sábado, 9 de enero de 2016

Jamón, jamón, de Bigas Luna





Jamón, jamón
(España, 1992)
de Bigas Luna

Jesús Guerra

La cartelera cinematográfica que recorre el país es casi completamente norteamericana y casi completamente comercial. Son rarísimos los filmes mexicanos o europeos que podemos ver en las salas de cine, y más raras aún las películas con propuestas diferentes a la muy sobada receta estadounidense, sea cual pudiera ser su país de origen.*




México y el mundo descubrieron hace unos años, con verdadero regocijo, el cine del realizador español Pedro Almodóvar. Pero, por supuesto, y aunque los distribuidores crean lo contrario, hay más directores en España. Por fortuna, se han distribuido en nuestro país las dos más recientes cintas de Bigas Luna, Las edades de Lulú (1990), primero, y ahora Jamón, jamón. Aunque por supuesto no son sus únicos filmes (tiene, entre otros, Tatuaje (1978), Bilbao (1978), Caniche (1979), Reborn (1981) y Angustias (1987). [Ver la “Actualización”, al final de la reseña.]

Alguno se habrá presentado en la Ciudad de México en algún cine-club, en algún festival o habrá circulado en video, pero en general Bigas Luna era desconocido en nuestro país hasta antes de Las edades de Lulú. Su siguiente película es una obra divertida, interesante, desbordante de simbolismos en varios niveles, que se desplaza cómodamente de un género a otro, de la comedia al melodrama sin excederse hasta, quizá, el final, pero los excesos de una cinta no son necesariamente un defecto.



Jamón, jamón inicia con la toma de uno de los escenarios principales de la historia, la casa de Silvia (Penélope Cruz) y su madre (Anna Galiena), vista desde la colina en donde se encuentra un enorme toro, el anuncio de un conocido brandy español, y más específicamente la toma se realiza desde los cojones del animal (sobre ellos, aparece el crédito del director). Luego están los tráilers que pasan a toda hora. ¿Qué significan? ¿Una supuesta modernidad que inunda el desértico paraje? ¿La mecánica, dura, pesada masculinidad que todo lo arrolla?




Silvia es la hija de la dueña de un bar, una cocinera de “tortillas de patatas” y prostituta. Julia es la novia de José Luis, el niño rico hijo del fabricante de los calzoncillos Sansón (“todos tenemos un Sansón en nuestro interior”, dice el slogan). Silvia está embarazada y cuando se lo dice a José Luis, éste le promete que se casarán. El único obstáculo es la madre de él, pero hablará con ella o se independizará, pues está cansado de que lo traten como un niño. Cuando José Luis habla con su madre, ésta pone el grito en el cielo, pero además idea un plan. Contrata a Raúl (Javier Bardem), un repartidor de jamones (de los jamones Los Conquistadores, Hernán Cortés y hermanos), quien ha ido a buscar trabajo a la fábrica de calzoncillos como modelo. La madre de José Luis (Stefanía Sandrelli) considera que Raúl es muy guapo y lo contrata para que enamore a Silvia. Sin embargo, es ella misma quien se enamora de Raúl. Las cosas se van complicando cuando nos enteramos que José Luis no sólo es el novio de Silvia, sino que es el amante de la madre de ésta, al igual que lo fue su propio padre.




La necesidad de afecto, el deseo, la corrupción económica, los chantajes sexuales, la sobreprotección, la posesión de unos por otros, la feminidad, la masculinidad, la pureza y su contrario, son los elementos que tienen la mayor importancia en esta historia, y son los elementos constantemente simbolizados de mil maneras, logrando que este film sea un verdadero banquete (ya que los alimentos tienen su papel, también), un festín, una cinta riquísima, rebosante de significados.




Las perlas de la aparentemente decente madre se le caen constantemente, y su hijo está harto de las presiones sociales y familiares, y por carecer de cojones se los rompe al toro de cartón, para que Silvia los recoja y se tape con ellos para protegerse de la lluvia… si el trágico y melodramático final resulta edípico es porque Bigas Luna nos bombardea con símbolos para decirnos… ¿qué?, ¿que nuestra sociedad tiene acorralado al deseo, que debemos bajarlo a golpes de los anuncios para hacerlo parte de nuestra vida “real”, aceptarlo, liberarlo? Vea Jamón, jamón, gócela y decida.




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* Las reseñas de la sección Cine de Hoy (2001-2010), y muchas de Cine de Ayer (1971-2000), fueron escritas en las fechas del estreno en México de esas obras, salvo aclaración, y son publicadas aquí (más o menos) como fueron publicadas en su momento en medios impresos de Coahuila.

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Actualización:
El director Bigas Luna (nacido el 19 de marzo de 1946, en Barcelona, murió el 6 de abril de 2013), realizó varias películas posteriores a la reseñada aquí, entre ellas: Huevos de oro (1993), La teta y la Luna (1994), Bámbola (1996), La femme de chambre du Titanic (1997), Volavérunt (1999), Son de mar (2001), Yo soy la Juani (2006), Mouche d’amour (2010) y Di Di Hollywood (2010).

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Jamón, jamón. Dirección: Bigas Luna. Guión: Cuca Canals, Bigas Luna y Quim Monzó. Fotografía: José Luis Alcaine. Edición: Teresa Font. Diseño de producción: Gloria Martí-Palanqués y Pep Oliver. Música: Nicola Piovani.  Con: Stefanía Sandrelli, Anna Galiena, Juan Diego, Penélope Cruz, Javier Bardem y Jordi Mollà, entre otros. País: España. 1992. 95 minutos.




sábado, 2 de enero de 2016

Un día de furia, de Joel Schumacher





Un día de furia
(Falling Down, EEUU, 1993)
de Joel Schumacher

Jesús Guerra

Joel Schumacher es un hábil artesano que ha dirigido algunas comedias interesantes, como El primer día del resto de nuestras vidas (St. Elmo’s fire, 1985), Los muchachos perdidos (The Lost Boys, 1987) o Cousins (1989), entre otras. Pero Un día de furia es otra cosa, es un film muy fuerte, sobre todo visto en su contexto: la Norteamérica de nuestros días. Por eso, desde su estreno en los Estados Unidos, esta película levantó una gran polémica: ¿es una cinta “políticamente correcta”?, ¿es racista?, ¿contra quién está?

El personaje principal —interpretado por Michael Douglas— se llama William pero de esto nos enteramos casi hasta el final del film, incluso en los créditos finales se le denomina D-FENS, que era su placa automovilística personalizada (y que suena igual que la palabra defense, es decir, defensa). Y defensa es lo que lo caracteriza, no sólo porque es un hombre paranoico (pero cómo no serlo en su medio, en una ciudad tan caótica como Los Ángeles) quien, además, trabajaba hasta hace un mes en una fábrica de misiles, esto es, trabajaba en la defensa de su país.



No quiero contar el argumento, sólo diré que esta cinta trata de un día bastante especial de un hombre blanco, clase media, (ex) trabajador de la defensa, que un día truena en medio de un embotellamiento de tránsito, abandona su auto y se lanza, a pie, hasta lo que él considera “su hogar” en Venice Beach, aunque en realidad es la casa de su exesposa, Beth (Bárbara Hershey) y de su hija Adele, quien, ese día precisamente, cumple años.

Pero una gran urbe como Los Ángeles no es fácil de cruzar sin una buena dosis de frustraciones, y Bill D-FENS es un hombre que explota con facilidad. Así, en su travesía por la ciudad, se va topando con una serie de obstáculos y se tiene que enfrentar, además, a una serie de gentes por cuestiones de “territorialidad”. ¿En qué momentos son “justificados” sus actos? Aquí el problema consiste en que el espectador tendería a identificarse con él (¿quién no ha fantaseado con tener una pistola en la mano para persuadir a un mesero necio o a un automovilista abusivo?), y es por eso que resulta tan importante la ambigüedad de esta cinta, la relatividad de las situaciones, porque, aunque el tipo está mal de la cabeza, también, desde algún punto de vista, este hombre tiene razón, o por lo menos en parte (como todos nosotros).



Bill trabajaba para un área nacional necesariamente paranoica: la defensa. Un departamento que se encarga de culpar al “exterior” por los problemas del país. Pero al recorrer la ciudad, Bill se percata de que los problemas nacionales son internos —pobreza, racismo, incomprensión de unos y otros grupos, ignorancia, corrupción, etcétera—. A Bill le sucede lo mismo en este día: culpa de todo al exterior, a “los otros”, pero sus verdaderos problemas son internos.

El “viaje” que Bill hace desde Pasadena a Venice (o sea, de un extremo a otro de Los Ángeles) es también la metáfora de su viaje interno, de las presiones “normales” extremas que lo conducen a los linderos de la locura; viaja de la tierra firme al mar, es decir, de bases en donde se puede estar de pie con seguridad hasta donde cualquiera se hunde.




La cuestión racial es particularmente importante: en esta cinta, en los Estados Unidos y, sobre todo, en California. Su explosión con el tendero coreano es justificada sólo desde el punto de vista económico, Bill juzga que el tendero lo está robando (pero significativamente la disputa es por minucias: 35 centavos de dólar), y sin embargo Bill se equivoca de registro y pasa a insultar al tendero por ser un inmigrante, por no hablar “correctamente” el inglés. Ése es un acto racista. Pero la pelea con los pandilleros chicanos ya no es racista, simplemente se defiende de un ataque por cuestiones de territorio —aunque también habría que ver las cosas desde la perspectiva de ellos: ¿qué está haciendo este blanco clasemediero, de camisa blanca y corbata en nuestro espacio?—. Tal vez, para disipar lo que podría verse hasta aquí como una justificación del fascismo de la clase media blanca norteamericana, Bill le deja muy claro al loco neonazi que cree identificarse con él que no son iguales, que a él no le interesa matar negros, sólo quiere ir a su casa, el lugar adonde él pretende regresar, en donde las cosas podrían ser como antes.

Si bien este film nos muestra cómo la clase media, nostálgica del pasado, no puede manejar el presente, no deja de ser interesante que Bill ataca a cada individuo con las armas de ellos mismos. A pesar de esa escena antifascista, la cinta podría ser vista como una justificación del fascismo anglosajón. Para recalcar que ésta no es la solución, que la clase media blanca, por nostálgica que se sienta, debe madurar, aprender a convivir con las otras razas y a manejar, también, sus deseos, el guionista, Ebbe Roe Smith, nos muestra un contrapunto interesante: el policía Prendergast (Robert Duvall). Él también es blanco, más o menos de clase media; él también trabaja en la defensa. Sin embargo, él sí se lleva bien con personas de otras razas (su mejor amiga es chicana), él sí tiene esposa (Bill añora a la suya), pero Prendergast la tiene que soportar, pues “no está manejando bien su menopausia”. Ambos hombres han perdido a una hija (pero el policía lo ha aceptado). Bill no trabaja porque lo han corrido, en tanto que Prendergast está a punto de jubilarse antes de tiempo (¿qué es esto, que el trabajo no lo es todo, o que siempre habrá otras alternativas?). Lo que uno añora con nostalgia, el otro lo acepta con resignación (el mismo policía dice: “Cada quien tiene su idea del paraíso”).



…Y es que Bill no sabe lo que quiere. Luego de amenazar al gerente imbécil del restaurante porque no le quiere servir un desayuno tres minutos después de la hora, Bill cambia de opinión y prefiere la comida. Aunque, claro, lo que le dan no es lo que le ofrecen. Bill representa al norteamericano a quien el American Dream le ha mentido —como a casi todos los estadounidenses—. Si Bill D-FENS cree en un principio que quienes lo roban y le disputan el territorio son los inmigrantes, los pobres (la clase inferior a él), al cruzar un club de golf de entrada restringida sólo para sus miembros, se da cuenta de que también los blancos ricos de su país le disputan el territorio. Efectivamente, demasiada realidad en un solo día.

La película nos presenta los hechos, pero las reacciones son personales. Dependen de nuestra capacidad para soportar la frustración, así como de nuestra “propia idea del paraíso”.

Aunque es netamente norteamericana, las cosas aquí son diferentes: pese a que está filmada en la ciudad cinematográfica por excelencia y sus actos ocurren en dicha ciudad, lo que vemos aquí es totalmente “el otro L.A.”

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* Las reseñas de la sección Cine de Hoy (2001-2010), y muchas de Cine de Ayer (1971-2000), salvo aclaración, fueron escritas en las fechas del estreno en México de esas obras, y son publicadas aquí (más o menos) como fueron publicadas en su momento en medios impresos de Coahuila.

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Actualización:
El realizador Joel Schumacher (nacido en 29 de agosto de 1939, e Nueva York), ha realizado muchas películas después de Un día de furia, entre ellas: Batman Forever (1995), A Time to Kill (1996), Batman & Robin (1997), 8MM (1999), Tigerland (2000), Phone Booth (2002), Veronia Guerin (2003), The Phantom of the Opera (2004), The Number 23 (2007), Twelve (2010) y Trespass (2011), entre otras.

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Un día de furia (Falling Down). Dirección: Joel Schumacher. Guión: Ebbe Roe Smith. Fotografía: Andrzej Bartkowiak. Edición: Paul Hirsch. Diseño de producción: Barbara Ling. Con: Michael Douglas, Robert Duvall, Barbara Hershey, Rachel Ticotin y Tuesday Weld, entre otros. País: EEUU. 1993. 113 minutos.





viernes, 16 de octubre de 2015

Los huéspedes, de M. Night Shyamalan






Los huéspedes
(The Visit, EEUU, 2015)
de M. Night Shyamalan

Jesús Guerra

Vale la pena ver la más reciente película del realizador M. Night Shyamalan, Los huéspedes, sobre todo si uno es seguidor de su obra y piensa que sus películas, incluso cuando son malas, tienen algo interesante. Más aún, porque esta película parece mostrar un cambio en su —hasta ahora— descendente carrera.

La madre (Kathryn Hahn) de Becca (Olivia DeJonge) y Tyler (Ed Oxenbould) los manda a pasar una semana con sus padres (es decir, los abuelos maternos de los niños), porque ella va a pasarse unos días en un crucero con su novio. Esto sería del todo normal si no fuera por el hecho de que los niños no conocen a sus abuelos, ni siquiera han visto fotos de ellos, pues su madre luego de un pleito con sus padres se fue de la casa, y tiene 15 años sin hablar con ellos. Pero ahora los abuelos quieren conocer a sus nietos...




Los niños (él de unos 11, y ella de unos 14) son bastante desenvueltos e inteligentes, hay que decirlo (a mí me parecieron simpáticos, pero a algunos espectadores les parecerán insoportables, sin duda). Además, Becca (supongo que un alter ego del propio M. Night Shyamalan), que sabe bastante de cine, decide hacer un documental de su semana con sus abuelos, y por si esto fuera poco, tiene una agenda secreta: quiere que sus abuelos perdonen a su hija (es decir, a la madre de Becca). Así que la película que vemos es, de hecho, el material grabado por Becca y Tyler para su documental, y si bien este recurso ya está muy sobado, MNS lo utiliza bastante bien.




Los niños llegan a la casa de sus abuelos, el lugar en donde su madre se crió, y han estado grabando desde antes del viaje. Las grabaciones nos muestran el presente, y las entrevistas de Becca (con su madre, al inicio, y con sus abuelos durante su estancia en la casa de éstos) sirven para indagar en el pasado. Los abuelos —Nana (Deanna Dunagan) y Pop Pop (Peter McRobbie)— son gente de campo, y son viejos y raros. Por supuesto, la justificación inicial es que son raros porque son viejos, pero la verdad es que son bastante más raros que eso... son siniestramente raros.

A los niños el abuelo les pide que se encierren en su recámara a las 9:30 de la noche y no salgan hasta la mañana siguiente. ¡A las 9:30 de la noche! Los jóvenes no lo pueden creer. Se encierran con sus smarthpones y la computadora de Becca, aburridísimos. Pero comienzan a suceder cosas extrañas. Escuchan ruidos en el corredor. ¿Deben salir o no? Abren la puerta y ven a su abuela, desnuda, arañando una pared... Sí, siniestramente extraños. Y los sucesos extraños empeoran.




La cinta pasa de la comedia al misterio y al terror de manera desconcertante. La obra tiene unas escenas muy efectivas, que incluso cuando pasan del terror a la comedia, nos dejan —a los espectadores y a los nietos visitantes—, con un extraño sabor de boca (como la escena del juego de Las Escondidas…). Y si de algo estoy seguro con respecto a esta cinta, es que estos abuelos dejarán un recuerdo imborrable en el espectador atento.

El sitio IMDb reporta que M. Night S. editó tres versiones de la cinta: una como comedia, una como terror y la tercera, que es la que se estrenó, a medio camino. La verdad es que la obra es extrañamente buena y mala, al mismo tiempo, tan extraña como el también desconcertante descenso de la carrera de su director.




La primera película de M. Night Shyamalan, Praying with Anger (1992), exhibida en festivales, pero no de manera comercial, la filmó cuando tenía 20 años de edad, y mostraba un enorme talento. En el sitio de cine IMDb tiene una calificación (otorgada por los usuarios) de 5.4 / 10. La segunda, Wide Awake (1998), una comedia, obtuvo 6.2 en el mismo sitio. Su tercera cinta, la que lo catapultó a la fama internacional, The Sixth Sense (El sexto sentido, 1999), con Bruce Willis, obtuvo su calificación más alta: 8.2 en IMDb y 64 / 100 en el sitio Metascore (que reúne ligas a reseñas de críticos profesionales).




Unbreakable (El protegido, 2000), también con Bruce Willis, bajó a 7.2 (IMDb) y quedó igual que la anterior en MS: 64. Signs (Señales, 2002), con Mel Gibson y Joaquin Phoenix, bajó su calificación a 6.7 (IMDb) y 59 (MS). The Village (La aldea, 2004), con Joaquin Phoenix, bajó a 6.5 (IMDb) y 44 (MS). Lady in the Water (La dama en el agua, 2006), con Paul Giamatti y Bryce Dallas Howard, bajó aún más: 5.7 (IMDb) y 36 (MS). The Happening (El fin de los tiempos, 2008), con Mark Wahlberg, descendió de nuevo: 5.1 (IMDb) y 34 (MS). The Last Airbender (El último maestro del aire, 2010) es la cinta de MNS con la peor calificación: 4.3 (IMDb) y 20 (MS), y After Earth (Después de la Tierra, 2013), con Will Smith y su hijo, Jaden, subió ligeramente: 4.9 (IMDb) y 33 (MS). La más reciente, The Visit (Los huéspedes), ha subido de nuevo: 6.7 (IMDb) y 55 (MS), es decir que tanto para los cinéfilos de a pie como para los críticos profesionales esta cinta está más o menos al nivel de Signs.




El cineasta invirtió lo que ganó con la dirección de After Earth para coproducir The Visit, una cinta de bajo presupuesto (cinco millones de dólares), con la intención de quedarse con el control artístico de la película, control que las grandes productoras no le otorgaron en sus filmes de alto presupuesto. Esto, quizá, puede señalar un cambio en la carrera de este guionista-realizador, y tal vez, con un poco de suerte, podrá dirigir pronto una gran película, la que hemos estado esperando de él desde 1999.

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Los huéspedes (The Visit). Guión y Dirección: M. Night Shyamalan. Fotografía: Maryse Alberti. Edición: Luke Franco y Ciarrocchi. Diseño de producción: Naaman Marshall. Con: Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie y Kathryn Hahn, entre otros. País: EEUU. 94 minutos.



domingo, 4 de octubre de 2015

Misión Rescate (The Martian, EEUU, 2015) de Ridley Scott




Misión Rescate
(The Martian, EEUU, 2015)
de Ridley Scott

Jesús Guerra

En una misión en Marte, mientras los astronautas exploran y recogen muestras cerca de la nave, una sorpresiva tormenta amenaza con derribar la nave —lo cual impediría que lograran despegar—, así que la capitana, Melissa Lewis (Jessica Chastain) ordena abortar la misión y regresar de inmediato. Todos están muy cerca unos de otros pero el polvo impide la visibilidad. Un objeto metálico que es parte del equipo, se desprende con el viento, vuela y golpea a uno de los astronautas, Mark Watney (Matt Damon). Los compañeros intentan buscarlo pero no ven nada y además tienen que subir a la nave de inmediato. Todo hace suponer que Mark está muerto. La nave despega.




Sin embargo, Mark despierta al día siguiente, tirado en la roja arena; todo está en calma a su alrededor; es de día. Se pone de pie y ve las instalaciones de la base pero no la nave. Se da cuenta que está herido y que está solo. Camina a la base, un campamento de lujo en el que el equipo de seis astronautas iba a pasar 30 días y sólo habían pasado menos de una semana. Mark debe enfrentar dos problemas fundamentales: encontrar la manera de comunicarse a la Tierra y sobrevivir hasta que lo puedan rescatar, si es que se puede. Su esperanza es que está planeada otra misión a Marte, que debería de llegar en ¡cuatro años!, pero el lugar de aterrizaje para esa misión futura está a más de tres mil kilómetros de distancia del lugar en el que se encuentra. Es decir, Mark es el Robinson Crusoe de la era espacial.




Es una lástima que los hispanoamericanos necesitemos de títulos descriptivos para que nos animemos a ver una película (o para leer un libro), «Misión Rescate» es un título genérico que se pudo aplicar a otras mil películas en las que, en efecto, se organiza una misión para rescatar a alguien. El nombre en inglés es mucho más impactante y por lo tanto memorable: 'El Marciano', ya que Mark, mientras se encuentra en el planeta rojo, es el único ser vivo del planeta, y esto además tiene ecos de la obra de Ray Bradbury, en la que plantea que los marcianos serán los terrícolas cuando nuestra especie colonice el planeta vecino.




The Martian es una película emocionante y divertida que mezcla acción, humor y drama, que nunca cae en el melodrama ni la cursilería, y que, sin ser una obra de acción trepidante, jamás pierde el ritmo, nunca se cae, y mantiene nuestra atención fija en la pantalla durante sus 141 minutos. Por este motivo, la cinta puede interpretarse como una suerte de regreso de Ridley Scott. No es que este cineasta inglés de 77 años de edad (el 30 de noviembre próximo cumplirá los 78) haya dejado de filmar ni de producir películas, pero su obra, aunque siempre técnicamente perfecta y visualmente muy bella, tiene marcados altibajos. Y así como ha hecho cintas extraordinarias como Los duelistas (1977), Alien (1979) y Blade Runner (1982), y cintas discutibles pero exitosas, como Thelma & Louise (1991, que en México tiene el rídículo nombre Un final inesperado), Gladiator (2000), Black Hawk Down (2001), Kingdom of Heaven (2005) y Prometheus (2012), tiene otras realmente cuestionables o francamente malas, como Legend (1985), G.I. Jane (1997) y Éxodo (2014), y las que están a medio camino: Someone to Watch Over Me (1987), Black Rain (1989), 1492: Conquista del Paraiso (1992), Hannibal (2001), Matchstick Men (2003), A Good Year (2006), American Gangster (2007) y Robin Hood (2010), por mencionar sólo algunas obras de su larga filmografía.




Ridley Scott es uno de esos directores que por haber realizado algunas grandes películas, y otras estupendas, cuando hace alguna obra a la que le ponemos algunos peros, por bellas y por técnicamente perfectas que sean, sus seguidores decimos que no están a su altura (aunque si las hubiera hecho otro cineasta diríamos que son buenísimas. Es un asunto psicológicamente complicado). The Martian, sin que sea una película que reta intelectualmente al espectador, es una cinta muy disfrutable, que funciona en todos sus aspectos, aunque quizá, si nos ponemos quisquillosos, tenga algunos puntos problemáticos, pero en realidad es una película que nos emociona y nos hace sentir bien, y por eso los espectadores salimos muy contentos del cine. Si Náufrago (Cast Away, 2000, Robert Zemeckis) se pasó de melodrama, y Gravedad (Gravity, 2013, Alfonso Cuarón) se pasó, quizás, de aspectos técnicos, The Martian se mantiene en equilibrio. Pero no sólo salimos contentos por la historia, incluso si muchos espectadores no lo perciben de manera conciente, salimos contentos porque en la cinta todo funciona bien. El argumento, el guión, la dirección, las actuaciones, la fotografía, la edición, la música, la escenografía...




El reparto también es estupendo: Jeff Daniels, Michael Peña, Sean Bean, Kate Mara, Sebastian Stan, Aksell Hennie, Chiwetel Ejiofor y muchos otros en papeles menores, además de los ya mencionados, Jessica Chastain y Matt Damon. Sin embargo, en términos de actuación la cinta claramente está dividida en tres partes, aunque entremezcladas: la Tierra, en donde intervienen casi todos los actores que aparecen en la cinta; la nave espacial, en donde interactúan los cinco astronautas que lograron despegar en la tormenta marciana, y Marte, en donde actúa solo Matt Damon. Con respecto al tiempo, más o menos la mitad de la cinta transcurre en Marte, lo que quiere decir que en Matt Damon recae el peso de la mitad de la obra en cuanto a actuación.

El argumento está adaptado de la novela homónima de Andy Weir, un programador que escribió esta novela por diversión, la publicó en su blog y posteriormente, en edición de autor, la vendió como libro electrónico en Amazon, y se hizo famosa por pura publicidad de persona a persona. El guión estuvo a cargo de Drew Goddard, quien ha escrito guiones de capítulos de series como Buffy, the Vampire Slayer, Angel, Alias, Lost y Daredevil, y de las películas Cloverfield, The Cabin in the Woods y World War Z.

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Misión Rescate (The Martian). Dirección: Ridley Scott. Guión: Drew Goddard, basado en la novela homónima de Andy Weir. Fotografía: Dariusz Wolski. Edición: Pietro Scalia. Música: Harry Gregson-Williams. Diseño de producción: Arthur Max. Vestuario: Janty Yates. Con: Matt Damon, Jessica Chastain, Jeff Daniels, Sean Bean y Chiwetel Ejiofor, entre otros. País: EEUU. 141 minutos.


sábado, 13 de junio de 2015

Mundo Jurásico, de Colin Trevorrow




Mundo Jurásico
(Jurassic World, EEUU, China, 2015)
de Colin Trevorrow

Jesús Guerra

En la famosa Isla Nublar, muy cerca de Costa Rica, en donde estuvo el primer Parque Jurásico (que nunca abrió sus puertas al público), hay ahora, 22 años después, uno que sí funciona y que ya no se llama parque sino mundo: Mundo Jurásico. Está lleno de gente, es exitoso, su nuevo dueño es el multimillonario Simon Masrani (Irrfan Khan), y la directora es Claire (Bryce Dallas Howard), una joven ejecutiva que es todo lo que se espera de los ejecutivos (controladora, fría, dura, incansable). El encargado de domar a los dinosaurios, incluidos los famosos ‘raptors’ (con quienes ya preparan un show) es un joven con todas las características de los antiguos vaqueros, aunque él más bien monta en moto, llamado Owen (Chris Pratt). Uno de sus asistentes, o algo así, es Barry (Omar Sy, muy desperdiciado, tanto el personaje como el actor), y hay una suerte de consultor militar, cuyo papel en el parque de atracciones es poco claro pero su papel en la cinta no lo es: el villano, Hoskins (Vincent D'Onofrio), quien quiere a toda costa convencer al dueño del parque de utilizar a los ‘raptors’ como armas para el ejército norteamericano. Él, feliz, se los imagina ya destrozando enemigos (D’Onofrio es un actor estupendo pero aquí también está desperdiciado).




Por otra parte tenemos a la hermana de Claire, Karen (Judy Greer), en los Estados Unidos, cuyo matrimonio está en problemas. Quizá para darle un poco de espacio, quizá porque son vacaciones, quizá porque se siente un poco culpable de que desde hace años no ve a sus sobrinos, Claire los ha invitado, sólo a los dos jóvenes, Gray (Ty Simpkins), de unos 10 años, y Zach (Nick Robinson), de unos 16, a que pasen unos días de vacaciones en el parque, supuestamente con ella. Pero es obvio que ella no tiene tiempo de nada porque sus múltiples ocupaciones la tienen saturada, así que Claire los deja al cuidado de una de sus asistentes, Zara (Katie McGrath), una chica que quiere seguir los pasos de su jefa. Los chicos, que se sienten molestos por estar al cuidado de una desconocida, deciden escapar de su vigilancia, lo cual logran con eficaz rapidez.




Lo que casi nadie sabe, pues no lo sabe ni siquiera Owen, es que hay un nuevo dinosaurio en una sección cerrada, que espera el momento de su presentación en sociedad. Se trata de un dinosaurio inventado, que nunca existió, creado con la mezcla de varios dinosaurios: la receta, por supuesto, es secreta, pero la idea que está detrás es típica de las grandes corporaciones; como los dinosaurios ya no asombran a casi nadie y las entradas al parque han bajado, requerían una nueva atracción, una que fuera más grande, más peligrosa, más aterradora, más impresionante que el T. Rex. En el nuevo Mundo Jurásico, claro está, cometen el mismo error que se cometió en el antiguo Parque Jurásico: subestimaron a su propia criatura, y por supuesto las cosas se salen de control justo el día que llegan al parque los sobrinos de Claire.




¿Es divertida la película? ¿Funcionan sus efectos especiales? ¿Se ven impresionantes sus dinosaurios? Claro. La película está bien hecha. Costó alrededor de 150 millones de dólares. Los dinosaurios siguen siendo espectaculares y ahora los podemos ver en 3D. Y como ahora hay cientos, quizá miles, de visitantes en el parque, cuando el caos se desencadena es a gran escala. A los niños y los adolescentes que sólo han visto las películas anteriores de la serie en televisión debe de encantarles, PERO (el terrible pero), a quienes vimos la película original en cines en 1993 (en efecto, ¡hace 22 años!), la película nos decepciona. Nos decepciona porque básicamente es la misma historia pero no tan bien contada. Y es que, en términos puramente argumentales, de historia básica, ¿qué más puede tener? A una historia se le pueden agregar adornos pero en esencia no se puede cambiar sin deformarla. El problema no está en esta película (bueno en parte sí, eso ahorita lo vemos) sino en el hecho de que la serie de Parque Jurásico ya está agotada. Mundo Jurásico comete el mismo error que la corporación de su narración, nos quisieron vender lo mismo pero como los dinosaurios ya no asombran a casi nadie, requerían una nueva atracción, un dinosaurio que fuera más grande, más peligroso, más aterrador, más impresionante que el T. Rex. Y si bien el resultado no es catastrófico como en la historia, y evidentemente va a ganar mucho dinero esta película, lo cierto es que no es una cinta memorable, y ni siquiera es tan emocionante como la original.




Ahora, si la quisiéramos juzgar como una suerte de re-make de la cinta de 1993, el problema estaría en sus modificaciones. Por bien que estén en sus papeles los actores centrales, no hay en esta versión ni un solo personaje que sea notable. No está alguien como el Dr. Alan Grant (el estupendo Sam Neill), ni como el matemático Ian Malcolm (el también estupendo y excéntrico Jeff Goldblum). Los personajes centrales de la nueva versión están bien desarrollados pero sin gracia. Los de la primera película estaban adaptados de una novela, de Michael Crichton, por él mismo. Y la película fue dirigida por Steven Spielberg, que por cursi que sea es buenísimo en el manejo del suspenso. En ésta no hay suspenso alguno. Claro que la mano de Spielberg (que está acreditado como productor ejecutivo) se nota en detalles. El dinosaurio moribundo parece una versión de E.T., por poner un ejemplo. El beso entre Owen y Claire (porque se besan, claro, y no creo estar revelando un secreto) nos recuerda al de Indiana Jones y Marion.




El director, Colin Trevorrow, hace un trabajo muy decente en términos generales, pero se quedó corto. Habrá que ver qué sucede con las siguientes, porque, por supuesto, ya se habla de una o varias continuaciones.

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Mundo Jurásico (Jurassic World). Dirección: Colin Trevorrow. Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver, Colin Trevorrow y Dereck Connolly, basado en una historia de Rick Jaffa y Amanda Silver. Música: Michael Giacchino. Fotografía: John Schwartzman. Edición: Kevin Stitt. Diseño de producción: Ed Verreaux. Con: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Vincent D’Onofrio, Ty Simkins, Irrfan Khan, Nock Robinson, Omar Sy, y BD Wong, entre otros. Países: EEUU y China. 124 minutos.