sábado, 16 de mayo de 2015

Mad Max: Furia en el camino, de George Miller





Mad Max: Furia en el camino
(Mad Max: Fury Road, Australia, Estados Unidos, 2015)
de George Miller

Jesús Guerra

En 1979 y 1981 las dos primeras películas de Mad Max fueron, de alguna manera, aterradoras. Fueron éxitos de taquilla y, sobre todo, ejercieron una enorme influencia en el cine y en la cultura pop del planeta. Mostraron una visión enloquecida del futuro que nos provocó miedo y, por lo tanto, nos fascinó. Desde el punto de vista cinematográfico fueron innovadoras, muy entretenidas, estéticamente arriesgadas y delirantes en contenido. Eran, además, el paso lógico siguiente, y extremo, a Naranja mecánica (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick, 1971) y a otras cintas de bandas urbanas, como The Warriors (Walter Hill, 1979). En 1985, la tercera cinta de la serie, Mad Max Beyond Thunderdome, mostraba la decadencia de la saga. Los espectadores ya nos habíamos acostumbrado. Ya sabíamos qué esperar.




Treinta años después de la tercera cinta, George Miller, el mismo realizador de las tres anteriores y creador de los personajes, nos trae de regreso ese universo enloquecido de la humanidad postapocalíptica, y logra de nuevo lo que hizo en 1979 y 1981: asustarnos y fascinarnos.

Pero Mad Max: Furia en el camino, aunque de hecho es Mad Max 4, debido al tiempo que ha pasado entre las primeras tres obras y ésta, debido a los cambios de estilo, a los avances técnicos de la cinematografía, a los cambios en los espectadores mismos, es una obra que en realidad está fuera de la secuencia temporal de las primeras tres: no es una continuación de la tercera, ni es tampoco un remake de la primera, es más bien un replanteamiento de la serie y del personaje mismo.




Curiosamente, aunque técnicamente es la más compleja de las cuatro, desde la perspectiva argumental es la más sencilla de todas: es una larga persecución en todo tipo de automóviles a través del desierto por parte de los villanos a los buenos para recobrar unas mujeres. Básicamente es eso. Por supuesto el asunto central es un tanto más complicado. Gracias a una excelente narración visual, George Miller nos permite entender la cinta con un mínimo de diálogos.

Mad Max (Tom Hardy reemplazando por primera vez a Mel Gibson en este papel de Max Rockatansky), un expolicía australiano, quien no pudo proteger a su hija de la muerte y es acosado por este recuerdo y esta culpabilidad, es perseguido por una de las bandas más poderosas de la región. Es atrapado y llevado a la Ciudadela, en donde gobierna con mano dura y dándoselas de dios Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne, quien también apareció en la primera película de Mad Max). Max es golpeado y tatuado. Se le clasifica como donador universal de sangre (eso lo convierte en una bolsa de sangre) y se le encierra en una jaula.




Immortan Joe (que seguramente quiere decir 'Joe el Inmortal' pero con el adjetivo mal escrito y mal pronunciado, pues en este mundo todo está en ruinas, incluido el lenguaje y los seres humanos) se asume como un dios y le promete a su gente sacarla de las cenizas y llevarla con él a las puertas de Valhalla. Para controlar a la muchedumbre, controla todo lo demás, comenzando por el agua. Cuando quiere, abre unas compuertas que dejan caer el agua, como cascadas, sobre la gente, la cual logra recoger unas cuantas gotas en vasijas inmundas, y les advierte que no se vuelvan adictos al agua pues la van a necesitar cuando escasee. Dentro de lo que sería el cuartel de Immortan Joe (en lo alto de una montaña cavernosa), están sus guerreros (jóvenes rapados y pintados de blanco, completamente fanatizados), sus esclavos, sus mujeres (las procreadoras), sus huertos colgantes, su establo de mujeres embarazadas a las que algunos de sus hombres extraen leche que puede servir de alimento a cualquiera (leche de las madres) —esto es, a cualquiera a la que Immortan Joe quiera proporcionárselo—, su armamento y sus automóviles.




Mientras Max permanece en una jaula colgante, se prepara una expedición que se supone rutinaria: salir a robar gasolina (al pueblo de gasolina) y municiones (al pueblo de municiones). La misión está a cargo de una operadora de confianza, Imperator Furiosa (Charlize Theron), una mujer de cabello cortísimo, aceite negro sobre la frente, y una mano izquierda mecánica. Furiosa maneja el enorme tráiler que debería regresar lleno de gasolina, y es acompañada por una escolta de varios autos y algunos guerreros. Sin embargo, cuando apenas han recorrido una parte del trayecto, Furiosa se sale del camino y toma el desierto hacia el este. Sus hombres creen que ella tiene sus órdenes secretas. Pero uno de los hombres de Immortan Joe, un enano deforme que está siempre en una especie de hamaca, se da cuenta, mirando por un telescopio, que Furiosa se ha salido de la ruta. Immortan Joe va a revisar unas de sus más valiosas posesiones, las jóvenes procreadoras que mantiene encerradas, pues necesita un heredero sano, y se percata de que no están. Nos damos cuenta, entonces, que las cinco guapas jóvenes van escondidas en el tráiler de Furiosa, y comprendemos su misión secreta. Immortan Joe da la orden de perseguir a Furiosa con todo su pequeño pero aterrador ejército.




Así, toda la película, con excepción de tres muy breves momentos de tranquilidad, es una larga persecución, con escenas de batallas, siempre en movimiento. Pero ¡qué persecución!, ¡qué batallas! y ¡qué movimiento!

¿Y dónde quedó Max? Bueno, es que en realidad la película apenas comienza. Uno de los guerreros que se sube a uno de los autos que son como pequeños tanques de guerra, es Nux (un espléndido Nicholas Hoult), uno de los fanáticos enloquecidos que cree que si muere en batalla se irá al cielo, pero Nux es de los medio vivos que requiere transfusiones de sangre y lo tenían conectado a la bolsa-de-sangre llamada Max antes de decidir subirse al auto para perseguir a Furiosa. Y así como nosotros diríamos “llévate el suero al baño” a un amigo en un hospital, Nux decide amarrar a Max al frente de su auto para que la transfusión siga mientras él realiza su trabajo. De aquí que, en algún momento, Max y Furiosa terminan juntos en el tráiler que lleva a las mujeres del dictador a su liberación.




La coreografía de los ataques, en autos, en motos, en tráiler, en grúas, con hombres moviéndose como moscas sobre los carros en movimiento, y saltando de unos a otros, es asombrosa. Uno no puede dejar de pensar, en algunas secuencias particularmente complejas, tanto en los acróbatas como en la particular estética del Cirque du Soleil. Pero en este caso se trataría de los artistas del Cirque du Soleil haciendo sus acrobacias entre dos tráilers que corren paralelos a 150 kilómetros por hora en el desierto. ¡Wow! Agreguemos que esta banda de primitivos psicóticos lleva su propia música en vivo para darse ánimos y para aterrorizar al enemigo: un camión con cuatro enormes tambores y sus cuatro intérpretes, más una verdadera pared de bocinas y un músico demente con su guitarra eléctrica, que además es lanzallamas... espeluznante, absurdo y magnífico.




Se supone que el personaje central es Mad Max, pero la verdad es que ha sido Imperator Furiosa quien ha conquistado el corazón cinéfilo de los críticos de cine en todas partes. Y ya se menciona que estos dos personajes estarán juntos de nuevo en la siguiente cinta de esta nueva serie. Pero no sólo ella, también han llamado mucho la atención los demás personajes femeninos de esta obra, las procreadoras y la banda de mujeres del este. En efecto, son particularmente interesantes los apuntes feministas antimachistas, antifanáticos y religiosos (y sobre la manipulación religiosa) de esta cinta, que pudo haberse conformado con la pura acción y, para nuestra fortuna, no lo hizo.

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Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road). Dirección: George Miller. Guión: George Miller, Brendan McCarthy y Nick Lathouris. Fotografía: John Seale. Música: Junkie XL. Diseño de producción: Colin Gibson. Edición: Jason Ballantine y Margaret Sixel. Vestuario: Jenny Beavan. Con: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Zoë Kravitz, Rosie Huntington-Whiteley, Riley Keough, Abbey Lee y Courtney Eaton, entre muchos otros. Países: Australia y Estados Unidos. 120 minutos. 



viernes, 20 de marzo de 2015

No confíes en nadie (2014), de Rowan Joffe





No confíes en nadie
(Before I Go to Sleep, UK, USA, Francia, Suecia, 2014)
de Rowan Joffe

Jesús Guerra

Christine (Nicole Kidman) despierta con expresión confundida, se levanta, va al baño y ve una especie de collage de fotos de ella y de un hombre, con notas en post-it que dicen cosas como «Ben, tu marido», y luego se ve en el espejo y se siente más confundida aún. Cuando sale del baño, el hombre de las fotos (de hecho, el hombre que estaba acostado a su lado cuando ella despertó) está sentado en la cama, mirándola. Christine le pregunta: «¿Quién eres?» El hombre (Colin Firth) le responde: «Soy Ben, tu marido». Ben le dice a Christine que ella ahora tiene 40 años, que sufrió un accidente hace varios años, que tiene amnesia y sus últimos recuerdos son de cuando ella tenía veintitantos. A lo largo de la cinta nos damos cuenta que Christine perdió varios años de memoria previos al accidente, además de que perdió la capacidad de guardar información nueva. Cada noche se le borran las memorias del día, y a la mañana siguiente tiene que empezar de nuevo. Así que ese «¿Quién eres?» «Soy Ben, tu marido» y todas las explicaciones subsecuentes son el inicio de cada mañana. 

Pero hay cosas que Ben no sabe. Unos momentos después de que él se va al trabajo, suena el teléfono, Christine responde, y escucha la voz de otro hombre que le dice que habla el doctor Nasch (Mark Strong), que es un psiquiatra que la ha estado tratando últimamente, y le da unas instrucciones: que vaya a su clóset y busque en un lugar específico, que encontrará una caja de zapatos en donde está una cámara, que la encienda y vea los videos ahí grabados, que forman parte de una especie de diario que ella ha estado llevando, y que en unos minutos más él pasará a recogerla a su departamento para continuar el tratamiento, del cual Ben no sabe nada y es preferible que las cosas sigan así.

Vemos varias mañanas similares, y varios días, y cada día hay una sorpresa nueva para los espectadores (además del resto de las sorpresas diarias para Christine). Hay días en que ella sospecha que algo no está bien en la relación con Ben, hay otros en que desconfía del psiquiatra. Y nosotros, lo espectadores, por momentos comprendemos muy bien las reacciones de Christine y en otros nos sorprenden. El problema real es que no tenemos manera de entenderla. ¿Cómo puede experimentarse la vida cuando al despertar nos damos cuenta que hemos envejecido 20 años con respecto a nuestros recuerdos de ayer? Es como viajar 20 años al futuro durante la noche. Todo ha cambiado pero nosotros no tenemos el registro de esos cambios. Y las personas a las que vemos, que son desconocidas para nosotros, nos dicen que tenemos una relación con ellas... ¿Cómo se puede reaccionar a eso? ¿Con desconfianza absoluta, con una confusa depresión al comprender la situación, o con miedo pero con urgencia optimista para solucionar nuestro problema? Esto lo apunto porque he leído reseñas de esta cinta en las que atacan a Nicole Kidman por su interpretación de Christine y otras en las que la alaban. El problema es que en realidad no tenemos idea de cómo reaccionaríamos nosotros en una situación así.




Nasch le dice un día a Christine que su estado se debe a que ella fue golpeada 10 años atrás y dada por muerta por su asaltante; así descubre Christine que Ben le miente, pues esa misma mañana le explicó que ella había sufrido un accidente. Ben reconoce que hay cosas que le oculta pero es para protegerla, y le explica que eso él lo vive todos los días y hay algunos en que no puede con el peso emocional de algunos temas. Otro día Christine descubre que tuvo un hijo. ¿Qué más cosas le ocultan? ¿Y qué tantas cosas puede saber en un día de lo que le ha ocurrido en dos décadas?




La tensión aumenta con cada nueva sospecha, con cada detalle que no parece encajar, con pistas que aparecen en sueños. La cinta es muy interesante y sumamente disfrutable, tanto por el argumento como por las estupendas actuaciones de un reparto de lujo. También, por lo menos en mi caso, gracias a un estilo de filmación muy clásico (en fotografía, en trabajo de cámara y de edición), sosegado y elegante, que nos permite concentrarnos en lo que sucede en pantalla sin distraernos con cómo pasa. Es, por tanto, un filme menos espectacular que la mal llamada Amnesia (Memento, 2000, Christopher Nolan), aunque es cierto que tal vez le haya faltado experiencia o habilidad al guionista-realizador, Rowan Joffe (hijo del también realizador Roland Joffé), para hacer de esta película, basada en la novela homónima de S.J. Watson, una obra mucho más intensa. 




Curiosamente, hace poco reseñé la cinta Kingsman: el servicio secreto (2014, Matthew Vaughn), en la que también aparecen Colin Firth y Mark Strong, ambos estupendos actores, los cuales sin necesariamente cambiar su aspecto son capaces de interpretar personajes muy diferentes unos de otros. Sin que se trate de una obra maestra, a mí me parece recomendable No confíes en nadie, entre otras cosas porque forma parte de un tipo de cine que cada vez es más raro en nuestra cartelera: el cine para adultos o, mejor dicho, el cine adulto. Vale la pena apuntar que entre los muchos productores ejecutivos de esta cinta se encuentra Ridley Scott.

No confíes en nadie se llama en inglés Before I Go to Bed, es decir Antes de acostarme, que es como se llama en algunos países; en otros se llama Antes de despertar. ¿Cuál título prefieres?

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No confíes en nadie (Before I Go to Bed, 2014). Dirección y guión: Rowan Joffe, basado en la novela homónima de S.J. Watson. Fotografía: Ben Davis. Edición: Melanie Oliver. Diseño de producción: Kave Quinn. Música: Edward Shearmur. Con: Nicole Kidman, Colin Firth y Mark Strong, en los papeles principales. Países: Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Suecia. 92 minutos.






domingo, 1 de marzo de 2015

Kingsman: El servicio secreto, de Matthew Vaughn





Kingsman: El servicio secreto
(Kingsman: The secret service; Inglaterra, 2014)
de Matthew Vaughn

Jesús Guerra

En una operación militar en un país del medio oriente, un inglés se sacrifica para salvarle la vida a tres de sus compañeros. Uno de ellos es Harry Hart (Colin Firth), cuyo nombre en código es Galahad (todos los agentes de la agencia supersecreta de agentes y espías Kingsman tienen nombres de caballeros de la mesa redonda, y por supuesto el líder es Arthur, interpretado aquí, aunque lamentablemente con muy poco tiempo en pantalla, por Michael Caine). Harry Hart va a ver a la viuda del héroe y le entrega una medalla que contiene un número de teléfono y le dice unas palabras que funcionan como contraseña, que ella deberá decir a quien le responda al llamar cuando necesite algún tipo de ayuda. La mujer se niega a recibir la medalla así que Harry se la entrega al hijo del héroe.




Años después, un tal profesor Arnold (Mark Hamill, sí, el Luke Skywalker de las primeras películas de Star Wars) se encuentra secuestrado por unos rufianes. Tocan a la puerta del sitio en el que se encuentran, y entra el agente Lancelot (Jack Davenport) quien luego de una serie de piruetas asesina a todos los rufianes, cuando termina alguien más toca a la puerta, Lancelot abre y una chica lo parte en dos de una patada. La chica es Gazelle (Sofia Boutella), una joven que también sabe hacer piruetas y dar patadas, pero ella tiene prótesis en los pies, de esas que sirven para correr pero en este caso están afiladas (muy afiladas). De nuevo tocan a la puerta y es el jefe de Gazelle, el multimillonario Valentine (Samuel L. Jackson), quien se apropia del tal Arnold.




En el cuartel de Kingsman (que se encuentra detrás de una muy refinada sastrería londinense), Merlín (Mark Strong), Arthur y Galahad, o sea Harry, hablan sobre la muerte de Lancelot y se ponen de acuerdo para comenzar el proceso de conseguir al sustituto del agente asesinado. (Cada agente lleva a un o una joven con aptitudes para el trabajo en cuestión. Los agentes son como los padrinos. Se realiza el entrenamiento y el mejor se queda con el puesto libre.)




Por coincidencia, en esas fechas el joven hijo del héroe que salvó años atrás la vida de Harry y otros agentes, se encuentra en apuros. Se llama Gary Unwin y le dicen Eggsy. Su madre anda con un mafioso de barrio que les hace la vida imposible a ella y a Eggsy, y éste, por las circunstancias en que vive, es un chico rebelde. Cuando termina a punto de ser encarcelado por robarse un auto de uno de los mafiosos de la banda del novio de su madre, se le ocurre llamar al número de teléfono de la medalla que le dio Harry años atrás, da la contraseña, y un rato después está libre y platicando con Harry en un pub, al cual llega el mafioso al que Eggsy le robó el auto y Harry le da una demostración a Eggsy de lo que un caballero de Kingsman es capaz de hacer cuando está molesto. Por supuesto, Eggsy es el joven recomendado por Galahad para el entrenamiento, el cual es muy oportuno ya que la agencia supersecreta va a lanzarse a la guerra contra Valentine, que resulta ser el típico genio-loco-multimillonario que está a punto de comenzar su campaña para apoderarse del mundo y deshacerse de la mitad de la población del planeta...




Kingsman: El servicio secreto está basado —sí, obviamente— en un cómic (de Mark Millar y Dave Gibbons). Un cómic que a su vez es una suerte de homenaje hipertrofiado a cintas de agentes secretos tipo James Bond (género que ya de por sí es una versión exagerada de cintas y novelas de espías). Tiene la ventaja de no tomarse en serio, así que resulta entretenida, pero no tan divertida como se supone que debería de ser. Está bien hecha. Se deja ver, pero hay que reconocer que si no fuera por la presencia de Mark Strong, Michael Caine, Samuel L. Jackson y, en este caso, sobre todo de Colin Firth, que con su sola presencia elevan el nivel de esta obra, Kingsman no llegaría a ser lo que es, que no obstante lo anterior no creo que sea realmente gran cosa.




El productor, coguionista (junto con Jane Goldman) y director de esta película, Matthew Vaughn, ha producido entre otras cintas Lock, Stock and Two Smoking Barrels y Snatch, ambas escritas y dirigidas por Guy Ritchie (ex marido de Madonna), realizador que si bien tiene altibajos enormes, es un director mucho más competente, y si lo menciono es porque Vaughn (marido de la supermodelo Claudia Schiffer) parece intentar copiar el estilo de Ritchie, su amigo (Vaughn fue el padrino de Ritchie cuando se casó con Madonna). Sin embargo, como ya apunté, la película se deja ver y es entretenida (aunque quizá sea mejor para verla por TV en una noche de insomnio). Lo que sucede es que es una de esas películas en las que la idea central y el diseño de producción son mejores que la obra terminada. Hay una escena que vale la pena subrayar, por la manera en que está realizada, y tiene que ver con una serie de coloridas explosiones de cabezas...

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Kingsman. El servicio secreto (Kingsman: The Secret Service). Dirección: Matthew Vaughn. Guión: Jane Goldman y Matthew Vaughn, basado en el cómic The Secret Service, de Mark Millar y Dave Gibbons. Música: Henry Jackman y Matthew Margeson. Fotografía: George Richmond. Diseño de producción: Paul Kirby. Con: Michael Caine, Colin Firth, Samuel L, Jackson, Mark Strong, Taron Egerton y Sofia Boutella, entre otros. 129 minutos.



viernes, 13 de febrero de 2015

Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey, EUA, 2015) de Sam Taylor-Johnson





Cincuenta sombras de Grey
(Fifty Shades of Grey, EUA, 2015)
de Sam Taylor-Johnson

Jesús Guerra

Aclaro de entrada que no he leído la novela homónima en la cual se basa la película Cincuenta sombras de Grey (lo cual no quiere decir que no lo vaya a hacer), pero sí he leído sobre ella. La primera noticia que tuve de esta obra fue que el primer tomo (o la trilogía, no recuerdo si ya habían salido los tres) había sido retirado de las bibliotecas públicas del conservador estado de Florida, en los Estados Unidos, debido a que era muy solicitado por mujeres jóvenes y no era considerada como una obra recomendable (por la autoridad respectiva). Luego de protestas y controversias, los libros regresaron a las bibliotecas públicas de dicho estado. Pero eso llamó mi atención, así que leí lo que pude sobre la obra. La novela comenzó como "fan fiction" (la literatura que escriben los fans de una obra utilizando los personajes y el universo de esa obra) de Twilight, la saga de vampiros románticos para adolescentes. Después, E.L. James, la autora, reescribió el texto ya con personajes propios y lo publicó como libro electrónico. Cuando ya se vendía de esa manera la trilogía, una editorial inglesa compró los derechos de publicación, la editó (es decir, la corrigió de manera profesional) y comenzó a venderla como libros impresos y digitales. En unas publicaciones he leído que la trilogía ha vendido 60 millones de ejemplares, en otras que ha vendido 100 millones a nivel mundial, con traducciones a medio centenar de lenguas.




Los lectores naturales de esta obra son las mujeres. Primero fueron las mujeres casadas mayores de 30 años, después las estudiantes universitarias. Se llegó a catalogar esta trilogía como «porno para mamás» y luego como «porno para mujeres». Al parecer fue fundamental, por lo menos en los inicios del fenómeno, que la obra pudiera ser leída en lectores electrónicos pues así fue una lectura «discreta».

En cuanto a la crítica de lengua inglesa, parece ser que casi todos los que se han ocupado del libro están de acuerdo en que está muy mal escrito (y eso que ya lo leyeron corregido), sin embargo, en lo que no todos están de acuerdo es en lo que significa el libro, o más bien, en lo que significa como fenómeno cultural. A estas alturas ya todo el mundo debe de saber más o menos de qué trata. Una relación sadomasoquista (bastante light, por lo menos en la película), así, ¿se trata de un libro que refuerza los valores tradicionales acerca de la dominación masculina en un mundo postfeminista, o por el contrario, el hecho de que, por fin, las mujeres reivindiquen su libertad de disfrutar del sexo (es decir, de escenas sexuales, leídas y ahora vistas en cine), de alguna manera reivindica también algunas de las viejas batallas feministas? ¿O las dos cosas al mismo tiempo? La cuestión no es sencilla.




Es hora de hablar de la versión cinematográfica. ¿De qué trata? Anastasia Steele (Dakota Johnson, hija de Melanie Griffith y Don Johnson), estudiante de letras, comparte casa con Kate (Eloise Mumford), estudiante de periodismo. Kate tiene una cita para entrevistar al joven y apuesto multimillonario Christian Grey (Jamie Dornan) para la revista de la escuela, pero Kate está enferma de gripa, así que convence a la tímida Anastasia para que vaya a realizar la entrevista. Anastasia es una muy, muy, muy típica (¿o estereotipada?) estudiante de letras, así que va bastante mal arreglada a la cita, y al entrar a las oficinas de Grey se siente intimidada por el ambiente serio y refinado del lugar, y más con el apuesto multimillonario.

Al salir de la entrevista siente que le han quitado un peso de encima pero, al mismo tiempo, siente que le ha encantado Grey, aunque sabe que no tiene ninguna posibilidad de volver a verlo. Sin embargo, Grey llega a la ferretería en donde Anastasia trabaja de medio tiempo, compra algunas cosas (masking tape y una soga, entre ellas), y Anastasia aprovecha para decirle que a Kate le gustaría tener una foto original para acompañar la entrevista, así que él le entrega una tarjeta personal para que puedan ponerse de acuerdo. Y cuando toman las fotos, Grey le pide a Anastasia que lo acompañe a tomar un café... El asunto es que cuando ya está claro que ambos están interesados en establecer algún tipo de relación, Grey le pone algunas condiciones, entre ellas firmar un contrato de consentimiento. Le pide que lo analice, le dice que algunos puntos son negociables, y que si está de acuerdo lo firme. Pero durante los días en que Anastasia lo piensa, comienzan a tener relaciones. Y las relaciones son cada vez más cercanas al tipo que le gustan a Grey.




Por lo que sé, las escenas «más fuertes» del libro fueron eliminadas de la versión fílmica, y las que vemos en la película son en realidad muy ligeras, casi dulces, casi románticas. ¿Y esto es lo que ha causado tanta controversia, tanto escándalo, tantas expectativas? Más vale que el libro las justifique, porque la cinta, la verdad, no. ¿Es simpática la película? Sí. ¿Se deja ver? Sí. Técnicamente la cinta está bien hecha, tiene unos decorados bastante buenos y una fotografía eficiente y hasta elegante (una elegancia de revistas de modas y de decoración), la música de Danny Elfman es discreta (raro en él), pues lo que llama la atención de los espectadores en el aspecto sonoro son las canciones pop que acompañan ciertas secuencias. Las actuaciones, en términos generales, son adecuadas. En cuanto al ritmo, es un tanto lenta, la verdad un tanto aburrida de la mitad al final. Y eso por varios motivos. Para empezar, el argumento, al igual que miles, quizá millones de novelas, telenovelas y películas rosas (es decir obras realizadas específicamente para mujeres) es básicamente Cenicienta. En este caso es la estudiante romántica y medianamente pobre que se enamora del príncipe-empresario guapo y millonario. Este aspecto (y no el de la relación mujer sumisa-hombre dominante) es el que sí es absolutamente antifeminista. (¿Pero qué les pasó a las feministas, que perdieron la guerra de esa manera?) Visualmente también es antifeminista: mientras que a Anastasia se le ve desnuda varias veces, a Christian sólo se le ven, muy brevemente, las nalgas por unos cuantos segundos. Claro, quizá para evitar problemas con los sistemas de censura cinematográfica, perdón, los sistemas de clasificación cinematográfica de los Estados Unidos y de Inglaterra… ¿O sea que las mujeres no estaban dispuestas a presentar las batallas necesarias para poder ver lo que quisieran en las pantallas cinematográficas del mundo? Obviamente prefirieron no hacerlo.

Y es que estamos ante una película casi enteramente femenina: la novela (de E.L. James), la dirección (de Sam Taylor-Johnson) y el guión (de Kelly Marcel) son de mujeres. Curiosamente las tres son inglesas (de hecho la tres nacieron en Londres), pero la historia está ubicada en los Estados Unidos y la producción es estadounidense... Las tres trabajaron en una fantasía sexual femenina en la que el hombre sólo muestra, las más de las veces, su torso desnudo, mientras platica con Anastasia o mientras tienen relaciones o mientras él toca lánguidas piezas clásicas al piano...




Entiendo que tanto en la novela como en la película el personaje central, Anastasia, sea una chica sólo guapa, más o menos del montón, porque la idea es que todas las lectoras y las espectadoras de la cinta puedan identificarse con ella. Entiendo que el galán (es decir, el objeto del deseo) sea más guapo que el promedio y además multimillonario, porque así pueden vivir, a través de estas obras, su fantasía de Cenicienta... ¿pero ninguna de las tres inglesas responsables de esta obra se puso a pensar que un tipo muy guapo y multimillonario puede tener a cualquier o casi cualquier mujer del planeta (más bella, más inteligente, más sensual, más cualquier-cosa-que-se-les-ocurra-poner-aquí, y que además haga lo que él quiera)? ¿Por qué Grey se iba a enamorar de Anastasia? Además, él dice varias veces que él no es del tipo romántico. ¿Por qué esa fantasía-terquedad femenina de «redimir» al pervertido fetichista a través del amor?

Por supuesto que esta obra no tiene nada de subversiva, claro que tampoco tiene la obligación de serlo. Es sólo una obra erótica (aunque se supone que el verdadero erotismo es por naturaleza subversivo), pero tampoco es precisamente una cinta «deliciosamente excitante». Sólo tiene algunas escenas de erotismo ultraligero (aunque al parecer en el libro hay algunas más fuertes) que hacen sentir a las espectadoras (y a las lectoras) muy modernas, liberadas y aventureras, pero en realidad es la misma perspectiva de lo femenino de siempre. No ha cambiado nada, o casi nada: ahora las mujeres ya van al cine en grupo a ver una película erótica hecha para ellas, mientras que antes consideraban al cine erótico como sólo para hombres. Eso ya es algo. Por lo demás, ya era hora. Pero la historia es la misma, aunque más aburrida. Sin embargo, claro, se puede ver. Lo que de plano no entiendo, en el caso de que se adapten al cine los siguientes dos tomos es ¿qué más puede seguir? ¿Va a seguir esta lucha entre el amor y el erotismo por otras cuatro horas? Más que una promesa es una amenaza.

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Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey, 2015). Dirección: Sam Taylor-Johnson. Guión: Kelly Marcel (basado en la novela homónima de E.L. James). Fotografía: Seamus McGarvey. Música: Danny Elfman. Diseño de producción: David Wasco. Con: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Eloise Mumford y Marcia Gay Harde, entre otros. País: EUA. 125 minutos.





domingo, 8 de febrero de 2015

En el bosque (Into the Woods, 2014) de Rob Marshall





En el bosque
(Into the Woods, Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, 2014)
de Rob Marshall

Jesús Guerra

La cinta En el bosque está basada en la comedia musical homónima de Stephen Sondheim y James Lapine estrenada en 1987 en Broadway, la cual se ha reestrenado varias veces en escenarios de Nueva York (de hecho también existen varias versiones cinematográficas que son relativamente desconocidas debido a que fueron producciones de bajo presupuesto). Curiosamente Hollywood ya había intentado levantar varias veces este proyecto, con grandes nombres, pero por misterios de la Meca del Cine no ha sido sino hasta ahora que Rob Marshall logró realizar la adaptación fílmica, gracias a que el proyecto le interesó a los estudios Disney. Sin embargo, la intervención de Disney, según he leído, si bien hizo posible llevar a cabo el proyecto también hizo que la cinta cambiara un tanto el tono de algunos pasajes (la obra tiene un humor negro más negro y sus connotaciones sexuales son más evidentes) y que eliminara la muerte de algunos personajes. Así que para quienes no vimos la obra en los escenarios, esta cinta es lo que hay, y es más que suficiente ya que en términos generales está bastante bien.




El argumento mezcla personajes de muchos cuentos de hadas tradicionales, como Caperucita Roja, Rapunzel, Cenicienta, el Lobo, la Bruja, Jack el de los frijoles mágicos, no uno sino dos príncipes azules, unos gigantes, y personajes genéricos como un panadero y su esposa. (La obra musical, debido a esta mezcla de cuentos, se menciona como una de las fuentes de inspiración de la famosísima Shreck.) Todos los personajes tienen problemas al inicio de la historia, por lo tanto todos tienen deseos específicos (exactamente igual que los espectadores). La madre de Jack (Tracey Ullman) quiere que su hijo venda la vaca que tienen porque ya no da leche y no tienen dinero; Jack (Daniel Huttlestone) quisiera conservar su vaca... Caperucita (Lilla Crawford) quiere que su abuela enferma se cure, y quisiera tener dinero para poder comprar todos los panes que se roba de la panadería (aunque en realidad la panadera termina regalándoselos)... El panadero (James Corden) y su esposa (Emily Blunt) quisieran poder tener un hijo, pues aunque lo intentan, algo no funciona... Rapunzel (Makenzie Mauzy) quisiera poder salir de la torre en la que su madre la tiene encerrada para protegerla de los males del mundo, y poder tener una relación normal con su príncipe (Billy Magnusen)... Cenicienta (Anna Kendrick) quisiera poder asistir al baile del otro príncipe (Chris Pine), al que asistirán su madrastra (Christine Baranzki) y sus dos hermanastras (Tammy Blanchard y Lucy Punch)... y la bruja (Meryl Streep), porque la bruja también tiene sus deseos, ella quisiera no ser vieja ni fea... Y en un estupendo número musical, cada uno de estos personaje expresa sus deseos inmediatos. Sin embargo, hay que recordar la frase promocional de esta película, pues ahí está el punto central de esta historia: «Ten cuidado con lo que deseas».




La bruja es quien echa a andar la maquinaria dramática: llega a la panadería y le explica al panadero y a su mujer que si no han podido tener hijos se debe a la maldición que ella lanzó sobre el padre del panadero debido a que éste le robo sus verduras en una ocasión, y entre los vegetales iban sus frijoles mágicos (y de pasada les cuenta que se quedó con la hermanita del panadero). Luego les hace una propuesta: si quieren que ella levante esa maldición ellos deberán de conseguir para ella, en un máximo de tres noches (pues a la tercera se verá una luna azul que sólo se ve cada 100 años y ése es el momento propicio para el encantamiento, o en este caso el desencantamiento) una capa tan roja como la sangre, una zapatilla tan dorada como el oro, una vaca tan blanca como la leche y una cabellera tan rubia como el maíz. La bruja les dice que todo eso lo conseguirán en el bosque.




Al mismo tiempo, Caperucita se prepara para entrar al bosque para llegar a la casa de su abuela enferma y llevarle los panes que casi le robó a los panaderos; y la madrastra de Cenicienta con sus hijas se prepara para entrar al bosque para ir al palacio del príncipe; y la propia Cenicienta, luego de que el fantasma de su madre sobrenaturalmente le regala un vestido espectacular, se prepara para ir (en esta versión: a pie) al baile del príncipe, etc. El asunto es que todos los personajes centrales están en el bosque más o menos al mismo tiempo, y los cruces entre los deseos de unos y los de otros van enredando las cosas. Particularmente interesante es el encuentro entre Caperucita y el Lobo (maravillosamente interpretado por Johnny Depp).

La música es espectacular, sin duda, pero, en mi muy particular opinión, está algo envejecida, muy encasillada en ese género de la obra musical de Broadway, muy específica, y muy alejada de lo que sucede en otras áreas de la música del planeta en nuestros días. No se trata de que no me guste, que quede claro, sólo que me parece ya desfasada. Las letras de las canciones son estupendas, llenas de juegos de palabras, dobles sentidos, y evidentemente tienen un muy alto grado de dificultad para los cantantes. Curiosamente tratándose de una comedia musical, en esta cinta no hay danza. Los personajes actúan y cantan pero no bailan, aun así, por supuesto, hay una cierta coreografía, que es el fuerte del realizador, Rob Marshall, pues él comenzó como coreógrafo (como director ha hecho Annie (1999, para TV), Chicago (2002), Memorias de una geisha (2005), Nine (2009), Piratas del Caribe 4 (On Stranger Tides, 2011) y la que ahora comentamos. Puede dirigir lo que sea, quizá, pero su fuerte o su corazón, como podemos ver en su no muy extensa filmografía, está en los musicales.




En gustos se rompen géneros, eso está claro, pero la crítica más generalizada que se le ha hecho a En el bosque, con la que estoy de acuerdo, es en que hay un momento (la parte en la que entra a escena el ama de casa gigante) en el que el ritmo de la película se rompe y se vuelve lento. Esto quizá no sea culpa directa del realizador, aunque en teoría él tendría que haber encontrado la solución a este problema originado por el guión, a su vez originado por la obra musical: y es que la historia parece llegar a su legítimo final (legítimo quizá por la fuerza de la tradición), cuando irrumpe la gigante. Así que todos perdemos el ritmo, el director, los actores, incluso la música (es la parte de la cinta con menos canciones) y por supuesto nosotros los espectadores. A partir de aquí el film parece arrastrarse, aunque es aquí en donde se encuentra uno de los números musicales más impresionantes de la película: la despedida de la bruja, que es verdaderamente estupendo.




Si bien todos los actores interpretan sus papeles y cantan sus canciones más que adecuadamente, quienes sobresalen son Meryl Streep y Emily Blunt. La música, a pesar de lo expresado anteriormente, es muy buena, y visualmente la película es muy bella. Es evidente que para los fans de los musicales es obligado ver esta cinta; para los demás espectadores me parece que deberían de ir aunque sólo fuera por curiosidad; para hacer la prueba. Muchos se van a sorprender.

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En el bosque (Into the Woods, 2014). Dirección: Rob Marshall. Guión: James Lapine (basado en el musical de Stephen Sondheim y James Lapin). Diseño de producción: Dennis Gassner. Fotografía: Dion Beebe. Música: Stephen Sondheim. Con: Meryl Streep, Emily Blunt, Anna Kendrick, Daniel Huttlestone, James Cordon, Lilla Crawford, Johnny Depp, Chris Pine, Mackenzie Mauzy y Billy Magnussen, entre otros. Países: Estados Unidos, Inglaterra y Canadá. 125 minutos.