al agua pues la van a necesitar cuando escasee. Dentro de lo que sería el cuartel de Immortan Joe (en lo alto de una montaña cavernosa), están sus guerreros (jóvenes rapados y pintados de blanco, completamente fanatizados), sus esclavos, sus mujeres (las procreadoras), sus huertos colgantes, su establo de mujeres embarazadas a las que algunos de sus hombres extraen leche que puede servir de alimento a cualquiera (leche de las madres) —esto es, a cualquiera a la que Immortan Joe quiera proporcionárselo—, su armamento y sus automóviles.




Mientras Max permanece en una jaula colgante, se prepara una expedición que se supone rutinaria: salir a robar gasolina (al pueblo de gasolina) y municiones (al pueblo de municiones). La misión está a cargo de una operadora de confianza, Imperator Furiosa (Charlize Theron), una mujer de cabello cortísimo, aceite negro sobre la frente, y una mano izquierda mecánica. Furiosa maneja el enorme tráiler que debería regresar lleno de gasolina, y es acompañada por una escolta de varios autos y algunos guerreros. Sin embargo, cuando apenas han recorrido una parte del trayecto, Furiosa se sale del camino y toma el desierto hacia el este. Sus hombres creen que ella tiene sus órdenes secretas. Pero uno de los hombres de Immortan Joe, un enano deforme que está siempre en una especie de hamaca, se da cuenta, mirando por un telescopio, que Furiosa se ha salido de la ruta. Immortan Joe va a revisar unas de sus más valiosas posesiones, las jóvenes procreadoras que mantiene encerradas, pues necesita un heredero sano, y se percata de que no están. Nos damos cuenta, entonces, que las cinco guapas jóvenes van escondidas en el tráiler de Furiosa, y comprendemos su misión secreta. Immortan Joe da la orden de perseguir a Furiosa con todo su pequeño pero aterrador ejército.




Así, toda la película, con excepción de tres muy breves momentos de tranquilidad, es una larga persecución, con escenas de batallas, siempre en movimiento. Pero ¡qué persecución!, ¡qué batallas! y ¡qué movimiento!

¿Y dónde quedó Max? Bueno, es que en realidad la película apenas comienza. Uno de los guerreros que se sube a uno de los autos que son como pequeños tanques de guerra, es Nux (un espléndido Nicholas Hoult), uno de los fanáticos enloquecidos que cree que si muere en batalla se irá al cielo, pero Nux es de los medio vivos que requiere transfusiones de sangre y lo tenían conectado a la bolsa-de-sangre llamada Max antes de decidir subirse al auto para perseguir a Furiosa. Y así como nosotros diríamos “llévate el suero al baño” a un amigo en un hospital, Nux decide amarrar a Max al frente de su auto para que la transfusión siga mientras él realiza su trabajo. De aquí que, en algún momento, Max y Furiosa terminan juntos en el tráiler que lleva a las mujeres del dictador a su liberación.




La coreografía de los ataques, en autos, en motos, en tráiler, en grúas, con hombres moviéndose como moscas sobre los carros en movimiento, y saltando de unos a otros, es asombrosa. Uno no puede dejar de pensar, en algunas secuencias particularmente complejas, tanto en los acróbatas como en la particular estética del Cirque du Soleil. Pero en este caso se trataría de los artistas del Cirque du Soleil haciendo sus acrobacias entre dos tráilers que corren paralelos a 150 kilómetros por hora en el desierto. ¡Wow! Agreguemos que esta banda de primitivos psicóticos lleva su propia música en vivo para darse ánimos y para aterrorizar al enemigo: un camión con cuatro enormes tambores y sus cuatro intérpretes, más una verdadera pared de bocinas y un músico demente con su guitarra eléctrica, que además es lanzallamas... espeluznante, absurdo y magnífico.




Se supone que el personaje central es Mad Max, pero la verdad es que ha sido Imperator Furiosa quien ha conquistado el corazón cinéfilo de los críticos de cine en todas partes. Y ya se menciona que estos dos personajes estarán juntos de nuevo en la siguiente cinta de esta nueva serie. Pero no sólo ella, también han llamado mucho la atención los demás personajes femeninos de esta obra, las procreadoras y la banda de mujeres del este. En efecto, son particularmente interesantes los apuntes feministas antimachistas, antifanáticos y religiosos (y sobre la manipulación religiosa) de esta cinta, que pudo haberse conformado con la pura acción y, para nuestra fortuna, no lo hizo.

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Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road). Dirección: George Miller. Guión: George Miller, Brendan McCarthy y Nick Lathouris. Fotografía: John Seale. Música: Junkie XL. Diseño de producción: Colin Gibson. Edición: Jason Ballantine y Margaret Sixel. Vestuario: Jenny Beavan. Con: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Zoë Kravitz, Rosie Huntington-Whiteley, Riley Keough, Abbey Lee y Courtney Eaton, entre muchos otros. Países: Australia y Estados Unidos. 120 minutos. 



viernes, 20 de marzo de 2015

No confíes en nadie (2014), de Rowan Joffe





No confíes en nadie
(Before I Go to Sleep, UK, USA, Francia, Suecia, 2014)
de Rowan Joffe

Jesús Guerra

Christine (Nicole Kidman) despierta con expresión confundida, se levanta, va al baño y ve una especie de collage de fotos de ella y de un hombre, con notas en post-it que dicen cosas como «Ben, tu marido», y luego se ve en el espejo y se siente más confundida aún. Cuando sale del baño, el hombre de las fotos (de hecho, el hombre que estaba acostado a su lado cuando ella despertó) está sentado en la cama, mirándola. Christine le pregunta: «¿Quién eres?» El hombre (Colin Firth) le responde: «Soy Ben, tu marido». Ben le dice a Christine que ella ahora tiene 40 años, que sufrió un accidente hace varios años, que tiene amnesia y sus últimos recuerdos son de cuando ella tenía veintitantos. A lo largo de la cinta nos damos cuenta que Christine perdió varios años de memoria previos al accidente, además de que perdió la capacidad de guardar información nueva. Cada noche se le borran las memorias del día, y a la mañana siguiente tiene que empezar de nuevo. Así que ese «¿Quién eres?» «Soy Ben, tu marido» y todas las explicaciones subsecuentes son el inicio de cada mañana. 

Pero hay cosas que Ben no sabe. Unos momentos después de que él se va al trabajo, suena el teléfono, Christine responde, y escucha la voz de otro hombre que le dice que habla el doctor Nasch (Mark Strong), que es un psiquiatra que la ha estado tratando últimamente, y le da unas instrucciones: que vaya a su clóset y busque en un lugar específico, que encontrará una caja de zapatos en donde está una cámara, que la encienda y vea los videos ahí grabados, que forman parte de una especie de diario que ella ha estado llevando, y que en unos minutos más él pasará a recogerla a su departamento para continuar el tratamiento, del cual Ben no sabe nada y es preferible que las cosas sigan así.

Vemos varias mañanas similares, y varios días, y cada día hay una sorpresa nueva para los espectadores (además del resto de las sorpresas diarias para Christine). Hay días en que ella sospecha que algo no está bien en la relación con Ben, hay otros en que desconfía del psiquiatra. Y nosotros, lo espectadores, por momentos comprendemos muy bien las reacciones de Christine y en otros nos sorprenden. El problema real es que no tenemos manera de entenderla. ¿Cómo puede experimentarse la vida cuando al despertar nos damos cuenta que hemos envejecido 20 años con respecto a nuestros recuerdos de ayer? Es como viajar 20 años al futuro durante la noche. Todo ha cambiado pero nosotros no tenemos el registro de esos cambios. Y las personas a las que vemos, que son desconocidas para nosotros, nos dicen que tenemos una relación con ellas... ¿Cómo se puede reaccionar a eso? ¿Con desconfianza absoluta, con una confusa depresión al comprender la situación, o con miedo pero con urgencia optimista para solucionar nuestro problema? Esto lo apunto porque he leído reseñas de esta cinta en las que atacan a Nicole Kidman por su interpretación de Christine y otras en las que la alaban. El problema es que en realidad no tenemos idea de cómo reaccionaríamos nosotros en una situación así.




Nasch le dice un día a Christine que su estado se debe a que ella fue golpeada 10 años atrás y dada por muerta por su asaltante; así descubre Christine que Ben le miente, pues esa misma mañana le explicó que ella había sufrido un accidente. Ben reconoce que hay cosas que le oculta pero es para protegerla, y le explica que eso él lo vive todos los días y hay algunos en que no puede con el peso emocional de algunos temas. Otro día Christine descubre que tuvo un hijo. ¿Qué más cosas le ocultan? ¿Y qué tantas cosas puede saber en un día de lo que le ha ocurrido en dos décadas?




La tensión aumenta con cada nueva sospecha, con cada detalle que no parece encajar, con pistas que aparecen en sueños. La cinta es muy interesante y sumamente disfrutable, tanto por el argumento como por las estupendas actuaciones de un reparto de lujo. También, por lo menos en mi caso, gracias a un estilo de filmación muy clásico (en fotografía, en trabajo de cámara y de edición), sosegado y elegante, que nos permite concentrarnos en lo que sucede en pantalla sin distraernos con cómo pasa. Es, por tanto, un filme menos espectacular que la mal llamada Amnesia (Memento, 2000, Christopher Nolan), aunque es cierto que tal vez le haya faltado experiencia o habilidad al guionista-realizador, Rowan Joffe (hijo del también realizador Roland Joffé), para hacer de esta película, basada en la novela homónima de S.J. Watson, una obra mucho más intensa. 




Curiosamente, hace poco reseñé la cinta Kingsman: el servicio secreto (2014, Matthew Vaughn), en la que también aparecen Colin Firth y Mark Strong, ambos estupendos actores, los cuales sin necesariamente cambiar su aspecto son capaces de interpretar personajes muy diferentes unos de otros. Sin que se trate de una obra maestra, a mí me parece recomendable No confíes en nadie, entre otras cosas porque forma parte de un tipo de cine que cada vez es más raro en nuestra cartelera: el cine para adultos o, mejor dicho, el cine adulto. Vale la pena apuntar que entre los muchos productores ejecutivos de esta cinta se encuentra Ridley Scott.

No confíes en nadie se llama en inglés Before I Go to Bed, es decir Antes de acostarme, que es como se llama en algunos países; en otros se llama Antes de despertar. ¿Cuál título prefieres?

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No confíes en nadie (Before I Go to Bed, 2014). Dirección y guión: Rowan Joffe, basado en la novela homónima de S.J. Watson. Fotografía: Ben Davis. Edición: Melanie Oliver. Diseño de producción: Kave Quinn. Música: Edward Shearmur. Con: Nicole Kidman, Colin Firth y Mark Strong, en los papeles principales. Países: Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Suecia. 92 minutos.






domingo, 1 de marzo de 2015

Kingsman: El servicio secreto, de Matthew Vaughn





Kingsman: El servicio secreto
(Kingsman: The secret service; Inglaterra, 2014)
de Matthew Vaughn

Jesús Guerra

En una operación militar en un país del medio oriente, un inglés se sacrifica para salvarle la vida a tres de sus compañeros. Uno de ellos es Harry Hart (Colin Firth), cuyo nombre en código es Galahad (todos los agentes de la agencia supersecreta de agentes y espías Kingsman tienen nombres de caballeros de la mesa redonda, y por supuesto el líder es Arthur, interpretado aquí, aunque lamentablemente con muy poco tiempo en pantalla, por Michael Caine). Harry Hart va a ver a la viuda del héroe y le entrega una medalla que contiene un número de teléfono y le dice unas palabras que funcionan como contraseña, que ella deberá decir a quien le responda al llamar cuando necesite algún tipo de ayuda. La mujer se niega a recibir la medalla así que Harry se la entrega al hijo del héroe.




Años después, un tal profesor Arnold (Mark Hamill, sí, el Luke Skywalker de las primeras películas de Star Wars) se encuentra secuestrado por unos rufianes. Tocan a la puerta del sitio en el que se encuentran, y entra el agente Lancelot (Jack Davenport) quien luego de una serie de piruetas asesina a todos los rufianes, cuando termina alguien más toca a la puerta, Lancelot abre y una chica lo parte en dos de una patada. La chica es Gazelle (Sofia Boutella), una joven que también sabe hacer piruetas y dar patadas, pero ella tiene prótesis en los pies, de esas que sirven para correr pero en este caso están afiladas (muy afiladas). De nuevo tocan a la puerta y es el jefe de Gazelle, el multimillonario Valentine (Samuel L. Jackson), quien se apropia del tal Arnold.




En el cuartel de Kingsman (que se encuentra detrás de una muy refinada sastrería londinense), Merlín (Mark Strong), Arthur y Galahad, o sea Harry, hablan sobre la muerte de Lancelot y se ponen de acuerdo para comenzar el proceso de conseguir al sustituto del agente asesinado. (Cada agente lleva a un o una joven con aptitudes para el trabajo en cuestión. Los agentes son como los padrinos. Se realiza el entrenamiento y el mejor se queda con el puesto libre.)




Por coincidencia, en esas fechas el joven hijo del héroe que salvó años atrás la vida de Harry y otros agentes, se encuentra en apuros. Se llama Gary Unwin y le dicen Eggsy. Su madre anda con un mafioso de barrio que les hace la vida imposible a ella y a Eggsy, y éste, por las circunstancias en que vive, es un chico rebelde. Cuando termina a punto de ser encarcelado por robarse un auto de uno de los mafiosos de la banda del novio de su madre, se le ocurre llamar al número de teléfono de la medalla que le dio Harry años atrás, da la contraseña, y un rato después está libre y platicando con Harry en un pub, al cual llega el mafioso al que Eggsy le robó el auto y Harry le da una demostración a Eggsy de lo que un caballero de Kingsman es capaz de hacer cuando está molesto. Por supuesto, Eggsy es el joven recomendado por Galahad para el entrenamiento, el cual es muy oportuno ya que la agencia supersecreta va a lanzarse a la guerra contra Valentine, que resulta ser el típico genio-loco-multimillonario que está a punto de comenzar su campaña para apoderarse del mundo y deshacerse de la mitad de la población del planeta...




Kingsman: El servicio secreto está basado —sí, obviamente— en un cómic (de Mark Millar y Dave Gibbons). Un cómic que a su vez es una suerte de homenaje hipertrofiado a cintas de agentes secretos tipo James Bond (género que ya de por sí es una versión exagerada de cintas y novelas de espías). Tiene la ventaja de no tomarse en serio, así que resulta entretenida, pero no tan divertida como se supone que debería de ser. Está bien hecha. Se deja ver, pero hay que reconocer que si no fuera por la presencia de Mark Strong, Michael Caine, Samuel L. Jackson y, en este caso, sobre todo de Colin Firth, que con su sola presencia elevan el nivel de esta obra, Kingsman no llegaría a ser lo que es, que no obstante lo anterior no creo que sea realmente gran cosa.




El productor, coguionista (junto con Jane Goldman) y director de esta película, Matthew Vaughn, ha producido entre otras cintas Lock, Stock and Two Smoking Barrels y Snatch, ambas escritas y dirigidas por Guy Ritchie (ex marido de Madonna), realizador que si bien tiene altibajos enormes, es un director mucho más competente, y si lo menciono es porque Vaughn (marido de la supermodelo Claudia Schiffer) parece intentar copiar el estilo de Ritchie, su amigo (Vaughn fue el padrino de Ritchie cuando se casó con Madonna). Sin embargo, como ya apunté, la película se deja ver y es entretenida (aunque quizá sea mejor para verla por TV en una noche de insomnio). Lo que sucede es que es una de esas películas en las que la idea central y el diseño de producción son mejores que la obra terminada. Hay una escena que vale la pena subrayar, por la manera en que está realizada, y tiene que ver con una serie de coloridas explosiones de cabezas...

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Kingsman. El servicio secreto (Kingsman: The Secret Service). Dirección: Matthew Vaughn. Guión: Jane Goldman y Matthew Vaughn, basado en el cómic The Secret Service, de Mark Millar y Dave Gibbons. Música: Henry Jackman y Matthew Margeson. Fotografía: George Richmond. Diseño de producción: Paul Kirby. Con: Michael Caine, Colin Firth, Samuel L, Jackson, Mark Strong, Taron Egerton y Sofia Boutella, entre otros. 129 minutos.